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Celebración

Hechizos y magia en el mercado de la Semana de la brujería de Bargota

Escenas, rincones y personajes ambientados en torno al brujo Johanes sorprendieron a los visitantes

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Hechizos y magia en el mercado de la Semana de la brujería de Bargota
  • Susana Esparza. Bargota
Actualizado el 22/07/2015 a las 06:00
Bargota demostró el domingo su capacidad de organización en la cita estrella de su Semana de la Brujería. Un año más, y ya van once, los 295 habitantes que residen esta pequeña localidad de Tierra Estella se multiplicaron por diez. Más de 3.000 visitantes acudieron al mercado instalado a lo largo de todo el centro urbano, ambientado con actuaciones y con más de una veintena de rincones temáticos ubicados en las bajeras y portales de la casas, con la historia del brujo Johanes como único hilo conductor. El personaje y clérigo más ilustre de la localidad inspira este programa impulsado por el consorcio turístico con el apoyo del Ayuntamiento, la asociación El Brujo y otros colectivos locales, como el grupo de teatro Garañango.

Pendones, estandartes, aperos y 23 escenarios ambientaron las calles, con paja en el suelo del recorrido, desde el inicio en la calle Barrililla, donde la voluntaria Ana Pildain, vestida como sus vecinos con indumentaria de la época, indicaba a los visitantes la ruta a seguir entorno a la feria. Claribel Amatriain Sáez-Díez y Noelia y Ana Merino Amatriain, madre e hijas, transformaron la casa familiar en el escenario de un aquelarre. En la planta baja del inmueble, símbolos, animales, fogones y mobiliario con todos los detalles retrocedieron a los visitantes hasta el siglo XVI.

Otras tres vecinas, Marisa Fernández Vicente, Lourdes Llorens García y Pili Hernández García, mostraron cómo discurría la vida social de las mujeres y cómo desempeñaban las labores del hogar, preparando -a la antigua usanza- algo tan lejano hoy como el jabón. También ofrecieron arrope. “Es un mosto elaborado con nueces almendras y piel de naranja. Era la merienda habitual en nuestra infancia”, explicó Marisa Fernández.

BODEGAS SUBTERRÁNEAS

A pocos metros la visita continuó con un recorrido subterráneo por una de las antiguas bodegas de sillería. Bajo el suelo, la estancia de la familia Aranzari se convirtió en un oasis de temperatura que en el exterior alcanzó los 33 grados. Blanca Llorens García, Mª Mar Ruiz de Larrinaga y Tere Dublán Zúñiga ofrecieron a los turistas un maridaje del vino de la casa con guindillas. “La gente nos pregunta cómo se puede mantener esta temperatura a tan solo un par de metros del exterior. Cogen aliento, prueban el vino y siguen el recorrido. Responden muy bien a la oferta”, valoró Blanco Llorens.

FÁBULAS Y LEYENDAS

La siguiente parada llevó a los visitantes a la calle Juan El Lobo. El rincón de la matanza, donde se ofrecía picadillo, cacharrerías y titiriteros abrieron paso a otro escenario protagonista. La casa y la alcoba de Johanes fue un reclamo constante de curiosos por conocer más sobre la leyenda que envuelve a este personaje. La vecina Mila Hernández García se encargó de narrar alguno de las historias que rodean al brujo. “Según la fábula, Johanes se quitaba la cabeza para dormir. Un relato cuenta que en una posada de Pamplona, durante las fiestas de San Fermín, asustó así a un clérigo y a su sobrino que salieron corriendo de la hospedería”, contó.

La inquisición y sus instrumentos de tortura también tuvieron su espacio en la plaza del Olivo junto a corrupiés y sabios de la lectura de manos. Un goteo constante llenó sobre la una de la tarde la plazoleta que en uno de los extremos exhibió los vestigios del aquelarre que tuvo lugar la noche del sábado. La recreación se celebró en las mismas calles que el domingo acogieron el mercado, que se prolongó hasta primera hora de la tarde, con la oferta de puestos de artesanía y productos de alimentación.
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