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Tudela

El 'milagro' de La Milagrosa de Tudela

Tras 20 días de encierro voluntario junto a sus 85 residentes, 22 trabajadoras de La Milagrosa cedieron ayer el testigo al resto de compañeras que permanecían en sus casas esperando su turno. La meta es seguir manteniendo el centro libre de contagios

Imagen del grupo de trabajadoras de la residencia La Milagrosa de Tudela que el lunes regresó al centro para dar el relevo a sus compañeras.
Imagen del grupo de trabajadoras de la residencia La Milagrosa de Tudela que el lunes regresó al centro para dar el relevo a sus compañeras.
Actualizada 14/04/2020 a las 06:00

El 24 de marzo, un grupo de 22 trabajadoras de la residencia Nuestra Señora de Gracia de Tudela, conocida popularmente como La Milagrosa, inició un confinamiento voluntario en el centro para proteger a sus 85 residentes, y a las religiosas que viven en él, de un posible contagio por coronavirus que, hasta entonces, no se había producido.

Durante la madrugada del lunes, 20 días después del comienzo de su encierro voluntario, este grupo de 22 trabajadoras salió del centro cediendo el testigo a las otras 21 empleadas que completan la plantilla de la residencia tudelana y que, durante este tiempo, habían permanecido en sus domicilios respetando la cuarentena.

Además, antes de ingresar de nuevo a la residencia, estas 21 trabajadoras se sometieron a las pruebas de detección del coronavirus dando todas ellas negativo.

 

LAS QUE SALEN ...

La decisión de establecer estos turnos extraordinarios de trabajo partió de la propia directora de la residencia, Begoña Moreno Valencia, quien resaltó que “fue una apuesta a ciegas que ha salido bien”. “Nos encerramos con los residentes sin que ninguno tuviéramos síntomas, pero no sabíamos qué podía pasar. Afortunadamente, durante estas 3 semanas nadie ha presentado problema alguno con lo que podemos decir que ha sido un éxito”, afirmó Moreno, quien ahora continuará con su labor desde su domicilio.

“Salir después de tanto tiempo ha sido una sensación extraña. Por una parte teníamos todos ganas de volver a nuestras casas pero, por otra parte, sabemos que nos vamos a echar mucho en falta”, indicó la directora.

Esta misma mezcla de sensaciones es la que experimentó el lunes la enfermera de La Milagrosa Alicia Godoy, una de las 22 trabajadoras que salieron del centro. “Han sido 3 semanas muy duras de trabajo, pero a la vista está que ha merecido la pena. Ningún trabajador ni residente se ha contagiado, y esa es la prueba evidente de que la decisión de la directora fue muy acertada”, explicó Godoy, natural de Andújar (Jaén) pero vecina de Tudela desde hace 10 años.

Por su tarea como enfermera, Godoy ha estado estos 20 días alerta de cualquier pequeña evidencia de contagio que pudiera darse en el centro. “En cuanto alguien tosía, iba de inmediato a tomarle la temperatura y a comprobar que respiraba bien para, posteriormente, dar cuenta de ello a la médico. Hemos tenido todo muy controlado”, afirmó.

La sanitaria regresó el lunes a su domicilio donde, ahora, continuará con su particular confinamiento domiciliario. “Vivo sola, con lo que voy a echar mucho de menos a mis compañeros y el cariño que, día a día, nos han dado los residentes. Pero ahora toca quedarse en casa y ser tan responsable como lo están siendo la gran mayoría de tudelanos”, dijo.

 

...Y LAS QUE ENTRAN

Entre las 21 trabajadoras que el lunes regresaron a su puesto de trabajo en la residencia de La Milagrosa se encontró la vecina de Ablitas Sandra Urzainqui. Reconocía encontrarse “algo nerviosa” ya que, como apuntó, “el modo de trabajo ordinario se ha modificado para poder dar respuesta a esta situación”. “Estoy contenta por poder volver con mis compañeras, pero a la vez triste, porque fuera dejo a mi marido y a mi hija de 11 años. Hace unos minutos mi pequeña me ha llamado llorando preguntando cuándo volveré”, afirmó Urzainqui, quien trabaja como cuidadora en La Milagrosa.

Nada más entrar en el centro, pocos minutos después de las 7 de la mañana, el grupo de trabajadoras fue recibido por los residentes “con todo el cariño del mundo”. “Se notaba que tenían muchas ganas de vernos y, alguno, incluso quería darnos un achuchón, pero pronto han entendido que, por ahora, nada de abrazos”, señaló la vecina de Ablitas, quien tiene muy claro cuál es el objetivo con el que el grupo de trabajadoras entró el lunes al centro. “Nuestras compañeras nos han dejado una residencia con cero contagios, y nuestra meta es que, cuando nosotras salgamos, todo siga así”, apuntó Urzainqui.


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