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Un pueblo que espera a 100 familias

  • La papelera SCA ha ofrecido a 104 trabajadores de Barcelona y Sevilla su traslado a la planta local de Allo

El colegio, uno de los servicios que más podría notar la llegada de nuevos habitantes celebró este sábado la fiesta de Navidad
El colegio, uno de los servicios que más podría notar la llegada de nuevos habitantes celebró este sábado la fiesta de Navidad
MONTXO A. G.
  • R. ARAMENDÍA. ALLO
Actualizada 24/12/2013 a las 06:01
En el colegio de Allo bullía el viernes el espíritu de la Navidad en la fiesta infantil típica de estas fechas. Es precisamente uno de los escenarios que más pueden cambiar en el pueblo gracias a la oportunidad que ahora se abre. La multinacional sueca SCA ha ofrecido a 104 empleados de sus plantas de Carmona (Sevilla) y Mediona (Barcelona) su recolocación en la papelera de Allo, con una plantilla de 250, que concentrará el "converting" (pañuelos y servilletas) de las otras dos. La suerte está casi echada, porque el plazo para comunicar la decisión terminaba esta semana que se acaba de cerrar. El resultado no se conocerá hasta dentro de unos días.
Sea cual sea la cifra de trabajadores de SCA que acepte el traslado, con 1.050 habitantes, Allo podría dar un salto de población exponencial. Todos cruzan los dedos para que así sea.

"Lo importante es que se queden a vivir aquí. La otra ocasión en que sucedió esto, con la fundación de la fábrica, se pagó a los que venían de fuera el kilometraje y eso hizo que la mayoría se asentasen en Estella, explica Mari Carmen Echávarri Martínez, de 54 años, natural de Sesma, casada con un jubilado de la papelera, madre de dos hijos, que el viernes acudió al mercado. También suspira por los contratos a los que puedan acceder vecinos de la zona. "Hay mucho paro, en mi familia tengo un desempleado y otra persona sin trabajo estable", apunta.

¿Qué ventajas puede ofrecer Allo? La fundamental, según reconocen todos, la oferta de vivienda. El Ayuntamiento no tiene un catálogo de viviendas vacías, pero reconoce que un buen número de pisos y casas no están habitados. "Aquí ha existido la costumbre de que los hijos se hiciesen casa y al morir los padres, el hogar familiar ha quedado desocupado".

La abundancia hace que sean más asequibles. "De media, 200 o 300 € más baratas que en Estella", calcula Begoña Mena Reyero, presidenta de la asociación de padres del colegio, casada con José Manuel Mayor Marín y madre de dos niños de 6 y 4 años. "No sólo las casas, la vida es aquí en general más barata", confirma esta trabajadora de hostelería, que ahora cuida personas de la tercera edad.

No se puede decir que Allo sea una localidad cerrada sobre sí misma. "Desde hace muchos años estamos acostumbrados a recibir población de fuera, sobre todo de Andalucía, en las campañas de recogida del espárrago. El ambiente que se genera en el pueblo es muy bueno. Son gente muy alegre, con otra forma de ver la vida, y eso se contagia", defiende Mena.

Casi con seguridad el primer servicio que tiene que empezar a cuadrar cifras es el colegio. Con 57 alumnos y cinco unidades, dos de Infantil y tres de Primaria, algunas clases tienen margen para acoger alumnos, pero otras están cerca del límite, por lo que es previsible que haya que desdoblar algún aula. "El problema es que no hay espacio para más clases, así que habrá que pensar en una solución", expone el granadino Francisco Javier Castro Civantos, director del colegio de Allo, que lleva ocho años en el centro. "Es algo bueno para el pueblo, pero también es posible que no todos se queden aquí, sino que se repartan por los pueblos de alrededor", aventura. Castro indica que ya ha recibido por correo electrónico alguna consulta de familias que están considerando venir.

LA ANTERIOR OLEADA

La fábrica de Allo, entonces Papelera Sarrió, abrió en 1974, fruto de una unificación de centros de trabajo. Los vecinos recuerdan que vino gente sobre todo del País Vasco que no se quedó en el pueblo. "Ahora hace años que no se paga kilometraje. Esa era otra época. En esta fábrica ha habido de todo, batallas, discusiones y huelgas, pero eso ha pasado a la historia. Para Allo la papelera ha sido algo grande. Tener el trabajo a 5 kilómetros de casa y sin gasto es algo inimaginable hoy en día", valora Alberto Portillo Garayoa, de 65 años, recién jubilado de la planta. Compartía conversación en un banco al sol con Primo Hermoso de Mendoza Garraza, de 90 años, que ha dedicado su vida a otra de las grandes fuentes de riqueza de Allo, la agricultura. "Pero somos los menos. Vas al bar y ¿cuántos jubilados del campo te encuentras? Dos. Por mí, que vengan a la fábrica no 100, sino 2.000", sentencia.

Algunos ya han llegado. Son el personal de las cinco empresas que ahora trabaja para preparar la ampliación de SCA Allo, una obra cuyos beneficios el Ayuntamiento empezará a notar de inmediato. Los dos primeros proyectos aprobados (adecuación de la nave de "converting" y obras en el edificio de oficinas) suman una ejecución material de 832.000 euros y unos ingresos para el municipio de casi 29.100 euros más otros mil euros de la nave de almacén, presupuestada en 28.809 euros, pendiente de licencia de obra.

José Luis García Muñoz, bilbaíno de 44 años, tiene todos los días a varios grupos en su restaurante, el Iraxoa, que cogió hace seis meses. "No me puedo quejar. Desde el principio he tenido movimiento y ahora más. Que venga gente va a ser bueno para todos los negocios del pueblo", dice con convicción.


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