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Opinión
OPINIÓN

La amenaza kurda

Manuel Martorell.

Manuel Martorell.

23/08/2016 a las 06:00
  • MANUEL MARTORELL
No cabe duda de que la nueva masacre del Estado Islámico contra una boda kurda en Turquía tiene una relación directa con la pérdida de la ciudad de Manbij, un enclave vital para la llegada de yihadistas extranjeros. Su ocupación por los kurdos sirios, a su vez respaldados por los de Turquía, ha sido un durísimo golpe para los islamistas. Esta sería la forma de vengarse por la nueva e importante derrota, que tampoco habría sido posible sin el apoyo aéreo internacional y a la participación, incluso sobre el terreno, de unidades especiales norteamericanas, francesas y alemanas.

Se trata de una situación que se viene gestando desde hace dos años y que parece haberse consolidado. Las organizaciones kurdas han demostrado con creces su gran capacidad de organización, disciplina y, en definitiva, su eficacia para hacer frente a los yihadistas, lo que les ha permitido granjearse el apoyo internacional, además de ocupar grandes extensiones de terreno y de alcanzar una fuerza que Turquía, Irán, Siria e Irak, los cuatro países que dividen a los casi cuarenta millones de kurdos de Oriente Medio, ven como una seria amenaza interna. En Irak, por ejemplo, se han hecho prácticamente con todos los territorios que desde hace décadas y de forma infructuosa reclamaban al Gobierno de Bagdad; en Irán, el histórico Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI), la primera organización que se levantó contra el régimen integrista de Jomeini, ha vuelto a coger las armas tras dos décadas de inactividad, mientras Ankara hace frente desde hace un año a una amplia insurrección que es incapaz de controlar pese a utilizar todos los medios a su alcance, incluidas las políticas de limpieza étnica. Finalmente, en Siria, tras la toma de Manbij, las fuerzas kurdas están a punto de unificar todas las regiones que habitan y, por lo tanto, de crear su ansiada región autónoma precisamente a lo largo de la frontera con Turquía. El Gobierno de Tayip Erdogán ha dicho por activa y por pasiva que jamás aceptará al otro lado de la frontera semejante autonomía aunque, para su desesperación, tal proyecto, que los kurdos quieren extender no solo al resto del Siria sino al conjunto de Oriente Medio, cada vez tiene más aceptación entre los aliados de Turquía dentro de la OTAN.

Esta es, en última instancia, la explicación del radical giro que Ankara ha dado a su política exterior, buscando la reconciliación con Moscú e impulsando acuerdos sobre Siria con Rusia e Irán a espaldas de la Alianza Atlántica. Como es sabido, Rusia e Irán son los principales valedores del régimen de Bachar al Asad y, hasta ahora, Turquía lideraba la postura más intransigente contra el Gobierno de Damasco, negándose a cualquier solución al conflicto si antes Al Asad no abandonaba el poder. En estos momentos, no solo acepta la continuidad de Bachar durante un periodo transitorio sino que ha guardado un cómplice silencio ante los nuevos y devastadores bombardeos rusos sobre la ciudad de Alepo, cuando solo hace unas semanas clamaba al cielo por hechos similares.

Como han reconocido varios dirigentes turcos, este giro en la política exterior de Turquía se debe a las cada vez mayores diferencias con sus tradicionales aliados atlantistas sobre cómo reconducir el dramático conflicto sirio y sobre las organizaciones que deben apoyar. Si EEUU y los europeos ratifican la opción kurda ante el prioritario objetivo de acabar con los grupos yihadistas, Ankara sigue dando apoyo al antiguo Frente Al Nusra, ahora rebautizado como Frente de la Victoria de Siria, al también salafista Ahrar al Sham y continúa pensando que la mejor solución para el futuro de Siria es un país férreamente unitario, idea en la que coincide con Damasco, Bagdad y Teherán.

Si ya resulta sorprendente que el principal representante de la OTAN en Oriente Medio esté negociando la estrategia a seguir de espaldas a sus aliados, plantear como se está insinuando que los aviones rusos utilicen las bases turcas, en principio integrantes del sistema defensivo de la Alianza, tiene que causar verdadera perplejidad dentro de la OTAN.

Los combates en la importante ciudad de Hasaka, al nordeste del país, son, como el atentado contra la boda de Gaziantep, otro claro exponente de la situación creada por esta nueva alianza estratégica. El Ejército sirio, apoyado por milicias iraníes, ataca a las Unidades de Defensa Popular kurdas (YPG) acusándoles, igual que lo hace la retórica turca, de ser el brazo sirio de los terroristas del PKK. Todo indica que se trata de una concesión a Turquía; nunca antes había utilizado tal terminología. Y también, en otro hecho sin precedentes, cazas de combate norteamericanos han sobrevolado territorio sirio en clara advertencia a la aviación de Damasco de que, pese a tener respaldo ruso, no puede bombardear a sus aliados.

Manuel Martorell es experto en política internacional y Oriente Medio
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