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Zúñiga

Escenarios de película en muga vasca

  • Conforme cumple años, Fernando Díaz valora más todo lo que ofrece Zúñiga, su pueblo natal

Fernando Díaz Gallastegui delante del viaducto del antiguo ferrocarril vasco-navarro, de nueve arcos y casi treinta metros de altura

Fernando Díaz Gallastegui delante del viaducto del antiguo ferrocarril vasco-navarro, de nueve arcos y casi treinta metros de altura

MONTXO A. G.
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25/01/2014 a las 06:01
  • M. Martínez de eulate. Estella
Discípulo de Anastasio Ochoa Ruiz, el personaje real cuyas andanzas describió la película Tasio de Montxo Armendáriz. Así se considera Fernando Díaz Gallastegui, quien muchas horas pasó con él y a quien le sedujo del mismo modo el monte que rodea a Zúñiga (el pueblo de ambos). El Ega, la naturaleza o el entorno de Arquijas; cuántas historias enmarcan estos escenarios -podría escribir otra película el propio Fernando Díaz- en compañía de aquel carbonero y cazador furtivo que, aunque le pasaba más de treinta años, le dejó las innumerables vivencias que recuerda cuando pasea, por ejemplo, por Arquijas.

DESDE ARQUIJAS

"Allí, en Arquijas, en la zona de Valderrota pasé horas con Tasio y ahora, a medida que cumplo años, valoro más todavía la fauna, la flora, las vistas que se abren desde allí". Es lo que más estima de su pueblo: la naturaleza. "Una maravilla asomarse a la muga con Santa Cruz de Campezo (Álava), al Monte Yoar, al paraje de La Dormida, a Peña Gallet o Costalera en un entorno en el que se juntan bastantes familias en romería. A Arquijas suben del valle de Lana (pueblos como Gastiáin o Galbarra) y de Santa Cruz de Campezo", precisó. A dos kilómetros del casco urbano, hace unas dos décadas que se restauró para salvar sus pinturas por las filtraciones de agua, pero la hospedería se mantiene en pie a duras penas. Es una de las tres ermitas que se conservan con la del Santo Cristo y Santa María. "San Lorenzo, que se intentó sin éxito recuperar, está en ruinas. Y lo que mucha gente no sabe: el humilladero de la carretera era un anexo de la ermita de Arquijas", añadió.

TRAZADO DE FERROCARRIL

Llama la atención este humilladero, en dirección Estella-Zúñiga, después de pasar el viaducto de la antigua línea del ferrocarril vasco-navarro. "Era una gozada pasar por encima con el tren, aunque una vez se quedaron colgados dos vagones y hubo heridos. A Zúñiga le daba mucha vida este medio de transporte. Yo lo utilicé mucho, en mi etapa de estudiante en Vitoria. ¡Cuántas travesuras hacíamos a los maquinistas e interventores! Entonces había industria maderera y éramos un pueblo de 400 habitantes y no el de los 130 que hay hoy". Desapreció el 31 de diciembre de 1967. "Se hizo durante muchos años puenting allí, pero se prohibió después por seguridad y responsabilidad. Fue una pena que la estación de Zúñiga no se restaurara como se hizo en Murieta, Ancín y Acedo cuando se creó la vía verde que tanto transitan los vecinos ahora", contó.

EL IMPULSO DESDE DENTRO

Lleva 35 años viviendo en Estella, pero en una media de cuatro o cinco días laborables por semana se le encuentra allí. "Tengo herencia de madre: gusto por la naturaleza, huerta, animales, setas… Y también soy cazador". Es miembro de la Sociedad Peña Gallet de Cazadores. "A Zúñiga voy a relajarme y a disfrutar". Y a tirar un poco del pueblo como vicepresidente de la Asociación Cultural Arquijas. "Este colectivo ha hecho una labor importante. Ahora estamos acondicionando una casa donada para crear allí un museo etnográfico. Guardamos cosas del campo y tenemos material recopilado de las diferentes exposiciones que hemos montado. Hemos publicado libros y nuestra revista. Es fundamental estar activos para que no muera todo", consideró. Y no ocurra como con los cachuelos, apuntó Díaz, esos peces de los que toman el mote los de Zúñiga.

EL RÍO AYUDA LA ECONOMÍA FAMILIAR

Últimamente no se ven en el río Ega, en cuyas orillas transitó mucho durante su niñez. "Había que ayudar en la economía familiar, nosotros fuimos siete hermanos, y durante los veranos cogíamos cangrejos para vender. Me iba con mi bocata de atún con tomate, de día y de noche, y eso me daba para comprar una bici o una carabina. Aquí nacía un cangrejo que cogía una coloración muy rojiza. La gente pensaba que los pasábamos por el sartén. Había una zona cerca de la central eléctrica que, por la composición de las rocas, le daba este tono", apuntó. Una curiosidad ésta de un pueblo que ha sido pionero en dos proyectos: la creación de la primera cooperativa agrícola en España (en 1958) y la ejecución de la concentración parcelaria. "En 1953 se hizo la solicitud, la primera a nivel nacional, pero la concesión tardó más y nos quitó el privilegio un pueblo de Soria", precisó.
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