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Opinión
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Industria 4.0: ¿cuarta revolución industrial?

Javier Suescun Abril es decano del Colegio de Ingeniería Informática de Navarra

Industria 4.0: ¿cuarta revolución industrial?
Javier Suescun.
DN
  • JAVIER SUESCUN
Actualizada 16/07/2018 a las 23:42

Últimamente hay un término que se repite una y otra vez en cada ponencia o foro que tenga relación con el mundo empresarial: Industria 4.0. Ese término brilla con luz propia eclipsando a otro de los términos de moda: “Cloud”. Ambos son lo que en el mundo del marketing se conoce como hypes, es decir, la exageración de un concepto sin importar ni conocer lo que hay detrás, con el objetivo de crear una imagen y necesidad en los individuos. Tenemos ejemplos recientes: Industria 4.0, Big Data, Cloud, IoT... y podemos dar buena cuenta de este fenómeno en el famoso “ciclo hype” de Gartner.

El término Industria 4.0 lo acuñó el Gobierno alemán dentro de su “programa de digitalización”. Podía haber sido cualquier otro: industria inteligente, avanzada, conectada… Sin embargo, al añadir el cuatro, hay algo en él que está pervirtiendo fundamentos de nuestra historia contemporánea, como es el hecho de asociar “Industria 4.0” con “cuarta revolución industrial”.

En términos históricos, una revolución industrial comporta una sucesión de acontecimientos trascendentales para la humanidad que afectan no solamente a la producción y consumo, sino también al modelo energético y el orden económico y social. Resulta comúnmente aceptada la existencia de dos revoluciones industriales de las que se han derivado fenómenos tan significativos como el éxodo urbano, el proletariado, el capitalismo, la máquina de vapor, el automóvil... Existe también una visión introducida en 2006 por Jeremy Rifkin sobre una tercera revolución industrial, sustentada en el uso de Internet, las energías renovables y la economía colaborativa por poner algún ejemplo. La suma de estos conceptos sí comporta cambios extraordinarios para la humanidad que derivan en un nuevo orden económico, político y social. Debatiremos por tanto si estamos inmersos o no en la tercera revolución industrial, pero ¿hablar de una cuarta? ¿Qué aporta la Industria 4.0 a la propuesta de Rifkin? La respuesta es evidente: Nada. El propio Rifkin publicó un ensayo sobre el error de utilizar el término en el Foro de Davos.

Analicemos el concepto “Cloud” (nube). Simplificando, ese concepto designa los servicios publicados en Internet accesibles desde cualquier lugar, sin estar atado a un dispositivo ni a una ubicación determinada (el ordenador de la oficina). Pongamos por ejemplo el correo electrónico. Tradicionalmente hemos usado un programa configurado en el ordenador para su consulta, pero surgió la necesidad de acceder desde cualquier lugar y apareció el webmail (acceso mediante un navegador al correo electrónico). El webmail es en esencia un servicio Cloud de correo electrónico. Pues bien, el primer webmail de la historia data de principios de los noventa, es decir esta “novedosa tecnología Cloud” tiene 25 años. Entonces, ¿qué es lo que ha cambiado? Como he dicho antes el término es un hype, una necesidad exagerada en los individuos de que absolutamente todo sea “Cloud”, todo esté accesible desde cualquier lugar y cualquier dispositivo sin importar realmente el uso que se haga del servicio. ¿Tiene esto sentido? En algunos casos sí, en otros resulta una aberración.

De modo análogo y de nuevo simplificando, la Industria 4.0 supone la puesta en valor de tecnologías que poco tienen de novedosas, para intercomunicar los sistemas de plantas industriales y hacerlos accesibles desde otras ubicaciones y otros dispositivos, aprovechando además la ingente cantidad de información que generan. ¿Tiene esto sentido? En algunos casos sí, en otros resultará una aberración que pondrá en riesgo sistemas productivos y que afectará a la integridad de las personas.

Lo que resulta de vital importancia es que el desarrollo de la Industria 4.0 supondrá tremendas ventajas competitivas donde sea aplicable, y que para poder pilotar adecuadamente estas iniciativas, se deberán incorporar necesariamente las capacidades del cuerpo profesional más relevante en toda esta revolución: la Ingeniería Informática. Lo realmente llamativo es que las empresas que confían en la Ingeniería Informática, hace tiempo que ya han implementado con éxito estas soluciones, y otras de las que todavía no se habla. La estrategia del Gobierno alemán se basa precisamente en extender el éxito de la modernización tecnológica donde ya se ha producido, a todo el tejido industrial, y separando el grano de la paja, este es el enfoque relevante del asunto.

Recientemente presencié la ponencia del máximo directivo de una multinacional, donde hablando de Industria 4.0 enfrentaba el mundo industrial con el de la Ingeniería Informática, como si de enemigos se trataran. Esto es un grave error y lamentablemente es una tónica general, evidenciada en el trato discriminatorio que desde diversas instituciones se le da la Ingeniería Informática en el reconocimiento de su cualificación profesional. En este sentido, desde los Colegios Profesionales de Ingeniería Informática seguiremos defendiendo los intereses generales de la sociedad, desde la relevancia que esta profesión tiene para el futuro de todos nosotros.
 


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