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ESTEBAN ORTA RUBIO

Terremoto en la Ribera hace casi 200 años

Las crónicas de la época hablan de vecinos saliendo a los campos "pidiendo a Dios misericordia"

  • HML Admin
Actualizado el 18/03/2011 a las 02:29
E STOS días hemos contemplado atónitos y angustiados el terrible terremoto del Japón que generó un tsunami que ha destruido parte de aquel país. A todos se no ha encogido el alma al ver las impresionantes imágenes, aunque nos tranquilizamos, un tanto, al pensar que nuestra tierra, situada en el Valle Medio del Ebro, no es una zona especialmente afectada por los movimientos sísmicos. Sin embargo, no debemos estar tan seguros, pues a lo largo de la historia se han dado estremecimientos y temblores de tierra que llenaron de espanto a las gentes y dejaron huella no sólo en los edificios sino también en la documentación de la época.
Uno de los estos terremotos ocurrió en el mes de marzo de 1817 y tenemos noticias de que afectó, al menos, a Milagro y Corella.
EPICENTRO EN LA RIOJA
El epicentro se dio en la Rioja, en las proximidades de Arnedo, donde se sintió especialmente, sobre todo en algunos edificios como conventos e iglesias.
Carlos Martín Escorza, que ha realizado el estudio del terremoto en esta Comunidad, afirma que el pueblo más afectado fue Préjamo, donde quedaron sólo 16 casas de las 200 que lo componían.
También afectó a los conocidos Baños de Arnedillo, que resultaron destruidos en parte. Incluso los dueños temieron por el fin del negocio, pues las aguas termales dejaron de manar durante algún tiempo. Al final, tras varios meses de inquietud, volvieron a brotar el mes de junio.
También llegó a Calahorra, donde consta que huyeron sus vecinos al campo y la catedral estuvo algún tiempo cerrada por haberse agrietado los hastiales norte y sur. Lo mismo ocurrió en Logroño. Sabemos del espanto de sus vecinos y del abandono precipitado de edificios buscando refugio en el campo. Entre otros efectos se arruinó una capilla de la colegiata.
No fueron éstas las únicas zonas afectadas pues, aunque con menor intensidad, se notó en el norte de Navarra, Aragón y el País Vasco. Débilmente, en Cantabria y Cataluña. El seísmo, según Carlos Martín, alcanzó en su epicentro el grado VIII de la escala Mercalli, que va de I a XII de intensidad.
EL SEÍSMO EN LA RIBERA
¿Qué había ocurrido? ¿Un terremoto en el Valle del Ebro, donde no son habituales los movimientos sísmicos? Así era.
No había por entonces periódicos en la zona que puedan ilustrarnos sobre lo ocurrido, pero otras fuentes proporcionan información. Algunas veces eran los párrocos, que anotaban hechos extraordinarios en los libros parroquiales, pero no es éste el caso. En esta ocasión fue el escribano -notario, hoy día- Diego Pejenaute, que ejercía de secretario en el Ayuntamiento de Milagro, quien nos dejó un vívido relato del temblor de tierra.
El día 18, martes, víspera de la festividad de San José, discurría tranquilo. Faltaban apenas tres minutos para las once de la mañana cuando Diego Pejenaute sintió que la silla donde estaba sentado comenzaba a moverse. Tanto, que casi le acunaba. Presa del pánico, salió precipitadamente a la calle y se encontró con que todo el vecindario abandonaba también sus casas.
La tierra temblaba con un ruido sordo, amenazador, que venía de las entrañas, mientras los edificios se meneaban como si tuvieran vida. Se fijó, sobre todo, en la torre de la iglesia, "que fue milagro no (se) arruinara en atención al movimiento extraordinario y vaivenes que dio de un lado a otro."
Fueron apenas 90 segundos, pero se le hicieron eternos. Recordaba, también, haber visto a los sacerdotes y monaguillos salir precipitadamente de la iglesia y le quedó muy gravado que las campanas de la torre tocaban solas, de modo lúgubre.
