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Granja

Un proyecto familiar crea en Lezáun una granja escuela con 50 especies

Basabere, con animales de los cinco continentes, es una idea para educar en el medio ambiente de Mikel y Ángel San Martín

Un proyecto familiar crea en Lezáun una granja escuela con 50 especies
Los dos promotores,Ángel y Mikel San Martín Núñez junto al estanque que da acceso a su granja.
Montxo. A.G
  • M.P.Amo. Lezaun
Actualizada 16/02/2015 a las 06:00
Un proyecto con dos hermanos al frente surgido de una afición infantil que tuvo siempre presente a los animales acaba de convertirse en el negocio más nuevo del entorno turístico de Tierras de Iranzu.

En término de Lezáun, en la carretera que une este municipio con Azcona y junto a la cantera familiar, Mikel y Ángel San Martín Núñez abren estos días las puertas de su granja escuela Basabere.

Fruto de una inversión de unos 100.000 euros, hay de momento cabida para medio centenar de especies. En instalaciones diferenciadas conviven patos,gallinas o caballos, pero también fauna salvaje como una hiena, canguros, la llama, la liebre de la Patagonia y el avestruz.

A inaugurarla acudieron ayer decenas de personas, desde representantes del Gobierno -el director general de Desarrollo Rural, Juan Pablo Rebolé, y la del Desarrollo de Productos Turísticos, Mamen Oroz- hasta un entorno implicado también en su idea.

A familiares y amigos -el acto reunió a media plantilla del Idoia, donde juega como portero Ángel, el benjamín de los hermanos- se sumaron los alcaldes de la zona, como la de Lezáun Goretti Ochandorena, y las gerentes de Tierras de Iranzu, Charo Apesteguía, y Teder, Cristina Roa. Junto a ellos, también sus padres, Francisco San Martín y Arantza Núñez. Para todos hubo palabras de agradecimiento.

A punto la misma víspera

Mikel San Martín explicaba que hasta la víspera estuvieron retirando con la pala la nieve que todavía blanqueaba el paisaje y algunas zonas de la granja. Pero había que marcar una fecha para ponerse en marcha y se eligió la de este ecuador del mes de febrero.

Echan a andar con una doble orientación, hacia grupos organizados, por ejemplo de escolares, de lunes a viernes y para familias o visitantes en número más reducido los fines de semana.

La escuela de Lezáun acudirá uno de estos días, algunos profesores y alumnos de Los Arcos se acercaron ya ayer aprovechando la fiesta pre carnaval y, a partir de ahí, la lista empezará a anotar centros educativos.

Los dos promotores, de 27 y 23 años, han seguido el negocio familiar. Son canteros de profesión, como su padre y su abuelo, aunque el mayor se formó como aparejador y el pequeño optó por la FP. “La granja -contaban - nace de un hobby, de una forma de vivir que se nos ha transmitido, la de cuidar la naturaleza y aprovechar sus recursos de manera sostenible con el medio”.

Así lo han hecho en su proyecto, con mucha labor manual en las instalaciones y el recurso también a materiales reciclados como los postes de viña que sirven para el cercado.

“Esto empezó en 1997 como un prado rodeado de una pared de piedra donde había dos parejas de patos regalo de mi comunión, seis gallinas y unas pocas ovejas. Luego fue creciendo con otros animales”, recordaba Mikel San Martín al hablar de lo que fue el germen de Basabere.

No se trataba de especies desconocidas ni habían llegado aún sus compañeros salvajes, pero bastaban -apuntaba- para atraer a amigos y familiares, que llegaban con sus hijos para conocerlas.

“Vimos que las nuevas generaciones tienen un acceso más difícil al medio ambiente y nos planteamos la necesidad de acercar la naturaleza a todos, sobre todo a los más pequeños”, apuntaba.

Basabere comenzó su camino en 2013, llamó a las puertas de entidades como Teder -que ha gestionado una subvención de 16.000 euros con fondos del Gobierno de Navarra y la Unión Europea- y buscó a la vez el acompañamiento de Tierras de Iranzu, que lo ha incorporado ya a su paquete de opciones turísticas.

Entre esas 50 especies hay animales domésticos, pero a la vez un espacio para ejemplares salvajes de los cinco continentes fruto del flujo entre negocios similares -como los llegados de Senda Viva- pero también chinchillas o un perrito de la pradera -roedor de las grandes praderas de Estados Unidos- que han sufrido el abandono de quien los compró como mascotas. Basabere arranca con la catalogación de un núcleo zoológico y sus dos promotores de momento como únicos empleados al frente del complejo medioambiental que se extiende a partir de un estanque hoy todavía helado.


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