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Buscando el 'clic' deses- peradamente

José Murugarren

José Murugarren

23/08/2016 a las 06:00
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Cuentes lo que cuentes lo que cuentan son los ‘clics’. ‘Clicar’ marcando ‘me gusta’ o ‘me disgusta’ o compartir se ha convertido en la medida que calibra el impacto de una información en algunos de los nuevos medios que se mueven en internet y en las redes sociales y ese es el motor que impulsa hoy muchas ‘noticias ‘, una de ellas el tratamiento informativo que han dado algunos medios a la agresión sexual sufrida por una joven la noche del 7 de julio en Pamplona. La semana pasada hubo digitales que decidieron difundir con apariencia de noticia algo que no lo es . Un relato que reproducía con lenguaje grosero la satisfacción de los agresores. Que los cinco detenidos y encarcelados protagonizaron el acto de meter a una chica de 18 años en un portal y forzaron las relaciones sexuales era algo conocido y publicado. Precisamente por eso el juez les ha procesado, encarcelado y acusado de cinco delitos de agresión sexual como expresó sin atisbo de duda en su auto del 8 de agosto en el que justificaba la medida por “unos hechos de extrema gravedad, ejecutados en grupo y de manera reiterada ”.

¿Y proteger a la víctima?

Quienes han decidido romper el principio de protección del débil han decidido de alguna manera romper una red tejida durante años en la forma de tratar los delitos sexuales en los medios de comunicación para amparar a las víctimas de uno de los ataques más repugnantes; la agresión sexual. Ese paraguas es importante. Ha venido contribuyendo a que los periódicos eligieran siempre para el lector la información imprescindible y a desechar los detalles escabrosos de un hecho repugnante basado en la imposición violenta de otra persona. Esa selección de datos sin detalles no trataba de hurtar información al lector. Nunca. Era consecuencia del conocimiento, del análisis minucioso y de una decisión informativa que persigue acreditar los hechos y proteger a las víctimas de la agresión sexual al mismo tiempo .¿Hace falta saber más cuando se trata de una violación? ¿Por qué hay que reproducir las palabras gruesas y ofensivas para la víctima de quienes el juez considera presuntos responsables? Esa precisamente era la única notoriedad de la información difundida por algún digital que cosechó sin embargo, la redifusión producida en redes sociales y en muchos medios de comunicación tradicionales de todo el país. ¿Por qué razón algunos medios considerados informativamente solventes se sumaron a esta escalada? Probablemente cada medio que lo hizo tiene las suyas. Vivimos incertidumbres en muchos terrenos y también en el periodístico. Hoy conviven un periodismo tradicional y una revolución digital que está desequilibrando valores consolidados como la labor concienzuda, la relevancia de los datos o la protección de las víctimas y además las redacciones son más pequeñas. El modelo de negocio de pago tradicional que exigía gastar un dinero en comprar el periódico cohabita con la fórmula de “gratis total” de internet que predica la urgencia y se nutre económicamente de la publicidad que logre. Y ahí está quizás otra de las claves de la necesidad de ‘clics’. Hay medios que se echan en brazos de una carrera loca por captar con titulares exagerados la atención de los lectores y lograr así que ‘cliquen’, porque el número de ‘clics’ será el resguardo que presentarán a las marcas comerciales para argumentar que sus contenidos son muy seguidos y valorados y pelear entonces por arrancar unos euros de publicidad.

Tiempos de incertidumbre

La situación de incertidumbre, de confusión, de río revuelto induce además a muchos editores a sumarse al disparate temerosos de la huida de lectores y de publicidad y a reproducir y aún sobredimensionar estos excesos que poco o nada tienen que ver con lo informativo. Existe miedo en muchas empresas clásicas del sector porque el nuevo tiempo que se avecina trae amenazas y entre ellas no es menor que cuando el lector mira su teléfono móvil o su ‘tablet’ descubre con idéntico nivel de relevancia y con un icono de similar tamaño las informaciones o las alertas que le llegan de periódicos considerados solventes, menos serios y de otros que prácticamente son de risa. Para algunos lectores, afortunadamente sólo para algunos, todo vale lo mismo. Una violación siempre será una agresión, un delito en el que una o varias personas como en este caso, someten a otra persona. Me sirve el relato del juez y por él sé que los procesados se animaban y jaleaban entre sí “esperando y reclamando turno”. Lo dice en su auto. Es suficiente vejación la que apunta el magistrado y denucia la agredida. No me interesa ver en ningún medio el relato pornográfico que hacen los presuntos agresores sencillamente porque sólo añade morbo. La joven es una víctima humillada que merece respeto, reclama protección y el amparo de todos, también de los medios de comunicación.
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