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Crecen los peregrinos pero cierran negocios a pie del Camino en Estella

  • En la Rúa coinciden en este momento locales cerrados por el invierno con otros que buscan nuevos arrendatarios

Crecen los peregrinos pero cierran negocios a pie del Camino en Estella

Aún jubilado, Carmelo Boneta sigue siendo la excepción con las puertas de su taller de la Rúa siempre abiertas a turistas y peregrinos.

mONTXO a.G.
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18/01/2015 a las 06:00
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  • m.p.amo. Estella
El dato y su comprobación a pie de calle no pueden resultar más dispares cuando se trata del tramo de ruta jacobea en Estella. En un momento en el que la cifra de peregrinos que pernoctan en la localidad está batiendo su récord -según los datos aportados esta semana por los Amigos del Camino- negocios de su recorrido no han conseguido mantenerse a flote.

Con varias persianas echadas -algunas mientras buscan nuevos arrendatarios y otras con carácter estacional para retomar la actividad en primavera- la imagen de la calle la Rúa, corazón del barrio monumental y entrada jacobea a la ciudad, no pinta bien en este inicio del año.

El 2014 dejó 20.200 usuarios en el albergue municipal de la calle La Rúa que, sumados al resto de alojamientos de la red jacobea aumentada desde diciembre con la puesto en marcha en el convento de Rocamador, elevan la cifra a más de 30.000. Un paso que, si bien se detiene en los meses más fríos, no cesa desde que asoma la primavera sin responder, aún así, a las expectativas de quienes han elegido instalarse allí.

SE BUSCA OTRO ALQUILER

Un recorrido por la calle la Rúa topa primero con dos cierres. El de la antigua tienda de ultramarinos Ciriza se anuncia como temporal, hasta febrero, pero lo cierto es que su propietario, que alquiló el negocio junto al Camino tras su jubilación en 2011, busca nuevo arrendatario. Van tres desde entonces, sin que cuaje una fórmula que sí proporcionó el medio de vida a su familia durante décadas.

José Andrés Ciriza Iriarte, su dueño, mira con preocupación el entorno del que además es vecino sin explicarse muy bien esta falta de actividad. “Nosotros hemos vivido más de medio siglo de la tienda y, si aprovechas lo que tienes, puede hacerse aunque haya que trabajar muchas horas. Todo peregrino que llega lo hace por esta calle, que también tiene turismo, y eso son muchas miles de personas al año, por eso no entiendo lo que pasa”, señala.

La luz de su tienda se apagó a principios de diciembre pero ya para entonces había echado la persiana un segundo local a solo unos metros. El veterano hostelero Juan Luis Zaratiegui Luzuriaga intentó sacar adelante el restaurante La Aljama, ya con sucesivas aperturas y cierres en su trayectoria, pero duró poco más de medio año, de abril a finales de octubre. “El Camino está muy bien, un activo, pero no suficiente para dinamizar una zona y hacernos creer lo contrario es todo humo, así que nos engañen más con el tema del turismo olvidando las empresas en esta zona. Una gran parte se instala en el albergue, se hacen la compra en un supermercado, se preparan la cena y poco más gastan. Piensas que es un cliente con mucho potencial y luego no resulta así”.

Los meses en la calle la Rúa le han dejado claro que el pico estival de las peregrinaciones no proporciona margen suficiente para el resto del año. “De esos 30.000 que han pasado, yo habré dado unos 4.600 menús de peregrinos a un precio de 11 euros. La gente se iba contenta, pero los números no nos proporcionaron ese colchón que hubiéramos necesitado para el invierno”, señala.

CERRADO HASTA PRIMAVERA

En el otro extremo de la misma calle, en el número 33 que se alza frente al albergue, hay un tercer local cerrado aunque esta vez con carácter estacional. Su propietario, el estellés Carlos Casas Napal, abrió en mayo un negocio con cafetería, una parte de alimentación y venta de pan. Cerró en el ecuador de noviembre y se prepara para retomar la actividad a mediados del próximo marzo. Muy contento, con la acogida no solo de los peregrinos sino también de vecinos de Estella que acudían a su local, no bastó sin embargo para mantenerlo operativo todo el año.

Al menos en ese primer balance y a la espera de lo que le depare su segunda temporada para contar con una visión más completa. “A partir del Pilar, el peregrino desaparece y, sin eso, el invierno no sale aunque fueron meses en los que estuve encantado y trabajé muy bien. Llegamos a estar cinco para cubrir todas las horas posibles del día, desde las seis de la mañana hasta las 11 de la noche y la madrugada en fines de semana”, explica. Pese a que en su caso no hay por medio alquiler porque se trata de un local de su propiedad, coincide con otros compañeros de zona en que no “es oro todo lo que reluce” ni lo que el peregrino gasta resulta suficiente como fuente de ingresos.
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