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II Foro Pyme Popular-Diario de Navarra

Benito Jiménez: “Lo vendí todo y me fui a casa de mis suegros”

El presidente de Congelados de Navarra participó el viernes en la jornada sobre el presente y futuro de las pymes

Foto de Pedro Larena, consejero delegado del Popular, y José Ignacio Roldán, de Diario de Navarra, atienden la ponencia de Benito Jiménez Cambra (derecha).

Pedro Larena, consejero delegado del Popular, y José Ignacio Roldán, de Diario de Navarra, atienden la ponencia de Benito Jiménez Cambra (derecha).

Actualizada 17/11/2016 a las 17:21

El comienzo de cualquier aventura empresarial nunca es fácil. Así lo atestiguó ayer Benito Jiménez Cambra, presidente y consejero delegado de Congelados de Navarra, que rememoró su experiencia de iniciar desde sus cimientos una compañía hace 18 años y que actualmente da trabajo a 750 personas.

Ante los cerca de dos centenares de asistentes a la jornada sobre el futuro de las pymes organizada por Diario de Navarra y Banco Popular, Jiménez Cambra reconoció su reticencia inicial a intervenir en el foro. “Si yo no me dedico a esto ni doy ponencias”, confesó ante los invitados al acto que se desarrolló en las instalaciones del Castillo de Gorraiz.


Lejos de resultar aburrido, el fundador de Congelados de Navarra compartió con un auditorio encandilado el detallado relato de su trayectoria como emprendedor. “Cuando terminé el máster del IESE, quería venir a trabajar a Navarra porque era mi tierra, estaban mis amigos, estaba mi novia, mi familia. Tuve ofertas para irme a Madrid, a Suiza, a muchísimos sitios, pero me fui a trabajar a una empresa de verduras congeladas de Marcilla que, además, el primer día que entré a trabajar hacían huelga. Mis compañeros me decían ¿pero tú dónde vas a trabajar? Y casi me daba vergüenza contestarles que en Alimentos Congelados”, recordó ante los asistentes.


Seis años y medio después, con 32 años, Benito Jiménez Cambra decidió que su carrera profesional “por ciertas circunstancias” en Alimentos Congelados “se había terminado” y optó por poner en marcha su propia empresa. “Lo vendí todo y fui a vivir a casa de mis suegros. Conseguí reunir con lo que me dieron por mi casa y algunos ahorros 72 millones de pesetas y necesitaba aportar un capital de 104 millones. Mi padre me dio 14 millones y mi suegro otro tanto. Los dos iguales para que no se cabreasen”, reconoció0 provocando la risa cómplice del público. Los últimos cuatro millones vinieron del Banco de Vasconia, actual Popular, a través de un préstamo personal que devolvió “muy rápido”.


DOBLAR LA PRODUCCIÓN


El arranque de Congelados de Navarra en 1998 fue frenético: “Los inicios fueron brutales. Doblábamos las ventas de un año para otro en una empresa industrial en la que tenías que fabricar y contratar con los agricultores. Doblar la materia prima de un año para otro era muy complicado. No dábamos abasto”. Dos años más tarde, en 2000, tuvieron que afrontar una nueva inversión importante con la construcción un almacén refrigerado y, poco después, poner en marcha una segunda línea de producción.


La primera crisis llegó cuando Congelados de Navarra adquirió un tamaño importante en 2005 y comenzó a entrar en mercados en los que estaba presente uno de los socios fundadores que era belga. “En aquel momento tenía un socio belga que me ayudó y aportó bastante. Gracias a él desarrollamos la compañía y orientamos el negocio. Fuimos creciendo y en 2005 ya habíamos adquirido un gran tamaño y exportábamos mucho. Este socio se dedicaba a lo mismo que nosotros, a fabricar verduras congeladas, empezábamos a ir a los mismos clientes. Teníamos alguna fricción, pero lo hablábamos y encontrábamos una solución”, narró Jiménez Cambra.


Ante esa situación, el socio belga propuso que se fusionaran: “Era una operación muy bonita en la que yo iba a ir de consejero delegado. Acordamos la fusión y, tras dos meses allí, me di cuenta que aquello no me gustaba”. A finales de 2005 el empresario navarro consiguió “echar atrás” la operación pese a todas las dificultades. “Ellos eran mayoritarios, porque tenían el doble de tamaño que nosotros, pero conseguí convencerles a finales de 2005”, explicó. Una vez que la empresa recuperó su autonomía, Jiménez Cambra planteó a la dirección de Congelados de Navarra una reflexión. “La disyuntiva en enero de 2006 era seguir como estábamos, con una empresa que iba bien y era rentable, o dábamos un salto hacia adelante para multiplicar la compañía por dos. Optamos por la segunda y aquello supuso el despegue”, continuó.


El siguiente paso fue diseñar un plan para duplicar la empresa, para lo cual iba a resultar imprescindible independizarse de sus socios: “Me dirigí a mis socios y les dije que quería comprarles sus acciones. Me dijeron que ni muertos me las vendían. Al cabo de un año y medio cerramos la operación”. Una vez con las manos libres, los productos de Congelados de Navarra podían empezar a acceder a cualquier mercado sin trabas comerciales. La segunda pata sobre la que se iba a construir el crecimiento de la empresa era la diversificación para tener toda la gama de productos. “Por entonces, no hacíamos toda nuestra gama de productos, sino que muchos los comercializábamos de otros con lo que no éramos competitivos. Por ello, decidimos levantar la planta de Fustiñana, que es la que más produce hoy en día y donde fabricamos toda la gama de productos que nos faltaban”, detalló.

EXPANSIÓN FUERA DE EUROPA

Entre 2007 y 2013 Congelados de Navarra centró sus esfuerzos en aprovechar la capacidad que tenían en la fábrica de Fustiñana, pero, nuevamente, la compañía se les quedó de nuevo pequeña ante la demanda. “Tuvimos que afrontar otro ciclo de inversiones para aumentar la capacidad de producción. Pero sobre todo decidimos ser una empresa más global. Nuestra presencia se centraba en Europa y el objetivo era estar en todo el mundo. Recientemente hemos abierto oficinas comerciales en Cuba y EE UU, estamos presentes en toda Sudamérica y en el norte de África”, enumeró.


Según los datos facilitados por el presidente de la empresa ribera, entre el año pasado y 2016 invirtieron unos 30 millones de euros y en los dos próximos han planificado destinar otros 35 millones. En la actualidad, Congelados de Navarra cuenta con tres zonas de cultivo: valle del Ebro, que incluye Navarra, Aragón y la Rioja. “La más importante está en Navarra, aunque luego contamos con otra en la zona de Extremadura y otra más en las Landas francesas, donde sólo hacemos judías”, afirmó. No obstante, Jiménez Cambra especificó que, con la construcción del Canal de Navarra, habían logrado traer a Navarra el 40% de la producción de judías: “Antes, las judías procedían de Francia al cien por cien, pero desde que está el Canal de Navarra ya no. Hacemos un 60% en las Landas y un 40% en la zona regable del Canal de Navarra, que es una buena zona para las judías”.


Pero no todo es una historia de éxito en Congelados de Navarra, según reconoció su presidente. Ese ha sido el caso de Japón, el mercado “más complicado”. “Es difícil comunicarse, porque los japoneses no hablan inglés como los europeos. Y luego, tienen una cultura y unos parámetros de calidad diferentes a los nuestros. Ellos valoran mucho la forma de los productos, mientras que nosotros vamos más a valores organolépticos. Nos da muchos problemas y hemos valorado seriamente abandonarlo”, confesó.

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