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Miranda de Arga rememora su pasado rural con las labores del campo

Miranda de Arga rememora su pasado rural con las labores del campo
Miranda de Arga rememora su pasado rural con las labores del campo
  • laura quesada. miranda de arga
Actualizado el 23/07/2013 a las 08:02
Los vecinos y visitantes de Miranda de Arga retrocedieron este domingo más de medio siglo. La XIV Fiesta del Mundo Rural les hizo testigos de aquella vida en la que la jornada en el campo y los oficios artesanales eran el pan de cada día, cuando los avances en la maquinaria aún no habían llegado al pueblo. Desde las 10 de la mañana, los colaboradores se metieron en su papel de jornaleros y comenzaron a layar, segar y trillar la tierra de la era bajo la atenta y curiosa mirada de los que se acercaron al lugar. "Lo que más me gusta es la cara que pone la gente joven cuando ve el modo de trabajar de antes", afirmó Jesús Dronda Etairo, de 64 años y residente en Sesma, que acude al evento desde sus comienzos.

El acto fue impulsado hace 14 años por Pedro Ábrego, que colecciona maquinaria agrícola antigua, y el Consorcio de Desarrollo de la Zona Media. Ábrego tiene 20 tractores y llevó 10 a la exposición en la era. Él dice que es "una afición como otra cualquiera", pero no todas las aficiones pueden congregar a cientos de personas en Miranda de Arga y a decenas de voluntarios que ayudan a traer las tradiciones de vuelta. "Para cualquiera que tenga más de 50 años es algo especial, porque es lo que vieron en sus pueblos cuando eran jóvenes", afirmó.

Justo García García (73), de Miranda de Arga, trabajó 20 años en el campo en su juventud. Este domingo, como todos los años, fue uno de los layadores y segadores del pueblo. "Me gusta y todavía puedo hacerlo", explicó.

EL PUEBLO ENTERO SUMERGIDO

La alcaldesa de Miranda, Maria Teresa Iradiel, aseguró que "colaboran todas las asociaciones del pueblo", aunque ninguna llamó tanto la atención como el grupo de teatro de Miranda 'El Condimento'. Vestidas de geishas, las ocho actrices se pasearon por las calles acompañadas por su traductor particular, el aguacil del pueblo, para añadir un divertido toque turístico a la localidad. "Venimos con la cartera llena", bromearon.

La tradición no solo llegó a la parte de la era: la cuesta de la calle Pilares se convirtió en una viva muestra de oficios antiguos. Elaboración de jabón, ladrillos de adobe o alpargatas fueron algunas de las labores a la antigua usanza que se mostraron. Y para darse un respiro en la subida de la empinada cuesta, cualquiera podía probar el sorbete de limón o los tostones, tortas finas y duras de harina, anís y azúcar que antes se servían en los cumpleaños. La gran mayoría de visitantes eran habituales del evento, que decidían repetir la experiencia de echar la vista al pasado.
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