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FIESTAS DE LODOSA

Dos heridos por asta en el toro ensogado

  • El donostiarra Teo Lázaro fue corneado en el muslo y zona perianal y Begoña Armentia, de Lodosa, también en el muslo

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Begoña Armentia Alonso salió despedida por el aire tras la cogida del toro como puede apreciarse en esta imagen. J.A. VAQUERO
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Carreras por la mañana delante de Carretón al que, se ve en la fotografía, siguió numeroso público. J.A.VAQUERO
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Teo Lázaro, en el centro con camiseta de Osasuna, el sábado. J.A.VAQUERO
  • M.M./J.A.VAQUERO . LODOSA
Actualizada 19/09/2011 a las 09:45

Oloroso, un ejemplar negro de 560 kilos, escribió ayer en Lodosa la nota amarga de la tradición del toro ensogado con dos heridos por asta: Teo Lázaro Armendáriz, de 37 años y de San Sebastián, que recibió una cornada en el muslo derecho y la zona perianal, y Begoña Armentia Alonso, vecina de la localidad ribera y de 52 años, con otra también en el muslo, aunque en su caso en el izquierdo.

A ambos, tras una primera cura de urgencia de Cruz Roja y su posterior traslado al centro de salud lodosano, se les derivó al hospital. El hombre a la antigua residencia Virgen del Camino de Pamplona y a ella al García Orcoyen de Estella. El ejemplar, de la ganadería El Pincha de Lodosa, protagonizaba la sexta salida del toro dentro de las fiestas de la Virgen de las Angustias, la de las seis de la tarde.

Nada más bajar del camión, el animal desveló su peligro con una arrancada rápida. Y se cumplieron las previsiones porque, además de los dos heridos, Cruz Roja tuvo que atender a otros seis corredores más, de los que tres también precisaron atención del centro de salud. El astado se dirigió hacia la carretera de Cárcar controlado por los sogueros y bordeó las riberas del río Ebro. Después, siguió por la travesía hasta que a la altura de El Paseo cogió a Teo Lázaro, un habitual de esta tradición y gran aficionado al mundo taurino. De hecho, es comentarista en Canal 4 de los encierros de Pamplona.

"Gracias a la virgen"

Tras dejar El Paseo, Oloroso se dirigió hacia la avenida Navarra donde cogió a Begoña Armentia. De nuevo se repetía la imagen de un toro parado, rodeado de gente, y que de improviso arrancó con una fuerte embestida, que levantó a la mujer por el aire más de un metro. Además de cornearle en el muslo, quedó conmocionada en el suelo tras caer y golpearse en la cabeza. Los propios corredores le llevaron hasta un portal donde recibió las primeras atenciones de Cruz Roja.

"Seguimos todavía muy asustados", decía después una de sus hijas en el Hospital García Orcoyen, donde Begoña Armentia fue operada. "Mi madre, como todo el mundo en Lodosa, estaba en la calle para ver el toro. Es algo que los vecinos del pueblo llevamos en la sangre. Que quede claro que no nos posicionamos en contra de esta tradición, pero ojalá que nadie más tenga que pasar el miedo que sentimos ahora. Y doy gracias a la Virgen de Las Angustias porque mi madre está viva", añadía la joven.

A menos Oloroso evitó a los sogueros la difícil maniobra de introducirlo al camión. El toro enfiló su camino hacia el coso y entró a la arena tras cuarenta y cinco minutos de recorrido por las calles lodosanas en las que, como marca esta tradición, sólo hay un vallado: en la zona de salida junto a las gradas instaladas al lado de la iglesia.

Un coche y un banco

Por la mañana, Carretón, un ejemplar de 540 kilos de la ganadería Corbacho Grande (Cádiz), aunque provocó seis atenciones por parte de Cruz Roja no pasaron de rasguños y contusiones. La fuerza del animal, que por cierto ni olió el centro sino que optó por recorrer las calles más limítrofes, dejó su huella en un coche en la avenida de Diputación y en un banco junto a la casa de cultura.

"Ni tan siquiera se ha cebado, ha sido de un arranque que ha tirado un árbol pequeño y ha metido un cuerno por el foco", decía Ángel Ezquerro Marrodán, de 73 años. "Lo he visto todo del balcón porque a mi edad más me vale no pisar la calle. Pero cuando era joven por supuesto que corría; es que será difícil encontrar a alguien de Lodosa que no haya participado alguna vez en el toro con soga", añadía.

En esta ocasión, los sogueros intentaron sin éxito meter el animal al camión después de tres cuartos de hora de paseo por las calles (había salido a la una y cuarto después de la procesión). Y lo consiguieron en torno a las dos de la tarde. "Parecía cansado pero cuando arrancaba tenía peligro. Mucho también porque había demasiada gente y no ves por donde puede venir el toro", apuntaba José Alberto Erául Mecoleta, de 42 años y de Sesma.



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