semana santa

Un broche final para el recuerdo de Estella

  • El tiempo deja a la Vera Cruz brindar a la ciudad un Santo Entierro fruto de cientos de esfuerzos

La Dolorosa, de regreso a San Juan tras avanzar entre el resto de pasos en el broche de lujo de  la procesión de Estella

La Dolorosa, de regreso a San Juan tras avanzar entre el resto de pasos en el broche de lujo de la procesión de Estella

montxo a. g.
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22/04/2014 a las 06:00
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  • m. p. amo. Estella
Si de manos se trata, las que suman para sacar adelante la procesión del Santo Entierro en Estella han logrado situarla a la cabeza de las grandes celebraciones en la ciudad. Si de emociones se habla, también. Lo que la hermandad de la Vera Cruz brindó en el anochecer del Viernes Santo tiene detrás el empuje de cientos de personas -las implicadas directamente en el recorrido superaron las 700 pero hay muchas más en la retaguardia- y brilló con momentos tan intensos como el pasillo final por el que la Virgen Dolorosa alcanzó la puerta principal de la parroquia de San Juan -donde una oración ponía el broche- entre el resto de pasos procesionales.

El reloj de la iglesia marcaba las diez. Silencio y luz de las velas en los últimos instantes de un trayecto que, pese a acortarse respecto al plan previsto por las dificultades de relevar a los porteadores en el Santo Entierro, mereció la pena seguir, esta vez sin el tiempo en contra que el año pasado dejó a Estella sin procesión.

Comenzó su recorrido pasados unos minutos de la hora prevista, el anochecer que marca el filo de las ocho y media de la tarde. Poco después de las ocho los nueve pasos habían comenzado a salir desde la iglesia de San Juan para tomar posiciones en la plaza de los Fueros, el comienzo de un trayecto que siguió por las calles del Casco Antiguo -la Estrella, Chapitel, Navarrería, la Imprenta y Ruiz de Alda- hasta llegar a la calle Mayor. En el cruce con la Baja Navarra el público comprobó que cambiaban los planes. De nuevo a la plaza de los Fueros, sin avanzar hasta la plaza de Santiago como marca el itinerario tradicional que sí ha debido acortarse en varias ocasiones por la lluvia.

ENTRE DOS ALTERNATIVAS

No era el caso del sábado. Pero, aunque se contó con el turno completo de 18 porteadores que requiere cada escena, faltaron relevos para la Oración del Huerto, el primero de los pasos. La Vera Cruz se planteó entonces dos opciones. O se retiraba éste de la ruta para que aguardara al resto antes de tiempo en la plaza de los Fueros o se le mantenía con los demás pero con un ritmo más pausado y en un trayecto más corto. Lo contaba así Ignacio Sanz de Galdeano, viceprior de la Vera Cruz, la hermandad organizadora que se inclinó por esta segunda alternativa. "Cada paso -señalaba- pesa entre los 420 y los 480 kilos y hace falta gente para ir turnándose porque uno mismo no puede cubrir todo el recorrido". Se intentó paliarlo derivando hacia éste a personas de los otros pero aún así, sin ese relevo completo, no resultó suficiente y se decidió no cubrir todo la ruta por las calles del centro.

Solo quienes pasean a los pasos sobre sus hombros -40 entre los dos turnos por cada uno de los nueve- suman 360 personas. La banda de música movilizó a 60 intérpretes. Sonaron 22 tambores y caminaron descalzos arrastrando cadenas 12 penitentes. Una de ellas, una joven de solo 18 años, lo hacía por una promesa y después -decía- de una peregrinación a Javier. Las cifras de la procesión se elevan con los niños de las catequesis que encarnan al pueblo hebreo, las escenas del Antiguo Testamento, las filas de acompañantes entunicados que se colocan a cada lado, estandartes y el resto de integrantes de un recorrido que cerraron los tres párrocos de Estella, Óscar Azcona, de San Juan, José Miguel Arellano, de San Miguel, y César González Purroy, de San Pedro.

Los últimos momentos antes de salir son siempre de nerviosismo en el interior de la iglesia de San Juan. Cada prior da las últimas instrucciones en un día en el que muchos de los cofrades -hay 4.000 en la Vera Cruz- llevaban horas de trabajo. Desde el punto de la mañana comienzan a colocarse las flores que adornan cada paso y que, como otros detalles perfectamente cuidados, despiertan la admiración de quienes se apostaron en cada tramo de su trayecto. Composiciones distintas -del rojo de los claveles del Cristo con la cruz a cuestas a la combinación en blanco de La Dolorosa- que la hermandad encarga cada año a una floristería diferente de Estella. Para todos menos para un Santo Entierro sin flores y para otro de los pasos, que se adorna siempre gracias a un regalo.

En el interior del templo, con los primeros pasos ya en la calle, La Dolorosa aguarda. La recuperación de su traslado una semana atrás, el Viernes de Dolores, desde San Miguel a la iglesia donde ha permanecido estos días previos, han convertido en una de las grandes protagonistas a la Virgen, una talla de 1903 -el mismo año del que data el Ecce Homo- de la imaginería de estilo valenciano que luce manto confeccionado por monjas de clausura de un convento burgalés. El resto es de sello local porque el conjunto de su ajuar -desde el vestido a las enaguas, algunas de ellas donadas por novias de Estella- tiene detrás a modistas de la localidad. Más detalles, el del corazón procedente de un taller de orfebres plateros de Ecuador, para el paso que se lleva devociones y caminó entre el resto en uno de los momentos más solemnes.

Antes de salir, su prior Eugenio Hernández Ugarte, repasaba los detalles."El que rompe el fuego es siempre el primero. Los demás seguimos asegurándonos que se guarden las distancias y que no se rompe el ritmo", explicaba. Y repasaba el lenguaje que, a golpe de martillo sobre una chapa colocada en las andas, transmite a los entunicados qué hacer en cada momento. Dos toques para avisar parada. Otro para llamar al descanso. Y, a la inversa, de nuevo dos indican preparados para echar otra vez a andar al aviso siguiente. Veterano en la procesión, a la que se incorporó pocos años después de su recuperación en 1992, la ha llevado sobre sus hombros muchos años y él, como al resto de priores, compete buscar a los porteadores y sumar gente suficiente para asegurarse el relevo.

Dos horas después, con todo acabado y entre las felicitaciones de muchos ciudadanos, el prior Roberto Hita y otros compañeros cargaban de nuevo los pasos rumbo al Santo Sepulcro, la iglesia que los guarda entre Semana Santa y Semana Santa.
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