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TUDELA

Una calle para el viajero más conocido

  • Se trata de una pequeña calle del Casco Viejo dedicada a Benjamín de Tudela

Imagen de la calle Benjamín de Tudela de hace años desde la calle Portal con varios vecinos.
Imagen de la calle Benjamín de Tudela de hace años desde la calle Portal con varios vecinos.
nicolás salinas
  • DN. TUDELA.
Actualizada 15/05/2015 a las 06:00
El ayuntamiento quiso dedicar a Benjamín de Tudela esta pequeña calle del Casco Viejo, que conecta Portal con Magallón, junto a la sede de la UNED, el 30 de septiembre de 1980.

Según detalla el historiador ya fallecido Jesús Martínez Escalada en su libro 'La historia de Tudela contada por sus calles', anteriormente era conocida como calle de La Vida y tiene la peculiaridad de que comienza y termina con sendos túneles sobre los que hay edificios.

En el lado derecho de esta calle, según añade Martínez Escalada, se encuentra el edificio más importante. Se trata del primitivo convento de las Madres Capuchinas, que hoy forma parte del Palacio del Marqués de San Adrián, sede de la Escuela Oficial de Idiomas y de la UNED.

Frente al antiguo edificio de las Capuchinas se derribó hace años una casa y un corral, dejando espacio para una plaza que ahora sirve como aparcamiento.

El viaje de Benjamín

Pero mención aparte merece quien da nombre a esta pequeña calle, Benjamín de Tudela, nacido en la ciudad en el siglo XII. Pasó a la historia por redactar la obra Libro de viajes de Benjamín de Tudela, en la que narró con precisión todo lo que vio durante el viaje que realizó para conocer las comunidades hebreas dispersas por el mundo conocido en la Edad Media. Concreta desde las distancias entre las ciudades que visitaba, como sus costumbres y la vida de las aljamas judías.

Benjamín pertenecía a la comunidad judía de Tudela, la más antigua de Navarra e inició su viaje descendiendo por el Ebro hasta llegar a Tortosa. Desde allí continuó hasta Tarragona, Barcelona y Girona antes de pasar a Francia.

Definió Marsella como una ciudad “inmensa” y luego pasó a Italia por Génova para seguir a Pisa y Roma. Allí se encontró con una grandísima comunidad hebrea, sus edificios, sinagogas y grandes recuerdos bíblicos y talmúdicos.

En su viaje tampoco faltó su paso por Turquía o Grecia y, por supuesto, su llegada a Israel, donde entró por Jaifa, pasó el Monte Carmelo y llegó a Cafarnaún, antes de presentarse en Jerusalén. Una ciudad a la que define como “pequeña” y donde visitó la Torre de David.

También hace referencia a la “gran iglesia que llaman Sepulcro”, donde estuvo sepultado “aquel hombre”, forma en la que se refiere a Jesús de Nazaret.

Tras comprobar por sí mismo que la comunidad judía está dispersa por todos los países conocidos en esa época, regresó a España, donde le sorprendió la muerte sin que pudiera terminar sus exploraciones.


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