Aún no repuesto del susto, y mientras los vecinos comentaban en grupos nerviosos lo acontecido, hubo una nueva réplica, aunque de menos duración. Luego, llegó el silencio.
TAMBIÉN EN CORELLA
No fue el único sitió de Navarra donde hay constancia de sentirse el terremoto. Unos kilómetros más al sur, en la ciudad de Corella, también lo sufrieron y quizás con más intensidad.
En el archivo municipal se guarda un informe del ayuntamiento dando cuenta del hecho. Lo describe así: "El martes 18 de marzo último, a lo que serían las once de la mañana, se sintió un aire fuerte y estruendos subterráneos a que subcedió un extraordinario temblor de tierra y movimiento de los edificios. Atemorizado y lleno de terror este vecindario, abandonando sus casas, salió a las calles y campos pidiendo a Dios misericordia. En este conflicto el Ayuntamiento, de acuerdo con los párrocos, dispuso inmediatamente exponer a la pública veneración el Santísimo Sacramento en la iglesia parroquial del Arcángel San Miguel".
NUEVAS RÉPLICAS
El seísmo, como suele ser habitual, tuvo nuevas réplicas. El minucioso escribano de Milagro sigue contando que los días siguientes repitieron los temblores: "En el día 22 del dicho mes de marzo, a las once horas y minutos de su noche, volvió a repetir el temblor de tierra general con mucho estrépito y asombro, que permaneció tanto tiempo como el primero, aunque otros dicen que fue más prolongado. Y a las cinco de la mañana del domingo 23, repitió otra vez. De suerte que son cosas extraordinarias para esta tierra en que jamás se han conocido terremotos y tan continuos; y en la misma noche del 22 murió de repente Blas Zapata Cardelina, vecino de esta villa, y en Azagra ha muerto de igual forma una mujer".
Sin embargo, el terremoto, al menos en su mayor intensidad, debió circunscribirse a la zona más cercana a Arnedo y apenas hubo de sentirse en ciudades relativamente cercanas como Tudela y Tarazona. En Tudela no he encontrado ninguna referencia a este terremoto en autores como Yanguas y Miranda -contemporáneo de los hechos- o Mariano Sainz. Y tampoco hallo mención en las memorias que por aquellos años escribió sor Francisca del Rosario, una monja del convento de dominicas, y que yo rescaté al publicarlas en la revista Príncipe de Viana (1998). Posiblemente tuviese la misma escasa intensidad que en Zaragoza: grado II.
El historiador, a la vista de la documentación, tiene claro que el suceso, por lo anómalo y extraordinario, quedó gravado en la memoria colectiva. Venía acompañado de otras catástrofes naturales, sequías y hambrunas que asolaban España tras los desastres de la reciente Guerra de la Independencia (1808-1814).
La mentalidad de la época lo achacó al enojo del Altísimo por los pecados de los nuevos tiempos. El secretario de Milagro quiso dejar constancia del hecho para las generaciones venideras y en diferentes días, sacudido todavía por el miedo, fue insertando el relato en el libro de Acuerdos Municipales (1817-1830). Terminaba así: "En fin, son cosas tan extraordinarias que las gentes se hallan aterradas; no se sabe en qué vendrá a parar tanta novedad".
En Corella, aún fueron más lejos y después de juntarse el pueblo en la iglesia de San Miguel para cantar un solemnísimo Te Deum de acción de gracias, el Ayuntamiento solicitó del obispo de Tarazona poder celebrar a perpetuidad una misa el 18 de marzo de cada año, en recuerdo y agradecimiento por no haber habido víctimas mortales entre el vecindario. Lo mismo hizo el Cabildo Eclesiástico de la ciudad, que incluso se mostró dispuesto a correr con los gastos que se originasen.
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