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Las ardillas llegadas del otro lado del río

  • Hasta hace poco, para ver estos roedores rojos en Estella había que subir a los altozanos que la rodean como Santa Bárbara. Pero han encontrado en el parque urbano de Los Llanos su nuevo hábitat. La pregunta es: ¿cómo llegaron?

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Una ardilla cruza el césped junto a la campa del parque de Los Llanos ayer por la tarde. M.M.
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Manolo Escobar Suárez acude todos los días a llevarles comida. M.M.
  • M.M. . ESTELLA.
Actualizada 08/10/2011 a las 01:01

JESÚS Arbizu Soto, de 48 años, recuerda que de niño veía desde la orilla urbana del río Ega a su paso por la entonces playa fluvial en el parque de Los Llanos a muchas ardillas descender entre los árboles del diapiro que encajona la otra ribera. "Pero nunca en Los Llanos". Hasta ahora. Este verano, los paseantes habituales de la zona verde de Estella se han familiarizado con la presencia de las ardillas que, según calculan desde la brigada municipal de Servicios, forman una colonia de una decena de ejemplares.

Pero hace cinco años, verlas era casi como encontrar un trébol de cuatro hojas, una suerte. "Había una o dos, no más, y era muy raro descubrirlas. Pero se han reproducido con bastante rapidez y ya te las puedes topar repartidas por todos los Llanos. Aunque hasta hace poco su lugar más estable eran los nogales que circundan la zona de los chalets", dice Manolo Escobar Suárez, de 69 años, y una de las personas que les deja comida a pie de los árboles.

"Es que me gustan mucho los animales y pensé que en invierno sin mucho alimento podrían morir, así que les traigo nueves y otros frutos secos. No son como los patos que enseguida identifican a quién les trae la comida. Pero si al principio nada más verme trepaban a lo más alto de los árboles, ahora al menos se quedan quietas en el suelo. Eso sí, a una distancia prudencial", comenta este vecino de Estella.

Otra de las habituales en este "avituallamiento" es Mari Carmen Rada, de 61 años. "Paseo mucho por Los Llanos y me hizo ilusión cuando comencé a verlas por primera vez porque todo lo que sea mejorar la fauna del parque me parece perfecto". Esta vecina de Estella les trae su ración de frutos secos durante el invierno. "En verano tienen más recursos. Se podrían alimentar perfectamente con lo que algunos dejan en los bancos", comenta. Y añade que una vez le tocó incluso ver a una ardilla acarreando a su cría. "Era una estampa preciosa, con el animal corriendo y en la grupa el pequeño".

Por la mañana

Los habituales del parque de Los Llanos saben que la mejor hora para verlas de cerca es sobre las nueve de la mañana. "Es que hasta parece que posan. Se ponen junto a los nogales casi en fila india mientras van devorando las nueces", comenta un acompañante de Jesús Arbizu Soto. "Por las tardes, en cambio, es muy difícil. Yo creo que les asusta el mayor trasiego de gente con el consiguiente ruido", aventura Manolo Escobar.

Y ahora lo que muchos se preguntan qué impulsó a las ardillas a cruzar el río hasta el parque de Los Llanos. "El tiempo está tan loco que cualquier cosa les ha podido influir. Y quién sabe si incluso las han podido introducir. Basta con dejar un par de ejemplares para formar una colonia", dice Jesús Arbizu.

No interfieren en el hábitat

El jefe de la brigada municipal de Servicios, Paco Arbizu, indica que la presencia de estos roedores en el parque de Los Llanos no supone un peligro para el hábitat de la zona. "Es una especie autóctona que sí está presente en los bosques y montes cercanos. Se alimenta de nueces y de frutos secos que, en el parque, ni tienen que buscar porque se los proporciona la gente", indica Paco Albizu. La brigada no ha detectado su presencia en otras zonas de la ciudad. Y es que, si quizá se atrevieron a pasar el río, cruzar la travesía que separa el parque de Los Llanos con el casco urbano les supone un peligro mayor. "Dicen que también hay en Valdelobos, pero nunca las he visto", dice Manolo Escobar.

LA ARDILLA ROJA

1 Subespecies. En la Península Ibérica hay presentes seis de la ardilla roja: alpinus, de pequeño tamaño, de la zona de los Pirineos. Infuscatus, la de mayor tamaño, en Madrid, Ávila, Segovia y Valladolid. Rufus, en el valle del Ebro; Hoffmani, con cola blanca en Murcia y Almería. Numantius, de menor tamaño que la Infuscatus, Burgos, Asturias, León, Vitoria, Huesca, Cuenca y Tarragona. Segurae, con la garganta blanca, en Albacete, Cazorla, Segura y Las Villas y norte de Granada.

2 Longitud.De la cabeza y cuerpo, sin incluir la cola, entre 19 y 24 cms. De la cola, de 15 a 20.

3 Peso. Va desde los más de 500 gramos de infuscatus, a los 200 gramos en el grupo alpinus.



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