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Llora el Bidasoa

  • El río del salmón por excelencia pierde a uno de sus más laureados pescadores 
  • 177 capturas certificaban el atino con el sedal de José María Gaínza Elgorriaga, fallecido en Bera con 84 años

Caña en mano, José María Gaínza Elgorriaga, tercera generación en la captura del salmón.
Caña en mano, José María Gaínza Elgorriaga, tercera generación en la captura del salmón.
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  • Natxo gutiérrez . Pamplona
Actualizada 07/03/2016 a las 06:00
LLora el río Bidasoa por perder en sus márgenes a una caña legendaria, que hurgó en sus aguas profundas en busca de su tesoro más preciado. La muerte arrebató el miércoles de sus dominios al beratarra José María Gaínza Elgorriaga, con una vida asomada desde la infancia a su lecho para tantear la suerte con el sedal. Contaba con 84 años de edad y una envidiable marca de 177 salmones capturados en su dilatada trayectoria de aficionado. Jubilado de Fundiciones Vera, estaba casado y tenía tres hijos.

Los pescadores del Bidasoa le tributaron el pasado viernes una sentida despedida mezclados entre la feligresía que acudió al oficio por su alma en la parroquia de San Esteban, de Bera.

Así como alcanzó a atinar con la caña tendida y sumó un buen registro, al alcance de los pescadores legendarios, se quedó en su intento de emular a su padre, José María Gaínza Erro de abrazar el siglo de vida. De él aprendió el arte de la pesca como heredero de una costumbre acuñada en el seno familiar y también el hábito de respetar y cuidar el río.

Para espejo en el que mirarse en el cultivo de su pasión, el veterano pescador encontró buen ejemplo en la figura de su abuelo, Luciano Gaínza Goikoetxea, el mismo que en un momento dado de su vida profesional abandonó la seguridad de un trabajo fijo para proveer el sustento familiar con la captura del salmón. Fue poco menos un visionario de las posibilidades que ofrecía la tan apreciada especie cuando en 1912 se entregó en cuerpo y alma a la pesca en calidad de profesional. Hace un siglo era toda una ilusión la regulación hoy fijada, con la restricción impuesta al respeto de los turnos y la licencia de venta reducida al primer ejemplar de la temporada, el anhelado Lehenbiziko.

RENCUENTO DE CAPTURAS

Tal fue el idilio establecido desde niño con el río Bidasoa que José María Gaínza se propuso asimismo registrar cada campaña, con el recuento de las piezas cobradas. Uno a uno, no sólo las que pendían de su anzuelo, contabilizó en una libreta los logros, detallados en peso y longitud en un documento válido para generaciones venideras.

No sólo gozaba de reputación en la pesca, donde era referente por su amplia experiencia sin hacer en ningún momento alarde de haber poblado su cesta de mimbre a lo largo de los años.

Como miembro de la Sociedad de Cazadores y Pescadores de Bera, tuvo a bien de practicar la disciplina cinegética, ya fuese en sus salidas acompañadas a un coto de Toledo tras la perdiz como en entornos más cercanos y conocidos donde se reveló como cazador certero con la becada.

El jueves, hasta el lugar donde reposaban sus restos, se acercó la consejera de Medio Ambiente, Isabel Elizalde, en una muestra evidente del alcance de su figura como aficionado a la pesca y su talla humana. El Pozo de los 50 pierde a buen pescador y a una mejor persona. El río Bidasoa, que tantas veces frecuentó, fue, -a decir suyo-, su vida.

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