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FESTIVIDAD

Lekunberri lanza la azada

  • El concurso de lanzamiento del apero de labranza concita a 42 participantes en una convocatoria inusual en los parajes del norte de Navarra. Una distancia de 36,70 metros decidió el título a favor de Mikel Otamendi en el anfiteatro de la localidad

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Uno de los participantes se dispone a probar fortuna con el apero en la mano. N.G.
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Lorea Mayayo, de espaldas, contempla un lanzamiento. N.G.
  • NATXO GUTIÉRREZ . LEKUNBERRI
Actualizada 16/10/2011 a las 02:05

LA azada no es sólo útil de labranza a poco que se avive el ingenio. Puede servir de material de ocio en una singular competición, explotada con éxito en otras latitudes navarras pero poco conocida en el norte navarro. En el último lustro, su lanzamiento se ha convertido en atractivo fijo de la programación festiva de Lekunberri y, a juzgar por el registro de participantes, tiene visos de perpetuidad.

En un clima de celebración, con comentarios salpicados de sorna e hilaridad, 42 concursantes probaron fortuna. La equidad del género brilló por su ausencia con una aplastante mayoría masculina. Sólo 6 féminas se animaron a dar un brusco movimiento de muñeca para alejar lo más posible de su cuerpo el apero convertido en objeto volante.

Las tentativas -a doble vuelta- dieron lugar a escenas de lo más chocantes para solaz y diversión de cuantos acudieron a la convocatoria en el anfiteatro de Lekunberri. En algunos casos, la azada acabó fuera del campo en un lanzamiento que el jurado decretó nulo. Paulo Dos Santos engrosó la lista de los desafortunados que quedaron descalificados por esta circunstancia en la primera ronda. Según explicó, el fallo fue "en apretar con fuerza la azada y tardar en soltarla". El resultado: una parábola desviada con el objetivo torcido al otro lado del pequeño riachuelo que bordea el anfiteatro.

Sonriente, con el rostro protegido con una gafas del sol reinante, acogió con resignación su intento. Eso sí no se le puede reprochar su desconocimiento del apero como horticultor de una franja de terreno heredada de sus antepasados. De su mano ha colgado la azada como herramienta de trabajo pero también como bien de ocio y diversión.

Andoni Michaus Astiz, de 13 años, tampoco tuvo la fortuna necesaria. La prueba le resultó "difícil", como señaló, por el peso que había que mover.

"Txapela" y pacharán

Su turno fue de los primeros. Atendió al orden establecido en función de la llegada de los participantes al punto de encuentro, donde Aner Ansorena Markiegi y Lorea Mayayo Abedia organizaron a los presentes.

Cuando el registro fue lo suficientemente numeroso como para entablarse cierta disputa, Daniel Múgica Zubeldia, hijo del edil de UPN José Javier Múgica asesinado por ETA en Leitza, agarró la azada y se colocó en el punto de lanzamiento. Situó el apero a 29 metros.

Supuso una referencia, sobre todo, para los más avezados en un arte de destreza y fuerza combinadas. En tal pericia, Mikel Otamendi fue el más preciso. Se alzó con el título en la categoría masculina con un lanzamiento de 36,70 metros. Compartió el cuadro de honor con Irune Etxarri, que consiguió una marca de 16,70. Al primero le correspondió una botella de pacharán. La segunda pudo calarse una txapelabordada. Así como la prueba con la azada va cobrando costumbre, el lanzamiento de boina de la víspera supuso una novedad en las fiestas de Lekunberri. Orkatz Aldabe e Isabel Azpiroz lograron el mayor acierto. En tiempo de crisis, la creatividad es vital para la diversión.

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