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TIERRA ESTELLA

La cocina como llave para ganar autonomía

  • Seis alumnos ponen la cara menos conocida al Politécnico de Estella. En su formación como ayudantes de oficina, la cocina es la columna vertebral

La cocina como llave para ganar autonomía

Los seis alumnos del programa de cualificación profesional con su tutor, José Ramón Erdozáin, en una de las aulas.

montxo a,g.
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09/01/2015 a las 06:00
  • m.p.amo. Estella
Seis alumnos encarnan el rostro menos conocido del CI Politécnico de Estella. El mismo centro que oferta los ciclos de grado medio y superior de la FP pone a su alcance un Programa de Cualificación Profesional Inicial, una rama de educación especial de la Formación Profesional a la que se deriva este curso un grupo de procedencias variadas. Son estudiantes con discapacidad psíquica ligera que acuden desde Obanos, Viana, Los Arcos, Lodosa y Ayegui para adquirir competencias profesionales como futuros ayudantes de oficina. En las aulas habilitadas en el Politécnico para esta oferta se preparan no sólo para la familia administrativa. También para su integración plena con mayor autonomía posible. Y ahí, en ese camino, la cocina está desempeñando un papel fundamental. En el taller organizado como complemento a su aprendizaje Silvia Acedo, Alejandro Estella, Alba Feliu, Marina Irure, Ana María Torrano y Josetxo Urío no solo entran en contacto con recetas y menús. Lo hacen con compras, con el manejo de la moneda y con la elaboración de productos que tienen luego una salida comercial.

El programa -responde a las siglas PCPI especial- ocupa la antigua residencia de las monjas, que se ha ido adaptando con el tiempo a las distintas necesidades del centro. En ellas este proyecto se desarrolla en función del alumnado, en este caso durante cuatro cursos periodo de prácticas incluido. Un primer contacto con el mundo laboral que llevó a los alumnos durante un mes a prestar apoyo en ayuntamientos como Allo y Puente la Reina, en el IES Tierra Estella, en Mancomunidad de Montejurra o en el colegio público. Experiencias más ligadas a esa formación del campo administrativo en el camino que les lleva a convertirse en ayudantes de oficina.

EL PAPEL QUE JUEGA

Del papel de un taller de cocina planteado como el eje del programa habla su tutor, José Ramón Erdozáin, maestro con la disciplina terapéutica que comparte las tareas docente en el grupo con los profesores Raquel Rived y Marcos Gómez, ambos del área administrativa. “El programa tiene dos partes, una es esa preparación profesional como ayudantes de oficina y otra todo el bloque de ámbitos, desde la comunicación al social y el científico tecnológico, en el que partió la idea de crear el taller de cocina. Nos permite muchos frentes, desde trabajar el lenguaje a través de las recetas a la autonomía de los alumnos”, explica.

Lo que aprenden no se queda solo en el aula. De elaboración propia fueron, por ejemplo, los lotes con mermeladas con los que se obsequió a los proyectos más destacados en la feria de empresas simuladas que tuvo como escenario Estella el trimestre pasado. La idea no es -subraya Erdozáin- la de comida por comida, sino la de hacer de ese espacio una herramienta útil para la vida cotidiana de los alumnos además de esa formación de ayudante de oficina.

¿Cómo se relacionan ambos frentes? “Elaborando, por ejemplo, un recetario a través de la informática. Está siendo fundamental, pero tienes que darle utilidad y la encontramos en tareas como el etiquetaje de los productos, el almacenaje, sus fichas, albaranes o la propia manipulación del dinero. Cada martes se dedican a comprar los ingredientes de las recetas que prepararán esa semana. Se distribuyen y van a comprar, lo que les permite manejarse con algo muy válido en su día a día”, responde.

Al margen de todo el contexto, un día a la semana -el jueves- se ejerce en la cocina. Y funciona porque no decae la motivación que constituye uno de los retos de un programa en el que a menudo se hace necesario un cambio de actividad. Para este grupo de alumnos acogidos a una oferta que cubre la franja entre los 16 y los 21 años ésa es una mañana dedicada a su menú según la pirámide semanal preparada antes. El que tocaba en vísperas de las vacaciones navideñas empezaba con lentejas, seguía con huevos rellenos y finalizaba con un postre de yogur que ellos mismos preparaban además de amasar su propio pan.
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