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Entrevista
Calderería

Industrias Barga, desde Lakuntza a India y Brasil

“Nuestra internacionalización ha sido a requerimiento de nuestros clientes porque ellos estaban ya allí. Hay que ir donde está el trabajo", asegura Juanjo Burillo, gerente de esta empresa familiar

foto de Juanjo Burillo, gerente de Industrias Barga

Juanjo Burillo, gerente de Industrias Barga

E.S.
Actualizada 03/11/2016 a las 20:37

El 1 de abril de 1959, el Ayuntamiento de Lakuntza dio permiso a José Burillo Múgica para instalar un taller dedicado a la fabricación de herraduras y cubos, “junto a las Eras de Abajo”, y engancharse a la línea eléctrica general del pueblo, pero con la condición de que "en la época de trilla tendrá que trabajar en las horas que le señale la Corporación”. Este fue el origen de Industrias Barga, nombre que se formó con las iniciales de los apellidos de los cinco socios fundadores Burillo, Andueza, Razquin, Garciandía y otro Andueza. Posteriormente, tras una época difícil quedaron solo dos socios y, en la actualidad, la empresa pertenece a la familia Burillo, once de cuyos miembros trabajan en ella.

 

Dedicada a la calderería media y ligera, Industrias Barga está especializada en la fabricación de componentes para aerogeneradores, para camiones hormigonera y recipientes a presión, y también realiza trabajos de soldadura para el sector de la automoción, tanto robotizada y automatizada como manual. Entre sus clientes destacan grandes empresas como Vestas, Gestamp, Gamesa, Acciona, General Electric, Alstom… principalmente del sector eólico, que supone el 95 % de su facturación, que en 2015 fue de 20 millones de euros en la fábrica navarra.

 

El impulso de estas grandes compañías es el que le ha llevado a dar el salto a otros mercados internacionales y abrir delegaciones en India y en Brasil. “Nuestra internacionalización ha sido a requerimiento de nuestros clientes, no es una estrategia que hubiéramos planificado previamente. No teníamos la idea de empezar a desarrollarnos en el extranjero, sino que fue algo que nos vimos obligados a hacer porque nuestros principales clientes estaban allí”, explica Juanjo Burillo, gerente de Industrias Barga.

 

“En lo que se refiere a los componentes internos del tubo del aerogenerador, somos el proveedor número uno de Vestas en Europa, pero si no les hubiéramos seguido a India, habrían tenido que buscarse allí otra empresa. Y hubiera sucedido igual con Gamesa, que este año va a fabricar en ese país más de 1.000 torres y para ello necesita dos o tres proveedores allí. Si tú no vas, pierdes el sitio. En el caso de Gestamp y Brasil nos sucedió lo mismo”, detalla este pedagogo, uno de los cuatro hermanos Burillo que tomaron las riendas de la empresa tras su padre.

 

“¿Cómo un pedagogo llega a dirigir una empresa industrial? Me formé en el Instituto Laboral de Alsasua, donde teníamos todas las tardes taller: tres meses eléctrico, tres mecánico y otros tres carpintero. Después, estudié Magisterio y luego Pedagogía; y justo cuando acabé el doctorado pedí la excedencia, en 1991, porque mi padre se había quedado solo con la empresa y entonces fue cuando empezamos los hijos a trabajar con él”, relata Juanjo, cuyo hermano Goyo también dejó la docencia por el negocio familiar. “Gestionamos todo entre los hermanos. Y también trabajan aquí mis hijos, mis sobrinos, las parejas… Todo queda en casa. Es bonito. A mi padre le hubiera encantado vernos”, añade, con un punto de emoción y orgullo.

 

¿En qué año comenzó Industrias Barga su internacionalización?

Brasil hizo una ley por la que, a partir del 1 de enero de 2013, todo el material eólico tenía que ser fabricado con materia prima y mano de obra brasileira. Nosotros trabajábamos bastante con Gestamp, que ya estaba instalada allí, y cada vez que nos reuníamos con ellos nos recordaban que desde 2013 no iban a poder hacernos más pedidos. Vimos que había que hacer algo, así que empezamos a movernos. No fue una estrategia preconcebida. Pero hay que ir allí donde está el trabajo.

 

Entonces, ¿empezaron abriendo la fábrica de Brasil?

