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LIBRO

El Irati, el tren que nunca se fue

  • El ferrocarril eléctrico que cubrió entre 1911 y 1955 el trazado Pamplona-Aoiz-Sangüesa es el protagonista de un libro que acaba de ver la luz
  • El investigador Fernando Hualde repasa la historia de este tren que acercó el progreso a una zona rural

Alcaldes de poblaciones vinculadas al antiguo ferrocarril arroparon la presentación del libro.

Alcaldes de poblaciones vinculadas al antiguo ferrocarril arroparon la presentación del libro.

ASER VIDONDO
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Actualizada 15/06/2013 a las 09:49
  • ASER VIDONDO. ANSOÁIN
Hora y media costaba cubrir el trayecto entre Sangüesa y Pamplona, pasando por Aoiz (58 km), a bordo del tren Irati. Un ferrocarril eléctrico que revolucionó buena parte de la Merindad de Sangüesa en la primera mitad del siglo XX y que acercó el desarrollo a pequeños pueblos eminentemente rurales y agrícolas. "Dicen que iba tan lento que podías bajarte, coger un racimo de uvas y volverte a subir, pero hay que tener en cuenta que, pese a ello, era más rápido que viajar en caballerías".
Así lo destacaba el jueves el investigador de Isaba Fernando Hualde Gállego, de 51 años y autor del libro Ferrocarril El Irati. Historia y documentos que acaba de ver la luz.

La obra repasa, a lo largo de 464 páginas, la historia de este tren eléctrico (segundo de España tras otro de Almería, aunque de escaso recorrido) popularmente conocido como escachamatas que funcionó entre abril de 1911 y diciembre de 1955. Era una pata más de la empresa maderera, química, eléctrica y ferroviaria El Irati SA dedicada a explotar principalmente los recursos naturales en torno al propio río Irati.

"El tren se previó inicialmente para dar salida a toda la riqueza forestal tratada en el aserradero de Ekai, pero se llevó también hasta Sangüesa al verse como un buen complemento el transporte de viajeros y de mercancías", explicaba el jueves Hualde.

"Eran momentos complicados y en los que la zona se despoblaba, como hoy, pero un grupo de emprendedores supo impulsar un potente proyecto industrial con un tren que supuso una bocanada de aire fresco, de vida y de progreso que volvió a llenar de futuro, durante unas décadas, a unos vecinos y unos pueblos que perdían ya toda esperanza", dijo.
Destacó que el del tren fue un proyecto en el que "no se escatimó un duro". "Se levantaron varios puentes, como el de Liédena, y hubo que horadar la piedra de la foz de Lumbier para abrir dos túneles", expuso.

El estudioso, que se ha basado principalmente para la redacción de este libro en un fondo documental que él mismo ya realizó, de la mano de Eusko Ikaskuntza y el Ayuntamiento de Urraúl Bajo, entre los años 2005 y 2006, ha entrevistado asimismo a una decena de personas.

"Había un tren, aunque con varias locomotoras, y realizaba dos servicios diarios en cada sentido", expuso. En 1929, el precio del billete Pamplona-Sangüesa era de 5,50 pesetas. Como curiosidad, en los primeros años también se realizaban transportes fúnebres, y se pagaban 5 pesetas por ataúd.

Entre las anécdotas, Hualde recordó que "pese a la baja velocidad, el tren llegó a descarrilar varias veces, e incluso hubo 3 ó 4 accidentes importantes, algunos con muertos". "Muchos los tenemos documentados gráficamente gracias a Carmelo Butini, médico de Huarte y gran aficionado a la fotografía, que atendió varias de estas urgencias", dijo.

El tren realizó su último viaje el 31 de diciembre de 1955. "Llegó un momento en el que ya no era rentable, surgían otras formas de transporte. Se fue dejando el mantenimiento y, al final, la empresa optó por desmantelarlo todo. Los ayuntamientos de la zona se movilizaron, pero no sirvió de nada", destacó.

La caja abierta para su tránsito es todavía visible en muchos puntos, y "aún se pueden ver hierros de sujeción de las catenarias en la Avenida San Ignacio o la Avenida Carlos III de Pamplona". "El tren tuvo varias estaciones en la capital: Plaza del Castillo, Paseo Sarasate, Taconera, Seminario...", enumeró. "Lo que verdaderamente es una pena es que no queden ni locomotoras ni vagones. Todo fue desmantelado de la noche a la mañana, y parece que se preocuparon de que no hubiera fotos de ello", agregó.

Fotos y documentos

Se han editado 600 ejemplares del libro, que se venden en librerías al precio de 20 euros. Incluye 150 ilustraciones y 135 documentos transcritos. La editorial es Lamiñarra, y la edición cuenta con apoyo de Cederna Garalur, Eusko Ikaskuntza y 12 ayuntamientos y juntas de la zona: Aezkoa, Aoiz, Burlada, Huarte, Liédena, Lizoáin, Lónguida, Lumbier, Sangüesa, Urraúl Bajo, Urroz-Villa y Villava.

Repasa la historia del tren y de los promotores de El Irati SA (los aezkoanos Domingo Elizondo y Ciriaco Morea, el villavés Serapio Huici...), habla también de las máquinas y el trazado, así como de precios y horarios, y repasa todas las estaciones existentes en: Pamplona, Ansoáin, Burlada, Villava, Huarte, Egüés, Mendióroz-Uroz, Lizoáin, Urroz-Villa, Liberri, Aós, Villaveta, Ekai, Artozqui-Ezkai, Aoiz, Ayanz, Artieda, Rípodas, Lumbier, Liédena y Sangüesa.
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