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FERIA DE OTOÑO

Calor de feria en Elizondo

  • Cerca de medio millar de cabezas de ganado y más de 200 puestos de venta rivalizaron viernes en atracción en el certamen de otoño del corazón de Baztan

Un grupo de personas contempla el ganado ovino de uno de los rediles improvisados en la feria.
Un grupo de personas contempla el ganado ovino de uno de los rediles improvisados en la feria.
N.G
  • Natxo gutiérrez. Elizondo
Actualizada 27/10/2014 a las 06:00
El corazón de Baztan bombeó el viernes a ritmo vivo con el movimiento de su feria que de un tiempo a esta parte fluye animada por el gentío y una oferta dispar que regó sus arterias. Por ser parte de la tradición, como foco de atracción del resto del valle, localidades aledañas de ambos lados de la frontera y rincones de Guipúzcoa, la afluencia arroja de normal registros elevados. Las óptimas condiciones meteorológicas del viernes reforzaron esa tendencia, con una estimación superior a 5.000 asistentes, en términos algo más elevados que la edición pasada. 

Con uno de los márgenes desde la rotonda de la variante a Elbete sin hueco para aparcar, los rezagados hubieron de hacer de la paciencia virtud hasta encontrar una plaza libre en la que estacionar su vehículo y acercarse al recinto ferial. 

 A última hora de la mañana, la Policía Local ponía especial cuidado en regular el tránsito de camiones de transporte de ganado que abandonaban la plaza del Mercado, en medio de una concurrencia por entonces aún abundante tras calibrar el estado de la cabaña. 

 Entre hileras de animales atados, hubo tertulias improvisadas de tratantes reconocidos por su bata negra. Y aunque se produjeron ventas, como las que cerró Ganados Albisu, de la localidad guipuzcoana de Idiazabal, con la adquisición de seis potros, no fueron cuantiosas, a juzgar de la opinión de los entendidos. La feria de ganado en sí respondió a las características de un escaparate, donde “preguntar, mirar y comprar en casa” fue la secuencia predominante, como resumió el ganadero Fermín Larralde Larregi, conocido por el nombre de su caserío de Arizkun, Laurentz. 

“Tranquilidad” fue la palabra compartida con su homólogo de oficio, Pedro José Martín Mendiburu, de Santesteban, para definir el grado de las transacciones concretadas. Al mismo tiempo, las calles bullían de gente empujada por la curiosidad y la intención de compra, que Elizondo define con el verbo feriar.
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