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Legaria

Donde el río Ega hace brotar el vergel

  • En un discreto segundo plano desde la carretera NA-132-A se arrellana Legaria, una localidad pequeña de Valdega
  • Abierta y afable, se ha ganado merecida fama por sus ricas legumbres, pochas y calbotes

Lucio Muneta posa en la chopera de Legaria, junto a la zona de baño que es escenario de las tardes de verano

Lucio Muneta posa en la chopera de Legaria, junto a la zona de baño que es escenario de las tardes de verano

montxo a. g.
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04/01/2014 a las 06:01
  • R. aramendía. Legaria
Unas pocas calles, pero amplias, francas y firmemente trazadas reciben al visitante en el pequeño pueblo de Legaria, que es por añadidura uno de los pocos asombrosamente llanos de la merindad. No hay escondrijos ni recovecos y sólo el río Ega se ondula en una chopera trazada con tiralíneas tras la que se abre la fértil tierra de labor que ha sido el afán de los vecinos durante décadas. Lucio Muneta Lanz, de 44 años, hace hoy de tarjeta de visita de un pueblo en el que viven 80 vecinos durante el invierno pero que con la llegada del verano multiplica su población hasta superar los 200. Diplomado en turismo, es la persona idónea para realzarlo, y como administrativo de cuatro ayuntamientos (Legaria, Etayo, Oco y Olejua) durante seis años, quién mejor conoce el devenir diario del pueblo.

LA RIBERA LA ESENCIA DE LA LABOR DIARIA

La vega del río es el mayor tesoro de un municipio rico en legumbre, sobre todo pochas y alubia roja o calbote. Dicen las malas lenguas que los guipuzcoanos acuden aquí a comprar alubia de Tolosa a 7 euros para venderla allí a 14. Sean o no exageraciones, al final del verano los clientes fijos que acuden a llevarse los más de dos mil kilos de legumbre que se producen y todavía se vende en las casas. Aunque casi todos los vecinos trabajan la huerta, incluido nuestro guía, son pocos ya los que se dedican a agricultura. Tabaco, espárragos y hortalizas completan la nómina de productos estrella que cultivan José Antonio Manso Berrueta, Gerardo Álvarez de Eulate Lizasoain y Emilio Fernández de las Heras, a los que se añaden otros dos ganaderos, José Javier Echeverría Martínez y José Mari Ortigosa.

LA PLAZA EL ÁRBOL QUE AFIRMA AL PUEBLO

Como varios municipios del valle, Legaria todavía hoy no tiene calles, sólo cuatro barrios: Rochapea, El Monte, El Río y San Martín, por la iglesia dedicada a esta advocación. En el centro del tercero se abre la diáfana plaza con el edificio del Ayuntamiento. En el centro se yergue la figura de un árbol renovado. Durante años fue un ailanto centenario, especie exótica que en ese tiempo fue el símbolo del pueblo. Al secarse, en 2007 se taló y se sustituyó por una variedad autóctona, la encina. "Se pensó en traer una del monte para que fuese más natural, pero después se optó por una cultivada para no arriesgar", recuerda Muneta. También como administrativo sabe que la primera mención escrita de Legaria data de 1266 y que pocas referencias más hay. Si el patrimonio cultural e histórico no es lo más sobresaliente, la ausencia se compensa con la riqueza humana. Un edificio destaca en la amplia travesía, llamado "el palacio", que no es tal, sino una casa blasonada del siglo XVIII con torreón cuadrangular y arcos de medio punto por cuya puerta se asoma Blas Fernández Álvarez, propietario junto con Isabel Cisneros de Monreal de un inmueble con magnífico zaguán de labranza y escalera de piedra. En la casa de Félix Pinillos Martínez lo interesante está por dentro, no por fuera. Natural de la localidad y residente en Legazpia, cultiva la talla en madera y reúne piezas de auténtico museo.

ALBERGUE Y BAR LUGAR DE BIENVENIDA

Uno de los grandes atractivos de Legaria es el carácter afable y abierto de los vecinos, que ha mantenido viva la llama de un bar que sigue abierto y rotulado hasta en japonés para que quede claro que a todos se espera con los brazos abiertos. Tanto que una de las mayores iniciativas municipales fue la construcción de un pequeño albergue juvenil que ahora regentan Mari Carmen Echávarri Martínez, de 54 años, y Cecilio Díaz Rufo. Con su esfuerzo llevan atracciones y música al pueblo en fechas especiales, como San Martín, patrón cuyas fiestas se desplazaron a agosto. En el tintero por falta de ayudas se quedó la idea de hacer dos apartamentos de alquiler para jóvenes en un edificio municipal que aguarda mejores tiempos. No es mucha la población joven de Legaria, aunque más de un par de familias se han construido vivienda en el pueblo, que cuenta ahora con una casa rural de reciente apertura.

EL PARQUE AIRE DE CIUDAD

En el centro de la calle Rochapea sorprende la presencia de un parque longitudinal, una pequeña avenida arbolada delimitada por verjas y equipada con bancos, mobiliario urbano y columpios. "En verano y buen tiempo está muy frecuentada, pero casi no se usa en invierno", describe Lucio Muneta.
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