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Santos y vírgenes para ahuyentar los males

  • El agua pasada por la cabeza de San Gregorio Ostiense se ha utilizado como plaguicida hasta en Andalucía

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Carmelo San Martín Gil, en la entrada de la parroquia que guarda a la Virgen de Los Conjuros de Abeiza. MTX

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Bendición de los campos con la cabeza de San Gregorio en la última romería celebrada en Sorlada. MTX

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Imagen de la Virgen de Codés. DN

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Actualizada 29/01/2012 a las 02:01
  • M.M. . ESTELLA

Las creencias populares, metidas en la médula durante generaciones, fueron a menos pero no han sucumbido con al paso del tiempo. Muchas de ellas se aliaron en su momento con la fe para atribuir a santos y vírgenes poderes curativos y la comarca estellesa no fue una excepción. Así, la Virgen del Rosario para los lugañeros de Arbeiza durante siglos fue la de los conjuros para las miles de personas que desde el siglo XVII han pasado por delante de esta talla del gótico tardío esperando que les librara del mal de ojo. O el poder plaguicida del agua que atraviesa el relicario de plata de la cabeza de San Gregorio Ostiense, que en 1755 llegó hasta Andalucía para terminar con una plaga.

"Dice la leyenda que fue el Papa el que mandó al obispo de Ostia, San Gregorio, a Navarra y La Rioja que pidieron ayuda a Roma para terminar con una plaga de langostas. Era el siglo XI y el enviado fue San Gregorio, que se quedó a vivir en Logroño y murió en 1050. Había pedido que su cadáver se montara en un mulo y donde cayera agotado el animal lo enterraran. Y la montura se desmoronó en Sorlada", cuenta Roldán Jimeno Aranguren, historiador y profesor en la UPNA y que ha escrito un libro sobre la figura de este santo.

"En la comarca también se le atribuye un poder sanador de males de oído y garganta, pero su leyenda transcendió como abogado contra las plagas del campo. Una fama que traspasó en el medievo las fronteras y convirtió a su cofradía en una de las más importantes de España. Ella se encargaba de gestionar el agua mediante dos modalidades, o vendiéndola en Sorlada a los emisarios de los municipios, que llegaban desde Andalucía, Extremadura o Cataluña con sus cantimploras, o llevando al lugar la reliquia del santo".

Viaje por todo el país

Como se ha comentado, fueron los andaluces los que pidieron que la cabeza de plata viajara hasta sus campos devastados en 1755. Pero, como no eran los únicos con la amenaza de perder su cosecha, Fernando VI pagó un recorrido nacional que incluyó también Teruel, Valencia, Murcia, Extremadura y Madrid. "Sin duda, San Gregorio ha sido el santo navarro con más importancia por su proyección", afirma Roldán Jimeno, con el permiso, calor está, de San Fermín y su salvador capotico.

En cambio, la Virgen de los Conjuros de Arbeiza ha ejercido siempre de anfitriona y sólo durante las procesiones en honor a la patrona ha abandonado la parroquia de este concejo del valle de Allín de poco más de cien habitantes. Vecinos para las que siempre será la Virgen del Rosario y cuya devoción se ha limitado a lo religioso. "Pero tampoco les molesta aunque no hayan participado de esta leyenda. Y se sienten orgullosos de la fama que ha adquirido su patrona", asegura Carmelo San Martín Gil, un ingeniero agrícola de Villamayor de Monjardín aficionado a la historia local y que prepara un libro sobre esta figura mariana.

Florentino Ezcurra Oroquieta, un sacerdote natural de Arbeiza de 84 años, remonta al siglo XVII esta nueva atribución a la talla. "Para nosotros simplemente fue la Virgen de Arbeiza y después la del Rosario. Pero entonces comenzaron a llegar gentes de La Rioja, Álava y Aragón que le atribuían la propiedad de espantar los malos espíritus. Y posteriormente hemos visto por aquí hasta catalanes. El día en que más gente aparecía por el pueblo era el jueves de mercado de Estella, que muchos aprovechaban para visitar la ciudad y después en taxi venirse hasta Arbeiza".

Carmelo San Martín explica en su trabajo el por qué de estos nuevos atributos de la virgen. "En el siglo XVII hubo en Arbeiza un cura que, como era costumbre en la época, practicaba exorcismo. Pero sus rituales y efectividad cogieron fama y el pueblo se convirtió en un punto de encuentro para los que querían librarse del mal de ojo y de hechizos de brujería".

Quizá porque el traslado de la figura nunca fue una opción, a diferencia de San Gregorio, surgieron otras creencias. "Además de acudir a rezar a la virgen, también se extendió la idea de que cualquier objeto que pasara por delante de ella tenía el mismo poder. Sobre todo el agua. Y aún hoy te encuentras con recipientes a su alrededor", dice Carmelo San Martín, aunque el poder del conjuro perdió fuerza en la década de los 50. "Aunque todavía hoy vienen descendientes de aquellos que creen que la virgen les ayudó", añade Marcelina Zudaire Vélez, de 85 años y encargada desde hace treinta de adornar la talla. "Como todos los de Arbeiza le tengo gran devoción pero nunca le he pedido un conjuro", añade.

Contra las pesadillas, piedras bendecidas por la Virgen de Legarda

La cronista María Inés Sáinz y su marido, el pintor Ángel Elvira, de Mendavia, también sucumbieron al embrujo, pero a otro más terrenal: al del interés por bucear en estas antiguas creencias entroncadas con la religión y que se han plasmado en varias publicaciones. En su libro sobre brujería en Tierra Estella, hay un capítulo dedicado a los conjuros donde recogen el testimonio de un anciano de Sesma. "Contaba que él descendía de Mendavia y que su abuelo fue durante muchos años ermitaño de Legarda. Decía que aquel hombre llevaba por los pueblos un saco de "ruejos" bendecidos por la virgen que los vendía por 10 céntimos. Según él, servían para proteger del mal a los durmientes porque les conjuraba contra pesadillas y terrores nocturnos", recuerda.

También en sus publicaciones se hacen eco de otra creencia popular, esta ligada la Virgen de Codés. "Dice la tradición que curaba llagas, golpes, úlceras, heridas y que sanaban los tullidos a los que se les aplicaba los paños bendecidos puestos en forma de cruz y que los que supieron ampararse en Codés volvían a sus casas sin rastro de su dolencia o aliviados de sus enfermedades", añade María Inés Sáinz.

Rituales que las nuevas generaciones han desterrado y que sucumbirían al olvido si no fuera por este tipo de trabajos de recopilación, como el ya mencionado de Roldán Jimeno hecho por encargo de la cofradía de San Gregorio o el de Carmelo San Martín. "Villamayor de Monjardín y Arbeiza comparten el mismo párroco y fue él quién me propuso la idea porque sabía de mi interés por la historia pequeña de nuestra comarca. Además, los mismos vecinos le habían comentado que les gustaría conocer mejor este ritual que rodea a su patrona".

Han sido dos años de trabajo y ahora el autor busca el modo de publicarlo. "Igual me lanzo yo solo porque quiero que vea la luz. Es una manera de contribuir a que nuestro pasado no se pierda", afirma Carmelo San Martín, a quien la estrecha relación con todo lo que rodea a la virgen no le ha hecho perder la perspectiva. "¿Conjuros? Ni se me ocurre. Aunque todavía tiene ese misterio cuando la visitas y ves los cuencos de agua".

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