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DEPORTE EN FAMILIA

Papá es el entrenador de mi equipo

  • Hoy arranca una serie de reportajes con familias que comparten juntos en su tiempo de ocio la misma práctica deportiva, unos lazos que se potencian así fuera de casa y que pueden también estrecharse desde la gestión de un club.

  • M. M. E. . ESTELLA
Actualizada 28/01/2012 a las 00:03

EL le sigue llamando papá, tiene ocho años, pero la relación cambia cuando Juan Diego Rodríguez Lázaro entra en el campo de Merkatondoa para entrenar al equipo en el que juega su hijo. Éste, Guillermo Rodríguez Sanz, le tiene más respeto en este ambiente. Sobre la hierba es el entrenador, a quien hay que hacer caso y escuchar.

Lo sabe, aunque tenga que aguantar castigos que sí son de padre porque Juan Diego, aunque lo intenta, no consigue tratarlo igual. "Le exijo mucho y me enfado y sufre más veces las consecuencias que el resto de sus compañeros". Pero, aún así, que no le digan que su papá no va a entrenarle más en el Izarra. Él se siente muy bien, muy protegido. "Y yo también, es un aliciente más entrenar a mi hijo. Estoy muy a gusto", aseguró Juan Diego Rodríguez, vecino de Estella de 37 años.

El pequeño, de 8 años, ha heredado su afición a este deporte. "Es muy futbolero", ratificó. Ha crecido con un balón en los pies. Ha pasado muchas tardes viendo a su padre jugar con el primer equipo del Zalatambor o con el Arenas y yendo de su mano a ver más partidos. "Es mi reflejo", aseguró. Y también en el campo. "Un poquito chupón como yo. ¡Cuántas veces me han dicho a mí vamos a sacar un balón para ti y otro para el resto! Y ahora les digo yo, como entrenador, eso de controla y pasa, algo que nunca he practicado", ríe.

Y eso cuando lo saca al campo porque si alguien tiene que quedarse sin jugar más tiempo lo hace su hijo. "Yo quiero repartir los minutos, pero muchas veces he tenido hasta 16 jugadores y siempre hay alguno que sale más tiempo que otro. Entonces, peco más por dejar a mi hijo en el banquillo que a otro. Me lo dicen hasta los padres", indicó.

Un grupo de amigos

Con ellos han creado una pequeña cuadrilla. Es el grupo de amigos del fútbol. Y es que Juan Diego Rodríguez es más que un entrenador en el campo. A Merkatondoa llega con su furgoneta de seis plazas, casi siempre, llena. Recoge a su hijo al salir de clase y a dos, tres o cuatro más. "Yo lo hago encantado. Me gusta el fútbol y el grupo que tengo porque se portan muy bien aunque me agoten algún día y me hagan chillar o ponerme serio", dijo. Y estas reglas también llegan a casa, donde Juan Diego Rodríguez continúa la formación futbolística de su hijo. "Hablamos, comentamos los partidos, le explico conceptos. Él entiende, tiene criterio en el campo", aseguró.

Ésta es la cuarta temporada que tiene a su hijo en su plantilla, en la del benjamín C. "Lo cogí con cinco años. Juan Bermejo, entonces coordinador del Izarra, me lo planteó e hicimos el grupo", recordó. Él se divierte. Está a gusto. Se siente en familia.

Y es verdad porque a su vínculo directo con su hijo, en Merkatondoa se une también el trato con nueve sobrinos que pertenecen al mismo club. Son los hermanos Iker, Aingeru y Edurne Rodríguez Astarriaga; los también hermanos Roberto, Mario y Guillermo Aznárez Sanz más Javier, Juan y Pablo Barrera Vilariño. "En mi familia está muy arraigado esto del fútbol. Nos une. Nos cruzamos continuamente unos con otros en Merkatondoa y con mi hermano Aingeru más porque, por primera vez, competimos en el mismo equipo. Yo estoy muy contento", comentó Iker Rodríguez Astarriaga, de 15 años.

En Merkatondoa

Él no ha sido nunca pupilo de su tío. No así Mario y Guillermo Aznárez Sanz, a quienes entrenó cuando militaban en prebenjamines. "Ahora a Mario y a Guillermo los llevo a entrenar. Al primero los lunes y al segundo lo recojo los viernes y algún que otro miércoles", dijo. Además, él y su hijo suben también a Merkatondoa los fines de semana, los días de partido, para animar a sus familiares. "Muchas veces nos vemos hasta cuatro partidos seguidos", aseguró.

Pero el resultado es secundario. Así lo cree su hijo. Es, al menos, la lección que él le ha enseñado. "A mí me gusta mucho el fútbol y lo importante es aprender y pasarlo bien. Yo lo consigo, con el grupo de amigos que tengo en el equipo y con mi padre como entrenador aunque sea muy exigente conmigo. Es normal porque él quiere que haga bien las cosas", comentó Guillermo Rodríguez Sanz.



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