No. Goyo y yo fuimos a Brasil a dar una vuelta pero nos volvimos con una mala impresión. Después, asistí con mi sobrino Iker a una feria eólica en India y, como Gamesa nos había propuesto fabricarles allí, este país nos pareció más asequible para empezar y más fácil, porque uno de nuestros clientes tenía una fábrica de automóviles allí y comenzamos en una de sus naves en Chennai, al sureste de India. Fuimos en 2011 y las primeras piezas las entregamos en 2012. El desembarco fue más sencillo porque fuimos de la mano de nuestro socio, para el que aquí le soldábamos piezas de automóvil. Pero aun así tuvimos que adaptarnos a la idiosincrasia del país y a la forma de ser de su gente. Allí todo es complicado y muy lento; todo es “is coming” o “tomorrow”.

 

El segundo intento con Brasil fue en 2013. Nuestra primera fábrica brasileña está en Recife, en el estado de Pernambuco. Fuimos porque nuestro cliente Gestamp ya estaba allí y, posteriormente, gracias a estar en el país, empezamos a trabajar también con Gamesa, Vestas… Ahora hemos montado la segunda fábrica, en el estado de São Paulo, que está más dedicada a estampación y mecanizado para trabajar en natelles (la cabeza del molino de viento).

 

¿Qué inversiones han tenido que realizar para implantarse en estos países?

En cada uno de ellos tenemos una réplica de nuestra fábrica de Lakuntza pero más pequeña: cuentan con una máquina de corte por láser igual que la que tenemos aquí, las mismas plegadoras, soldadores de aluminio, de hierro, punzonadoras… Aunque en la segunda planta de Brasil hay menos maquinaria. En total, habremos invertido 8 millones en las dos fábricas de Barga Brasil y 5 en la de Barga India. Teniendo en cuenta que estamos de alquiler, no hemos comprado naves.

 

¿Cuántos trabajadores son en plantilla?

Aquí en Lakuntza, que agrupa Industrias Barga, Uskain y GHB, somos unas 100 personas, y también tenemos una participación en Sakana Láser. En la India son 50 empleados, en el norte de Brasil otros tantos y en San Pablo 12 más. En total, más de 200 personas.


 

¿Y cómo consiguen gestionar desde Navarra tres fábricas que están tan lejos?

Todos los meses vamos uno o dos miembros de la familia a India y otros a Brasil. Tenemos un calendario planificado con el que conseguimos que todos estemos 15 días en las sedes internacionales. El que tiene tienda que la atienda, suelo decir. Es la forma de tener hilo directo y de primera mano de todo lo que está pasando en cada uno de los sitios. Nos organizamos de tal manera que todos los meses del año hay alguien de casa en un sitio y en el otro.

 

¿Qué consejos daría a una empresa navarra que esté pensando en instalarse en estos países?

Primero, que antes de lanzarse a la internacionalización tiene que contar con recursos propios porque, aunque vayas a pedir dinero, los bancos no te dan nada. Uno de los requisitos que te ponen es que tengas tres años de ejercicio. Pero si tú lo que quieres es montar allí una fábrica ¡es imposible que les muestres el balance de tres años! Así que no te dan financiación para iniciar el proyecto internacional. Esa es una de las razones por las que hay que buscar socios, un buen compañero de viaje que estés seguro de que se va a responsabilizar junto a ti de lo que vas haciendo.

 

También es importante realizar una inversión progresiva. Nosotros, por ejemplo, empezamos subcontratando el láser y cuando llegamos a tener cierto volumen compramos la máquina cortadora de láser que es la más cara… Es mejor ir poco a poco, porque los bancos no te van a facilitar la financiación. Te tienes que enfrentar solo a todo.

 

¿Cuáles son sus siguientes proyectos?

Estamos empezando a mirar terrenos para construir unas naves propias porque en estos momentos sí nos dan un crédito, tanto en India como en Brasil. Y ahora, tanto Gamesa como Gestamp, nos están diciendo que tenemos que instalarnos también en México, pero ya les hemos dicho que no. Esto es una empresa familiar y nos da para lo que nos da. Con los que estamos de casa podemos atender debidamente dos países, pero si vamos a México o Sudáfrica empezaremos a desperdigarnos demasiado y no puede ser. Hasta que no nos agarren del cuello no iremos (concluye entre risas).

 

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