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20 años de un museo cerrado al público

  • El Museo Etnológico de Navarra cumple este 2014 veinte años desde su fundación

Susana Irigaray (izda.) durante la explicación que ofreció al grupo en la visita del viernes.

Susana Irigaray (izda.) durante la explicación que ofreció al grupo en la visita del viernes.

m. martínez de eulate
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Actualizada 27/04/2014 a las 10:04
  • m. martínez de eulate. ESTELLA
Veinte años desde su creación y sin sede definitiva todavía. Esta es la realidad del Museo Etnológico de Navarra Julio Caro Baroja, una trayectoria llena de piedras en el camino que mantiene hoy su colección de 15.000 piezas cerrada al público en una nave del polígono Merkatondoa de Estella.

[1966] ANTECEDENTES

Julio Caro Baroja, en un simposio nacional de prehistoria, publica un artículo que recoge el primer proyecto de contenidos de lo que debiera ser un museo etnográfico en Navarra. José Esteban Uranga, director de la Institución Príncipe de Viana entonces, comisiona a Caro Baroja para que lleve a cabo esa recopilación de piezas con la idea de darle forma. "Fue el momento natural, en el periodo final de esa década de los 60 y primeros de los 70, en el que debería haber surgido el museo. Se pusieron muchas sinergias en juego, pero por distintas circunstancias no cuajó", cuenta Susana Irigaray Soto, directora del museo y jefa de la Sección de Museos del Gobierno de Navarra. Sin sede, todo se lleva a la Escuela de Peritos de Villava. Pero no queda ahí esa preocupación por constituir una colección y se siguen recopilando objetos. En los años 80 esa labor la ejerce Javier Beúnza, director entonces de la casa de cultura de Sangüesa. Con apoyo económico y encargo del Gobierno de Navarra empieza a hacerse con material fundamentalmente de la merindad de Sangüesa con la esperanza de que ese museo se concrete en el palacio de Príncipe de Viana, hoy la biblioteca de Sangüesa. Se centraliza todo allí y se traslada lo almacenado en Villava. "Entonces, por otras circunstancias, el museo tampoco se hace ahí", apunta Irigaray.

[1994] INICIO EN IRACHE

Año de creación del Museo Etnológico de Navarra. ¿El lugar elegido?: el Monasterio de Irache (Ayegui), edificio del Gobierno de Navarra a donde a finales de 1992 llegan ya todas las colecciones para zanjar esa trayectoria de indefinición de función que el cenobio había llevado desde que terminó el arriendo con los Escolapios. "El Gobierno decide que sea ahí en donde se materialice el museo. Así que con lo que van haciéndose se va llevando a Irache y también todo lo que José María Satrústegui recoge en la Sakana u otros ejemplos como la carpintería de tracción animal de Azuelo que se añaden. Se trae también lo depositado en Sangüesa", explica Irigaray.

[1993] INVENTARIO

Comienza a inventariarse la colección. "Hasta ese momento no estaba cuantificada. Había como unas 1.800 piezas venidas de Sangüesa y 300 de Bera, entre otras".

[1996] PLANTILLA PROPIA

Se convoca una plaza de técnico etnólogo, cubierta desde entonces a hoy por Susana Irigaray, para dotar al museo de una plantilla que se completará un año después con un puesto de auxiliar administrativo (actualmente lo ocupa Susana Flamarique Sendoa).

[2005] DESALOJO

El Gobierno de Navarra decide ese junio ceder al estado el Monasterio de Irache para hacer un parador nacional, el segundo de la Comunidad foral después del de Olite, un acuerdo que se hace efectivo en 2006. Son dos proyectos incompatibles y hay que iniciar el desalojo de un museo compuesto entonces ya por 12.000 piezas, centro de documentación con biblioteca y archivo administrativo. Estella, Tafalla o Bera se postulan como ciudades de acogida y finalmente el acuerdo se cierra con la primera.

[2006] A MERKATONDOA

En mayo de 2006, Cultura alquila una nave del polígono de Merkatondoa de Estella (donde continúa el museo hoy) con 2.700 m2 de espacio distribuidos en sótano, planta baja y primera y un importe mensual de 10.000 euros. Precisa una obra de adecuación con un coste de 375.000 euros que incluyó también el traslado de las piezas. "Mientras se adaptaba, en el monasterio se trabajaba en la colección. Todo llega a Merkatondoa en julio de 2007", dice Irigaray. Entonces empieza el baile de sedes.

[2007] SAN BENITO

Tras un primer estudio de sedes, Cultura elige San Benito, una opción que quedó invalidada a comienzos de 2010 cuando todos los grupos políticos del Ayuntamiento de Estella votaron a favor de convertir el antiguo convento en un centro de ocio. Así dieron la vuelta a la situación acordada en la legislatura anterior, cuando la mayoría había dado el ok a la cesión del inmueble al Gobierno para usarlo como museo.

[2010] SANTO DOMINGO

Cultura abre el foco y encarga los estudios previos para crear el museo en el convento de Santo Domingo. Sin embargo, antes de adaptarse, este espacio debe superar una etapa más compleja en su evolución: el traslado de la residencia de ancianos que alberga. Se habla de un nuevo complejo geriátrico en San Jerónimo, pero siguen sin moverse las fichas.

[2010] VISITAS GUIADAS

La exposición, cuyo grueso de sus 15.000 piezas se fecha desde mediados del siglo XIX hasta el XX, se abre al público con una campaña de visitas guiadas de marzo a octubre que continúa hoy. Se desarrollan el tercer viernes de cada mes (en mayo son dos las citas porque se celebra el Día Internacional de los Museos) con la excepción de julio y agosto. Es entonces el momento de conocer el contenido de este museo, que ya enseñó parte de su colección cuando se encontraba en Irache con ocasión de tres exposiciones temporales. "En Merkatondoa no hay espacio para exposiciones temporales ni permanentes", justifica. La biblioteca, que está dentro de la Red de Bibliotecas Públicas de Navarra como servicio especializado, sí puede consultarse los viernes de 9 a 14 horas.

[2014] VEINTE AÑOS

Se cumplen los 20 años desde la fundación del museo y el centenario de nacimiento de Julio Caro Baroja y, de momento, no se arroja nada de luz respecto a cuál puede finalmente ser su sede definitiva. "Nosotros seguimos haciendo aquí el trabajo de recopilación, conservación y documentación y seguimos editando documentales y publicaciones etnográficas. Lo que intentamos es tener una mínima vista pública, a través de la web y de las visitas guiadas, pero, evidentemente, un museo sin sede abierta al público no puede difundir su labor de la manera adecuada", asegura Irigaray.
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