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Oronoz

Manuel Arregui Goñi, cien años de entrega y dedicación

  • El pueblo de Oronoz-Mugaire celebró el pasado domingo el centenario de uno de sus vecinos más queridos, Manuel Arregui Goñi

Manuel Arregui y el alcalde de Oronoz, Fco. Javier Arregui.
Manuel Arregui y el alcalde de Oronoz, Fco. Javier Arregui.
JESÚS GARZARON
  • N. san esteban/ c. eslavaOronoz-Mugaire
Actualizada 03/02/2016 a las 06:00
"¿Salgo yo a bailar?”. Manuel Arregui Goñi acaba de cumplir cien años y conserva la vitalidad con la que ha hecho disfrutar siempre a los que le conocen. Agricultor, ganadero, alguacil, padre, abuelo, bisabuelo (y casi bailarín), son solo unas pocas de las facetas que definen la vida de Manuel, más conocido en Oronoz-Mugaire como Arretxe.

No son solo cien años de vida, sino cien años de entrega y amor para sus familiares, amigos y vecinos, quienes el pasado domingo quisieron felicitar a Manuel de una manera muy especial: un homenaje en el pueblo que le vio nacer.

Una misa en su honor fue el primero de los regalos que recibió por su aniversario. La iglesia se encontraba repleta de quienes sabían que las muestras de cariño aún no habían hecho más que empezar. La canción de Zorionak resonó en la parroquia, seguida de la melodía de los txistus.

“Ha trabajado mucho por sacar adelante a su familia y a este pueblo”, quiso resaltar el alcalde de la localidad Francisco Javier Arregui, quien concluyó el discurso apuntando que “Manuel es mucho Manuel”. Tres de sus nietas quisieron felicitarle bailando un aurresku que emocionó a muchos de los que allí estaban presentes.
Ramos de flores, un bastón, una txapela con la fecha de su cien cumpleaños grabada y una placa conmemorativa completaron el agasajo que tanto su familia como parte del pueblo le quisieron entregar.

UNA VIDA DEDICADA

“Mi padre ha sido un hombre entregado a todos”, comentaba emocionada su hija María José. Desde muy joven estaba dispuesto a ayudar a todo aquel que lo necesitase. “Si había que ayudar al veterinario, ahí estaba Manuel como enfermero”, apuntaba Francisco Javier. Cualquier problema que pudiera surgir en el pueblo, era él el encargado de darle solución.

También supo dar respuesta a los cambios. Fue el primero en utilizar el contador de las aguas del pueblo, y el primero en comprar pan en lugar de cultivar trigo. “Era la biblioteca del pueblo. Si querías saber algo, no tenías más que preguntárselo”, concluyó. “Es una persona muy inteligente”, señaló orgullosa su hija. “En el paso de la peseta al euro, en seguida entendió el cambio de moneda, y no volvió a hablar en pesetas”.

Manuel nunca ha dejado de trabajar. Ya jubilado, y durante más de veinte años, fue delegado en la zona de Baztan de la asociación de jubilados Arkupeak, donde además de pasar las tardes jugando a cartas, se encargaba de las cuentas de sus socios.

Cuatro hijos, ocho nietos y tres bisnietos han sido, sin duda, los mayores logros de su vida. El pasado jueves no dudaron en ir a cantarle el ‘cumpleaños feliz’ a la puerta de su casa, donde han crecido muchos de ellos. Para muchos, es la casa “más bonita” del pueblo.

Una gran comida familiar fue el broche final de un día inolvidable para una persona que ha dejado y deja huella.
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