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EDIFICIOS CON HISTORIA

El pasado urbano que pervive en La Inmaculada

El ayuntamiento, Santa Ana y una clínica burlaron el boom inmobilario del paseo de Estella

  • M.M. . ESTELLA
Publicado el 20/03/2011 a las 02:02
El paseo de La Inmaculada constituyó en su día -y sobre todo en el tramo comprendido entre su encrucijada con San Andrés y su desembocadura en la avenida Yerri- el reflejo más urbano de una ciudad cuyo casco viejo se había quedado anclado en el medievo. Salvo excepciones, como los dos bloques de siete alturas que enmarcan la plaza de La Coronación, fue este vial el primero en acoger lo que entonces se consideraban casi rascacielos con bloques también de siete pisos. Después, seguirían el ejemplo Fray Diego y Yerri, que bordeaban la arteria principal de entrada y de salida de la ciudad del Ega. Les seguirían la estela, Carlos VII, Rocamador y Zalatambor.
Era a principios de los setenta y las huertas iban desapareciendo en La Inmaculada por el empuje del ladrillo, como también algunas antiguas casas. Pero otras burlaron la expansión urbanística y ahora constituyen los ejemplos de la Estella del pasado. Ahí queda como testimonio la casa consistorial, de planta baja más una, y el cercano colegio de Santa Ana.
Y entre ambos, como ejemplo de ese boom inmobilario el edificio conocido como de telefónica, también de sede de correos, que se eleva sobre sus siete pisos. Tras dejar atrás el ecuador de la calle en dirección a la avenida Yerri, en el número 21, sobrevive la antigua clínica quirúrgica de Simón Blasco Salas. Aunque en este caso, con los días contados para dar paso a un bloque.
Cuenta atrás para la primera clínica privada quirúrgica de NavarraEn 1916, el médico Simón Blasco Salas abría en el número 21 del paseo de La Inmaculada de Estella la primera clínica quirúrgica privada de Navarra. Aunque lo del pago no había que tomarlo al pie de la letra porque él mismo en la publicidad de este centro sanitario -habilitado en un antiguo colegio femenino religioso- aclaraba que a las personas sin recursos se les atendería gratis.
Paradójicamente, lo que ahora habla del pasado constructivo de una de las primeras arterias de la ciudad en adoptar un paisaje urbano fue en su día una propuesta pionera. En el llamado sanatorio quirúrgico y policlínica, acondicionado en un bajo de 500 metros cuadrados de un edificio de otras tres plantas más (éstas se destinaron a viviendas), ejercía también como director su suegro Marcelino Llorente Ulibarri, especializado en obstetricia.
"En este sanatorio que responde a las necesidades de la cirugía moderna se practica toda clase de operaciones quirúrgicas. Se halla emplazado en el lugar más pintoresco y sano de Estella, en el Paseo del Andén; y cuenta con gabinete de rayos X; laboratorio de análisis clínico; servicio facultativo permanente, enfermeros de ambos sexos, extenso jardín, etc.", rezaba el catálogo editado para anunciar la clínica.
Y desde luego en una Estella entonces más rural que urbana constituía una gran novedad una sala de partos atendida por médicos cuando la costumbre era dar a luz en casa con comadronas. Aún, en el aparcamiento de zona azul al que asoma la parte de atrás del edificio, se pueden apreciar las baldosas que recubrían la zona de obstetricia. Tras las ventanas que asoman al paseo de La Inmaculada se cobijaba la sala de rayos X, otra importante novedad para la época.
"Hombre del Renacimiento"
Nacido en Pamplona en 1885, estudió Medicina y se especializó en cirugía en la Universidad de Zaragoza. Sus primeros pasos profesionales fueron en Milagro, de donde se trasladó a Allo. Pero la actividad de médico de cabecera se le quedaba pequeña por lo que decidió fundar esta clínica, que compatibilizó con su puesto de médico titular de Estella (también de la plaza de toros, como gran aficionado que era) y su faceta de escritor y productor cinematográfico.
Aún en Estella se recuerda a este hombre cercano, con un gran sentido del humor y al que en el libro editado en 1997 por el Ayuntamiento de Estella como homenaje póstumo a su figura el médico José Antonio Andonegui Oteiza le define como "un hombre del Renacimiento". Entre sus fotografías y escritos que detallaban minuciosamente sus operaciones más complicadas, se entremezclaban los artículos para La Merindad Estellesa, de la que fue fundador, y los guiones para la productora Trébol Films que fundó en 1944 con otros 21 accionistas y bajo cuyo sello se rodaron películas como El sobrino de Búfalo Bill, La gitana y el rey, o "Luis Candelas, el ladrón de Madrid.
Quizá fue esta faceta la que más quebraderos de cabeza -y también económicos- le produjo aunque nunca renunció a esta afición casi convertida en otra profesión. Tras disolverse la sociedad, siguió en su empeño y fundó entonces Navarra Films; en 1951 rodarían A dos grados del Ecuador.
Quién sabe si la directora navarra Helena Taberna decidió en 1993 emplazar parte de su rodaje de Emiliana de Zubeldía-la compositora, pianista, directora y docente musical nacida en Salinas de Oro en 1888-en el patio trasero de la clínica como reconocimiento a la labor de este médico.
Para entonces, la antigua clínica se había convertido ya en vivienda familiar de sus descendientes que aún disfrutaron de un amplio jardín que se extendía hasta la pared del final del actual aparcamiento. En 2002, la familia decidió vender el inmueble a una constructora. Los planes de futuro pasan por la demolición del edificio en el que Simón Blasco Salas falleció en 1968.
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