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Opinión
OPINIÓN

Nadia Murad

es experto en política internacional y Oriente Medio

Manuel Martorell.

Manuel Martorell.

DN
11/10/2016 a las 06:00
  • MANUEL MARTORELL
Nadia Murad es una de las más de 3.000 mujeres yezidíes que fueron convertidas en esclavas sexuales hace dos años por el Estado Islámico, cuando el grupo integrista se lanzó contra la región de Sinyar, al norte de Irak, para exterminar esta religión no musulmana heredera del antiguo mazdeísmo zoroastriano. Nadia, su familia y el resto de los habitantes de Kocho -unos 1.700- fueron sorprendidos el 3 de agosto de 2014 por yihadistas armados que ocuparon este pueblo próximo a la ciudad que da nombre a esta zona situada entre Mosul y la frontera siria. Primero concentraron a todos los vecinos en las escuelas; después se llevaron a los varones, incluidos nueve de sus doce hermanos, los niños y las mujeres mayores de 50 años, entre ellas su madre. Desde la misma escuela pudieron ver cómo masacraban a más de 300 hombres. Seis hermanos murieron en ese momento; los otros tres quedaron heridos y, después, pudieron escapar. Al parecer, los niños fueron conducidos a campos de entrenamiento. Finalmente, las mujeres fueron divididas en dos grandes grupos y trasladadas a Mosul; en el suyo, según ha relatado, había unas 150 niñas. Escenas semejantes se vivieron en todo Sinyar, donde, hasta agosto de 2014, vivían, aproximadamente, medio millón de seguidores de esta fe no reconocida como tal por el Corán.

En Mosul las juntaron con otras muchas mujeres apresadas en otras localidades. Allí, periódicamente, distintos milicianos entraban en la sala, elegían una joven, se la llevaban para violarla y luego la devolvían donde la habían cogido. Días más tarde las fueron distribuyendo en grupos por las ciudades del Califato para su venta en el mercado, de acuerdo con tarifas previamente establecidas. Así, las niñas menores de nueve años eran las más caras y las más baratas las mujeres comprendidas entre los 40 y los 50. También el Estado Islámico ha establecido que los combatientes extranjeros no pueden adquirir más de tres esclavas y que, en el caso de muerte del “propietario”, la mujer comprada forma parte de la herencia, igual que cualquier otro mueble o inmueble. De acuerdo con su interpretación del Corán, la sura Anfal, dedicada al expolio en la guerra contra el infiel, en este caso contra los yezidis, permite la conversión de las mujeres en “sabaya”, es decir, en botín de guerra para disfrute de los victoriosos combatientes del islam. Todavía no existe un cálculo exacto de los yezidis asesinados, barajándose cifras que van de los 2.000 a los 5.000. Solo en la región de Sinyar se han contabilizado 35 fosas comunes, siete de ellas en el pueblo de Nadia.

Después de dos años, se conocen muchos detalles de lo ocurrido porque algunas mujeres, como Nadia, consiguieron escapar; otras han sido liberadas en las operaciones militares contra el Estado Islámico y decenas han sido “compradas”, a través de intermediarios, para después devolverlas a sus familias. Igualmente se han encontrado grabaciones en teléfonos móviles de yihadistas muertos con escenas y fotografías de la compraventa. Por este motivo, por ejemplo, se sabe que la venta de las mujeres yezidis no se ha limitado a los territorios bajo control del Estado Islámico sino que también se han ofrecido, a precios superiores, a mercaderes de Arabia Saudí, como se ha podido comprobar en un móvil encontrado a un miliciano muerto en Sharqat, ciudad situada al sur de Mosul y recientemente reconquistada por el Ejército iraquí.

En la mayor parte de los casos, las mujeres, tras ser violadas, son revendidas a otros hombres que, a su vez, repiten la operación. Nadia Murad explica que tuvo una docena de “propietarios” y que todos la violaron y la trataron con la misma brutalidad. En una ocasión intentó escapar y, como castigo, fue violada colectivamente por todos sus carceleros. Finalmente, con la ayuda de una familia árabe opuesta al Estado Islámico, consiguió fugarse aprovechando que tenía que cambiarse de ropa en un cuarto para una nueva transacción.

La diferencia entre Nadia y las demás mujeres yezidis estriba en que ha roto el silencio y el anonimato que mantienen quienes han sufrido tal horror, dando cara y nombre a una de las mayores agresiones contra los derechos de la mujer en toda la historia. Actualmente, Nadia se ha convertido en la bandera internacional de la causa yezidi, está recorriendo los principales países occidentales, ha intervenido ante el Consejo de Seguridad de la ONU, que le ha nombrado “embajadora de buenos oficios”, la abogada Amal Clooney, mujer del actor George Clooney, defenderá su causa contra el Estado Islámico en el Tribunal de La Haya, ha sido nominada para los premios Sajarov, Nobel de la Paz y acaba de recibir el Vaclav Havel de Derechos Humanos en reconocimiento de un valor que debiera contar con un apoyo general no limitado a los grandes organismos internacionales.

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