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Tú eres empresario de Primera

Impulsor de Empresa Agroalimentaria de Fresh Mentoring

José María Garrido, impulsor de Desarrollo de la Empresa Agroalimentaria de Garrido Fresh Mentoring

José María Garrido, impulsor de Desarrollo de la Empresa Agroalimentaria de Garrido Fresh Mentoring

Actualizada 26/05/2016 a las 20:53
  • JOSÉ MARÍA GARRIDO
Hace unos días tuve una conversación con un empresario agroalimentario. Se trata del propietario de una empresa familiar de tamaño mediano, con 50 trabajadores y 5 millones de facturación. Es una de las empresas de conservas vegetales que tanta importancia han tenido y siguen teniendo en articular el tejido económico y social de la Ribera de Navarra. Hubo un tiempo en el que casi cada pueblo tenía alguna de ellas y, en ocasiones, incluso varias. Pueblos de entre 2.000 y 5.000 habitantes, en los que este tipo de industrias han generado trabajo y riqueza durante décadas, y que hoy en día aportan un valor insustituible al PIB regional y nacional.

La conversación fue abierta y franca. En un momento determinado, mi interlocutor dijo una frase que me llamó mucho la atención: “Aprendo de hablar de vez en cuando con los de Primera División. Yo no soy ni de Segunda: soy de Regional”.

Pero, ¿existen empresarios de Primera y de Segunda? Y si los hay, ¿cuál es el criterio para etiquetar a unos y a otros en las distintas categorías?

En España hay unas 29.200 industrias alimentarias. El 96,22% de ellas tienen menos de 50 empleados; me pregunto si esos 28.000 empresarios se consideran también de Segunda, y si los de Primera son los dirigentes de las 60 empresas con más de 500 empleados… Me resisto a pensar que un sector que ha realizado exportaciones por valor de 38.000 millones de € en 2015 está conformado mayoritariamente por empresarios de Segunda.

Un empresario es una persona que reúne una serie de características muy claras. Por un lado, debe poseer capacidad innovadora, o conocimientos capaces de marcar una diferencia competitiva en la forma de producir bienes o servicios. Además, debe tener iniciativa emprendedora, o decisión de crear/mantener la empresa, y el coraje, la fuerza y el compromiso personal para llevarla adelante. Sin duda, debe ser capaz y tener autoridad para gestionarla, esto es, para tomar decisiones y controlarla. Y, finalmente, no le puede faltar el arrojo de jugarse su dinero, el de su familia y/o el de sus socios.

Las cuatro características son inherentes a la figura del empresario pero, de todas ellas, la iniciativa emprendedora (coraje, fuerza y compromiso para llevar adelante el proyecto empresarial) es el aspecto más auténtico. La aportación más genuina del verdadero empresario se sitúa en el ámbito de la voluntad, del dinamismo y la determinación. Entronca no tanto con la lógica racional, sino con aspectos más profundos y más íntimos de la persona, es decir, con su plano emocional (que debe ir, por supuesto, acompañado de lo racional en lo económico).

Empresario se nace, es algo que se lleva en los genes. Sin duda existen dirigentes empresariales que concuerdan con la imagen estereotipada del empresario, ligada a una persona fría y calculadora, instalada en la racionalidad financiera para conseguir el máximo beneficio en el menor tiempo posible. Y la verdad es que las escuelas de negocio fomentan esta idea: sólo basta con mirar sus planes de estudio. Por eso se puede aprender a ser gestor profesional, pero nunca a ser empresario, porque eso no se aprende: se es.

Sin embargo, es cierto que muchas de nuestras empresas agroalimentarias, aun teniendo oportunidades reales de crecimiento, con clientes y mercados satisfechos que les piden más, tienen auténticos problemas a la hora de afrontar este reto. A partir de un determinado tamaño, la empresa alcanza unas dimensiones que desbordan las posibilidades del empresario en términos de tiempo (“todo lo tengo que hacer yo”) y conocimientos, y éste debe aprender a delegar y ser complementado por otras personas capaces de gestionar la actividad operativa, entender el entorno específico de cada actividad y responder a los nuevos desafíos.

Si pretenden crecer y competir, además del equipo de confianza, el empresario necesita implantar herramientas que faciliten la gestión: Plan Estratégico, Cuadro de Mando, Control de Procesos, Gestión de Proyectos, etc.

En el sector agroalimentario, en muchísimas ocasiones el empresario no aborda esta transformación (por no saber cómo hacerlo, por no poder, o por no querer), lo que lastra de forma orgánica las opciones reales de desarrollo de la empresa. Es decir, aunque tengan opciones y posibilidades en el mercado, la empresa no crece por falta de recursos internos: equipo humano, y herramientas de gestión. Es aquí donde, de nuevo, el coraje y la decisión del empresario para acometer la transformación necesaria se manifiesta como una característica clave.
Ser empresario de Primera no está relacionado con gestionar una organización más o menos grande, con más o menos facturación/empleados, o con gastar mayor o menor presupuesto en marketing/publicidad. Un auténtico empresario es quien pone toda la carne de su personalidad más profunda en el asador de la empresa, que es el reflejo de su actitud ante la vida, de sus ambiciones, y de sus debilidades, temores e incertidumbres.

Otra cosa distinta es que necesite ayuda y apoyo para sacar, de manera optimizada, todo lo que tiene dentro, obtener el máximo de su organización, y disponer de equipo y herramientas que le permitan abordar el futuro con una gestión tranquila y una mejor calidad de vida.

Por eso, querido amigo: tú eres empresario de Primera.


José María Garrido es impulsor de Desarrollo de la Empresa Agroalimentaria en Garrido Fresh Mentoring.
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