Acedo

Casetas como cuevas para los murciélagos de Acedo

  • A orillas del Ega, Medio Ambiente impulsa con este objetivo un plan para la protección de estos mamíferos

Casetas como cuevas para los murciélagos de Acedo

Los biólogos Jokin Larumbe Arricibita (izquierda) y Juan Tomás Alcalde Díaz de Cerio, en el interior de una las casetas instaladas.

Montxo A.G.
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04/10/2014 a las 06:00
  • M.P.Amo. Acedo
Casetas a modo de cuevas para conservar una de las principales colonias de murciélagos cavernícolas de Navarra en los terrenos donde hasta hace un año se alzaba la vieja piscifactoría de Acedo. A orillas del Ega, Medio Ambiente impulsa con este objetivo un plan para su protección que está dando frutos.

Donde las máquinas acabaron con las naves en las que se reproducían y criaban, se alzan hoy dos construcciones de hormigón. No son los viejos edificios con años de abandono que atrajeron a las hembras por sus condiciones similares a las cavidades naturales. Pero han logrado asemejarse y, a la vista de la respuesta, sigue siendo el lugar que buscaban.

La cercanía del río donde encuentran los insectos la base de su alimentación, la arboleda, su tranquilidad y esas viejas estructuras en desuso tan oscuras como cuevas convirtieron la zona en su refugio.

Todas las infraestructuras se demolieron a finales del año pasado para sanear un espacio que sufría el deterioro de la inactividad. Pero sus pequeños inquilinos, incluidos en el Catálogo de Especies Amenazadas de Navarra, no se han marchado gracias a un proyecto de conservación desarrollado por la Sección de Hábitats del Servicio de Conservación de la Biodiversidad.

El biólogo Jokin Larumbe Arricibita pertenece a un equipo que ha contado con el asesoramiento de Juan Tomás Alcalde Díaz de Cerio, doctor en Biología y presidente de Secumu (la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Murciélagos).


NADA AL AZAR

Una mañana en Acedo con ambos como guías permite conocer los resultados y la importancia de mantener la colonia. La forman -como explican ambos expertos- tres de las 27 especies de murciélagos que existen en Navarra -pasan del millar en el mundo- y han encontrado sustitutas a las naves en dos casetas instaladas sobre los mismos terreno, una recreación artificial que no ha dejado nada al azar. 

Ni la penumbra del interior, ni el hormigón rugoso al que se pueden agarrar ni la orientación respecto al sol. Y funciona. Este verano se han reproducido en ellas algunas de las madres, que siguieron allí luego con sus crías. Su comportamiento muestra que, aunque sean migratorias, vuelven al mismo lugar para repetir el ciclo durante años.

La existencia de la colonia se conocía, por lo que el derribo de las edificaciones llevó a la intervención del departamento de Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Administración Local del Gobierno de Navarra. Jokin Larumbe recuerda como, al plantearse qué iba a ocurrir con ellos, se pensó en un modelo de construcción donde pudieran encontrar el medio adecuado. No sólo era la primera vez que se diseñaba algo así en Navarra.

También en el resto de España, así que se partió de cero en un ensayo piloto tanto en cuanto a los materiales como al diseño. Se buscaron las fechas idóneas, se acertó en las condiciones del interior de las casetas y la querencia por el lugar hizo el resto. Alrededor de una treintena de reproductoras no tardaron en ocuparlas.

 Lo que tenían por delante eran animales vulnerables que Europa anima a proteger a los distintos países en un momento en que han visto alterados muchos de sus hábitat, desde las cuevas abiertas al turismo a las casas de los pueblos reformadas sin las grietas que fueron sus refugios tradicionales. “Estamos ante tres especies muy importantes, además, para el control de las poblaciones de insectos y beneficiosas por ello para los seres humanos pero que están en declive en los últimos 15 años”, subraya Jokin Larumbe. 

El proyecto en Acedo les ha permitido -añaden- avanzar en un mundo sobre el que están aprendiendo y garantizar un ciclo que comienza cada otoño con el apareamiento para seguir con el nacimiento en verano de las crías que, una vez autónomas, se disgregarán para formar sus pequeños grupos con nuevos ejemplares machos. Y desmitificar a la vez muchos de los datos en torno a ellas. “Ahora sabemos, por ejemplo, que una hembra tiene sólo una cría al año y, con una media de vida de unos quince, las poblaciones dependen mucho de la supervivencia de los adultos”.
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