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Medio Ambiente

La Isaba en llamas que resurgió

  • La villa roncalesa ha sufrido en los últimos 600 años al menos seis incendios importantes

El investigador Fernando Hualde Gállego, con el nuevo libro

El investigador Fernando Hualde Gállego, con el nuevo libro

DN
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16/06/2014 a las 06:00
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  • ASER VIDONDO Pamplona
El 13 de mayo de 1813, un incendio afectó masivamente a la localidad de Isaba, donde tenían un hospital y abundante respaldo las tropas de Espoz y Mina. En el marco de la Guerra de la Independencia, las tropas napoleónicas, 4.000 soldados con el temido general Abbé al frente, además de asesinar a dos vecinos que no habían logrado huir, se encargaron de pegar fuego a las viviendas no sin antes destruirlas para dificultar su posterior reconstrucción. Quedaron totalmente arrasadas 153 de las 158 casas que había, y las otras 5 muy dañadas. "Seguramente fue el incendio más grave de todos los que ha sufrido Isaba". Lo asegura el investigador local Fernando Hualde Gállego, de 52 años y que el viernes presentó en su propio pueblo el libro Isaba en llamas. Una obra de 96 páginas llamada a recoger la memoria de los sucesivos incendios que asolaron la villa y a reconocer la labor de los antepasados que, especialmente en 1813, se quedaron sin nada y supieron resurgir de entre las cenizas.

"Isaba, por su especial localización en la muga entre los reinos históricos de Navarra y Aragón, y la frontera entre España y Francia, ha sido una villa más incendiada que otras. Además, era normal que los incendios arrasaran buena parte del pueblo, al estar, como en los de la Montaña, las casas agrupadas, y éstas hechas de madera y con hierba seca para el ganado almacenada dentro", reflexiona Hualde.

Según su repaso histórico, el primer incendio documentado del que se tiene constancia en Isaba fue el 27 de septiembre de 1427. Entre otros muchos edificios, ardió la iglesia. "Allí se almacenaba entonces el archivo documental del valle de Roncal, así que se perdió toda nuestra memoria más antigua. No obstante, lo que los vecinos recordaban se fue reescribiendo, y tiempo más tarde lo recopiló todo en un libro mi antepasado Juan Martín Hualde en el siglo XVII, volumen que se encuentra hoy en la Biblioteca Nacional en Madrid", indica.

Posteriormente al incendio de 1427, y al hilo de esta investigación, se ha descubierto en el archivo municipal una alusión a que hubo otro en 1562 que entonces se denominó "la segunda quema de Isaba".

En octubre de 1793, en el marco bélico de la Guerra de la Convención entre España y Francia, los franceses quemaron medio centenar de bordas. En respuesta, los izabarres irrumpieron en Santa Engracia, quemando 41 casas. Cuatro años después, en julio de 1797, y en la misma guerra, se quemaron bordas en Belagua, así como la venta y la ermita de Arrako.

Finalmente, y tras el ya referido episodio de 1813, del 23 al 25 de octubre de 1837 los carlistas prendieron fuego a 16 bordas, además de causar otros daños y robos en Isaba, al destacarse el pueblo en contra del carlismo. "Los daños fueron cuantiosos pues los vecinos, dando por hecho que los carlistas quemarían el pueblo, habían trasladado a las bordas todo cuanto de valor poseían", afirma Hualde.

RECONSTRUCCIÓN

"Generalmente, lo que se sabe de estos incendios es por documentos de tasaciones de daños", apunta el investigador. Respecto de la quema de 1813, que se conmemoró ampliamente el pasado año al celebrarse el bicentenario, destaca el hecho de que "tras huir y ver cómo ardía al pueblo, los vecinos volvieron y lo levantaron casi desde la nada". "Cubrieron primero los solares de sus casas derruidas con toldos para vivir allí mientras se reconstruían, ayudándose unos a otros. Desde el Reino se les perdonaron además algunos tributos", destaca.

Y aquel proceso de reconstrucción dejó una curiosidad que pasará inadvertida a más de uno en la actualidad. "La mayoría de familias volvieron, pero no todas. Tal es así que quien hoy pasee por el casco urbano verá muchas huertas junto a las casas. Éstas ocupan el espacio de viviendas que no se reconstruyeron", asegura.
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