TRADICIÓN

La Vuelta a San Miguel

  • El santuario, final de etapa de la ronda ciclista a principios de septiembre, abrió el lunes sus puertas a cientos de fieles y montañeros

La Vuelta a San Miguel

Un grupo de fieles abandona el santuario de San Miguel de Aralar, a la conclusión de uno de los oficios religiosos

n. g.
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02/10/2014 a las 06:00
  • Natxo gutiérrez. San Miguel de Aralar
Los vestigios del paso de la gran ronda, plasmados en rótulos de publicidad y aliento a los ciclistas sobre el asfalto, jalonaron el último esfuerzo de devotos y montañeros que acudieron el lunes a San Miguel de Aralar a celebrar la tradición. Un mes después del peregrinaje sobre ruedas, el santuario abrió de nuevo sus puertas a un gentío, en esta ocasión, movido por una costumbre aprendida de generaciones pasadas. 

"¡Ya hay gente!", exclamó el arzobispo auxiliar, Juan Antonio Aznárez, tan pronto como franqueó la puerta de acceso al templo, flanqueada por sendas aguabenditeras con las leyendas y la silueta de San Rafael y San Gabriel. 

Aun siendo día de labor, la hilera de vehículos aparcados en un arcén en el último kilómetro de la ascensión desde Lekunberri ofreció una perspectiva de la afluencia. Un segundo inconveniente, en forma de meteorología adversa con lluvia intermitente y niebla enquistada, no amilanó la voluntad de cientos de personas de seguir los pasos de sus mayores en un día rotulado en rojo en el calendario de las tradiciones. Bastones de monte en mano y con una pequeña mochila a sus espaldas, Ramón Dorronsoro Fernandino alcanzó la cima del santuario en "una hora y cuarto" de caminata desde Uharte Arakil. 

La opción del automóvil fue la predilecta para acercar a personas entradas en edad y espíritu animoso por acudir a su cita anual en la sierra de Aralar. 

El clima, con bruma a intervalos, fue un símil que utilizó el arzobispo auxiliar en su homilía para subrayar el apoyo incondicional de la fe ante los avatares de la vida: "A veces todo es gris, se cubre de niebla. Cristo despeja el camino". El prelado expuso las convicciones religiosas como pilar frente a dificultades de distinto signo. "Cada día -dijo- es un combate para no juzgar..., para defender el matrimonio, el sacerdocio, la familia, los débiles, a los concebidos no nacidos... En ese combate el enemigo nos puede parecer poderoso. Las fuerzas del mal son tan agresivas que uno ve el telediario y decide que lo mejor es apagarlo. Pero el Señor sabe lo que necesitamos. La liturgia de hoy (por el lunes) es un canto a la vida. Celebramos la victoria. San Miguel, ¿quién como Dios?". 

Aznárez transmitió a los congregados un saludo del titular de la diócesis, Francisco Pérez González, ausente por encontrarse el lunes por la mañana en la inauguración del curso del Centro Superior de Estudios Teológicos, en Pamplona. 

A lo largo del día, un rosario de fieles se pasó por su cuerpo las cadenas que recuerdan la leyenda de la liberación de Teodosio de Goñi por intercesión del Arcángel ante la amenaza del dragón. El ritual es repetido para ahuyentar amenazas a la salud. 

BESAR LA EFIGIE

Fue también hábito del día la veneración profesada con la señal de respeto a la efigie del Ángel realizada a la conclusión de cada oficio religioso. El formato de romería se vio además aderezado con los puestos de venta de productos agroalimentarios en el acceso al complejo religioso, que alberga el antiguo refugio, hoy convertido en local hostelero, y el santuario. Quien más y quien menos regresó con una bolsa en su mano y la satisfacción interior de saludar una tradición. 
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