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SEGURIDAD

Rescate subacuático en Alloz

  • Esta semana un equipo del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil ha realizado una sesión de entrenamiento en el embalse de Alloz

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Uno de los buceadores del grupo del GEAS con sede en Logroño en plena inmersión de entrenamiento, mientras el compañero espera su turno. MONTXO A.G.
  • R.A. . LERATE
Actualizada 02/09/2011 a las 02:16

IMAGÍNESE a veinte metros bajo el agua, casi en completa oscuridad. Con una mano se sujeta a un cabo guía a lo largo del cual va avanzando, mientras que con la otra palpa el suelo para tratar de localizar un cadáver. Una tarea muy difícil y también psicológicamente dura. Es el trabajo que realizan los buceadores de varios cuerpos y en concreto también los del GEAS (Grupo Especial de Actividades Subacuáticas) de la Guardia Civil, que esta semana tuvieron una sesión de entrenamiento en el embalse de Alloz.

La puesta a punto es imprescindible tras los últimos incidentes. En cuatro días se ahogaron dos personas en Navarra, un joven el 20 de agosto en el embalse de Eugi y otro en el Arga en Peralta el 23 de agosto. Casi sin solución de continuidad, el 27 de agosto, se ahogaba otra persona en una balsa de riego en Igea (La Rioja) y a los pocos días, en la noche del 30 de agosto, un bebé fallecía al ser arrojado por su padre al río en Logroño.

Todos estos sucesos entran dentro del ámbito de actuación del grupo del GEAS con sede en Logroño, compuesto por seis personas, un sargento y cinco agentes, que se encargan de las misiones subacuáticas de este cuerpo no sólo en La Rioja, sino también en Navarra y en el País Vasco. De hecho, los guardias que se entrenaron esta semana en Alloz habían realizado días antes la recuperación del cuerpo de Igea e intervinieron también en el caso del bebé.

Su última búsqueda en Navarra también es reciente. Fue en primavera en San Adrián, cuando un vecino de Calahorra de 15 años fue hallado el 29 de abril a los tres días de morir ahogado en el Ebro. "Aproximadamente a los tres días el cadáver debiera haber salido a la superficie, pero en este caso no lo hubiera hecho, puesto que estaba atrapado entre unas piedras", explica Carmelo Calonge, uno de los agentes que participaron en el entrenamiento, junto con el sargento Constantino Gago, Federico Melero y Domingo Peña. Cuatro de los seis miembros del grupo están cada día de servicio.

La zona que tienen encomendada presenta dificultades especiales. "En el mar, la visibilidad es muy grande y se pueden batir grandes áreas en poco tiempo. Los cauces aquí, en especial el Ebro, tienen mucho barro en suspensión, lo mismo que los pantanos y balsas, por lo que nuestra labor se realiza casi siempre a oscuras", explica el sargento. Sólo en algunas zonas del Ega y el Arga las aguas son más claras.

La oscuridad implica un sistema de trabajo y entrenamiento más arduo. Con la ayuda de "filieres", o cabos lastrados desde la lancha neumática se marca una calle de un metro de ancho. Los buceadores la peinan con sus propias manos. Después, se marca otra calle un metro más allá. Y así sucesivamente. Hasta que aparece algo. ¿No se puede hacer la luz allí debajo con una linterna para avanzar más? "Imposible, las partículas de barro hacen rebotar la luz", explica Federico Melero, el veterano del grupo, en el que lleva desde el año 1981.

Un punto de referencia

"Es muy importante cuando llegamos al lugar de un suceso que haya testigos que nos puedan orientar sobre el lugar en que ha caído la persona accidentada. Si no, las posibilidades de localización se reducen mucho", indica Constatino Gago. Los grupos del GEAS (hay 23 en toda España) realizan muchas más funciones que la localización de ahogados o accidentados.

Pero es ésta por la que siempre les preguntan. "Muchas veces nos dicen: ¿no es triste un trabajo en el que lo que se busca es un cadáver? Fríamente, quizá sí. Pero cuando ves a la familia o los amigos, a los que sólo la recuperación del cuerpo les mitiga un poco la angustia, te das cuenta de que también es importante hacerlo", añade Gago.

¿Y la impresión de darse literalmente de bruces con un cadáver? "Cada vez que te sumerges piensas en eso, en el susto que te puedes llevar. Pero curiosamente cuando pasa sólo sientes el alivio de que la tarea ya ha llegado a su fin. Una especie de "¡ya está!". Pero en el caso de que el cuerpo sea el de un niño la sensación de pesadumbre es indescriptible", relata Domingo Peña, que participó en la búsqueda de la niña que cayó al Arga en Berbinzana en 2007.

CÓMO EVITAR ALGUNOS DE LOS ACCIDENTES

CONSEJOS

"Para evitar muchas muertes accidentales en ríos y pantanos a veces sólo es necesario un poco de sentido común", indica Constantino Gago.

1 No utilizar una zona de baño natural sin saber nadar. "Parece obvio, pero ha sucedido en varios de los casos de los últimos meses, desde el de San Adrián al más reciente de Igea".

2 Pedir información sobre la zona. "Si no se conoce la zona de baño en cuestión, siempre es posible preguntar a la gente de la zona qué áreas resultan peligrosas y cuáles no".

3 Ir acompañado. "Resulta vital primero a la hora de poder recibir un auxilio rápido, para indicar dónde ha desaparecido la persona en caso de que aún se pueda rescatar o, en última instancia, recobrar el cuerpo".

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