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Carnavales 2014

Agua, fuego y sangre en Alsasua

  • La lluvia no empañó el desenfreno de los más de 200 momotxorros en la despedida del carnaval en Alsasua

Varios jóvenes se embardunan con sangre en el ritual previo a la salida de la mascarada popular por las arterias principales de Alsasua
Varios jóvenes se embardunan con sangre en el ritual previo a la salida de la mascarada popular por las arterias principales de Alsasua
DN
  • N. G. Alsasua
Actualizada 07/03/2014 a las 06:01
"Ahí viene Ziripot". La indicación de un menor arrancó de su acompañante una aclaración oportuna: "No es Ziripot. Es un Juantramproso". Cubierto de sacos, a semejanza del icono de la bondad en el Carnaval de Lantz, un joven se acercaba con parsimonia al frontón municipal de Zelandi para participar en los prolegómenos del arranque de la fiesta del disfraz en Alsasua en su más pura esencia.

Dentro, la mascarada comenzada a tomar forma, protegida de la lluvia persistente que amenazaba con empañar su salida. "El Momotxorro ahuyenta los malos espíritus" se escuchaba en el grupo de Maider Bengoetxea González y Aiora Berastegi Fernández, dos estudiantes de segundo de la ESO en la ikastola Iñigo Aritza, a punto de recubrir su cabeza con el cesto rematado en poderosas cornamentas bovinas. "Nos gusta disfrazarnos de Momotxorro porque es parte de la historia de Sakana", señalaba con orgullo la primera.

Aritz Ulayar Fernández de Amoiabe, de 10 años, simbolizaba de algún modo la implicación de las generaciones más jóvenes en la perpetuidad de una manifestación cultural que con más de un cuarto de siglo se ha convertido en referencia en Navarra en los días previos a la imposición del rigor cuaresmal.

A las siete de la tarde, el frontón Zelandi comenzó a evacuarse al sonido del cuerno, insuflado por Raúl Urquijo Merino. Los toques se elevaron como advertencia para que los Momotxorros se reuniesen en el exterior y escenificasen la imposición de sangre sobre sábanas y camisas blancas, rostros y brazos.

El contraste del tono rojizo sobre fondo blanco, a medida que la luz menguaba y la oscuridad comenzaba a extenderse, adquirió un aspecto lúgubre acorde con la mascarada rural y el agua descargada de un cielo inmune a los conjuros.

En ese decorado, la comitiva con Momotxorros, Juantramposos, Cintas y Sorginak fue abriéndose paso y cediendo protagonismo a una escenificación de una boda y una evocación al pasado labriego con una golda o arado por hombres, convertidos por una noche en bueyes. Alsasua llegó así a celebrar su Carnaval rural a fuego, sangre y agua.
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