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FOTOGRAFÍA

El último enfoque para Martín Goikoetxea Plaza

  • El beratarra, rostro conocido tras la lente en Cinco Villas bajo la firma de ‘Goiko’, pondrá fin el día 30 a 40 años de fotógrafo profesional

La imagen de archivo de Martín Goikoetxea Plaza 'Goiko' detrás del mostrador desaparecerá el día 30.
Martín Goikoetxea Plaza 'Goiko' detrás del mostrador desaparecerá el día 30.
ARCHIVO
  • Natxo gutiérrez. Pamplona
Actualizada 14/11/2015 a las 06:00
La del miércoles fue jornada de doble motivo de celebración para Martín Goikoetxea Plaza. Detrás del mostrador de su tienda de fotografía en la calle Altzate, de Bera, despachó saludos y agradecimientos a las felicidades recibidas por su santo sin dejar de provocar en su interlocutor una reacción de asombro al escuchar de su boca el anuncio del merecido descanso con la inminencia de su jubilación. Tuvo a bien elegir la fecha señalada en el calendario de su vida para transmitir la buena nueva de un día esperado tras 40 años de trayectoria laboral. “Hubo -como reconoció- sorpresas” en el extrarradio de su círculo familiar y de amistades íntimas que sabían de sus intenciones de echar la persiana el día 30 de este mes.

Con el lamento por un sobresalto cotidiano - “se acaba de caer la línea del Adsl de la tienda”- sobrellevado por el buen ánimo de los dos motivos de festejo, hizo un paréntesis en su actividad para rebobinar el rollo de los negativos de su vida con hitos de su recorrido. Fue “el 2 de mayo de 1974” cuando, empujado por su afición a la lente, inscribió su nombre en “el sindicato de Industrias Químicas” con una primera sede de laboratorio en su propio domicilio de Bera.

Compaginando su trabajo en Laminaciones Lesaka -hoy Arcelor- hasta 1990, Goiko, con un hijo y dos nietos, encontró el siempre fiel respaldo de su mujer para dar forma a su dedicación en progreso que elevó al grado de pasión: la fotografía. Cuatro años después de su inicio profesional cámara en ristre abrió la tienda de la calle Altzate que en las próximas semanas dejará de ser referencia en Bera en la captación del instante y los robos figurados del alma que se atribuye a la fotografía en poesías y leyendas.

Todo fue por ese impulso que acompaña a la curiosidad y el aprendizaje el que alimentó su afición con la lectura de “libros de imágenes” y los primeros clicks fugaces con cámaras de blanco y negro. “Aún conservo mi primera cámara de 1965, una Nerasport”, rememoraba en un receso de su rutina.

Siempre apegado a Bera con un don de gentes y el afán de aprendizaje de los avatares propios de la vida -”aprendí en la universidad de la vida” como reconoció en el año 2009 con motivo de su investidura en la Cofradía del Salmón del Bidasoa-, nunca ha renunciado a un compromiso de reflejar la cercanía en Cinco Villas y de disfrutar con la captura de retratos, fiestas, costumbres y acontecimientos populares. “Como me dijo mi mujer una vez: ‘Tú eres el fotógrafo del pueblo para el pueblo’. Lo que más me ha gustado es fotografiar la vida de los pueblos, las cosas de los pueblos”, se sincera.

Por su talante humano de hacer de las relaciones pilar de consistencia en su vida amplió el obturador de su mirada sin distinción de clases.

La inquietud por nutrir de nuevos conocimientos su bagaje cultural, desde que con “12 o 13 años” seguía embelesado las improvisadas tertulias de Julio Caro Baroja, Amelia Plazas y Jaime Larunbe, avivó su espíritu aventurero como participante del París-Dakar o acompañante de Álvaro Marichalar en su travesía en moto acuática.

CON ROSTROS CONOCIDOS

Las estanterías de su tienda dan fe de la amplia cobertura trazada al lado de rostros conocidos, como Miguel Induráin o Elsa Pataky hasta el fotógrafo del Vaticano, sin olvidar las encomiendas recibidas de revistas del corazón para recoger las visitas de la Casa Real a Navarra.

La profesión le abrió la senda de la amistad con destacados practicantes en dos aficiones deportivas predilectas: la pelota y el ciclismo. Las siluetas de Peio Ruiz Cabestany, Antton Maiz o Retegi quedaron grabadas para la inmortalidad desde su destreza por recoger el instante preciso. Exigente en el desempeño del oficio, renunció cuando tuvo que hacerlo a apretar el click cuando no lo vio claro para volver al lugar una vez que consideró adecuadas las condiciones de luz del entorno.

A las nuevas generaciones del arte que supo y sabe interpretar aconseja tener “buen gusto y disfrutar con paciencia” de su quehacer, sin la ansiedad de “disparar y disparar” con hábitos propios de la era digital.

“Antes, con rollos de 30 y 36 fotos, calculabas la luz, el ángulo. Todo. Y sólo para sacar una o dos fotos”. Lo dice quien fue dantzari del Gure Txokoa en 1968 y 1969 y quien tiene buen ojo para enmarcar la vida.


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