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PAMPLONA

Los dueños de la casa incendiada en Curtidores piden una solución "digna"

  • Subrayan la pasividad del consistorio ante las denuncias por ocupación y la estricta normativa

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Foto del calendario municipal con la casa de Curtidores. IÑAKI ZENOTZ

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Actualizada 10/01/2012 a las 10:32
  • PILAR FDEZ. LARREA . PAMPLONA

"Las puertas de esta casa siempre estuvieron abiertas, sólo se cerraban por la noche, eran otros tiempos, pero fue habitada hasta 2006 y desde entonces la tapiamos tres veces porque estaba continuamente ocupada. Ha sido muy duro, denuncias y más denuncias y una estricta normativa que ha impedido rehabilitar el edificio", recuerda Montse Abaurrea Amatriain, una de los seis propietarios de la casa de Curtidores destruida por un incendio el pasado día 5, en el corazón de Pamplona.

La policía investiga aún el origen del fuego en este edificio del siglo XIX de tres plantas, 300 metros cuadrados por cada una. La familia Abaurrea pide una salida "digna" a la situación del inmueble y entiende que lo ocurrido ha sido la puntilla a una historia salpicada de sinsabores.

Tres de los propietarios se acercaron ayer hasta la casa, acompañados por otros familiares. Era la primera vez tras el incendio y en algún momento les pudo la emoción, también la rabia "por tener que escuchar que la casa estaba abandonada". "No es cierto, mis padres vivieron aquí hasta 2006, desde entonces veníamos con frecuencia, hasta que empezaron a llegar los ocupas y se apoderaron de la casa. La policía nos decía que no entráramos, que iba en nuestra contra", cuenta Montse Abaurrea.

Su prima Gema Liroz Abaurrea recuerda que pagan la contribución en el ayuntamiento y el canon de agua en la Mancomunidad.

"No eran ocupas, eran delincuentes", considera Raquel Leoz Urrutia, esposa de uno de los propietarios. "Destrozaron y tiraron puertas, ventanas, bañeras... la primera vez se tapiaron puertas y ventanas con madera, lo tiraron; la segunda vez, con ladrillos, lo mismo, y la tercera, con ferralla de obra, pero también", enumera. Se siente dolida porque las personas que ocupaban la vivienda lamenten quedarse sin techo. "El día del incendio fue terrible, decían que se habían quedado sin casa, mientras nosotros no teníamos derecho de nada, sólo obligaciones. En cada denuncia la Policía Municipal venía a desalojar y nos decía que volviéramos a tapiar, incluso comprobaban si lo hacíamos correctamente", apuntan. Subrayan que, el del jueves, era el quinto incendio desde que la casa quedó deshabitada.

La familia asegura que, en su día, tuvo varios compradores para el inmueble. "Pero se echaron atrás al conocer las normas. Al estar fuera del plan de ordenación urbana la rehabilitación tiene que respetar completamente la estructura actual de la vivienda y eso es complicado y, además, muy caro", indican. Pedro Abaurrea, otro de los propietarios, indica que pidieron presupuesto para reformar el tejado. "Costaba 200.000 euros porque es a cuatro aguas, el andamiaje tenía que ir en el cauce del río...", dice.

También ofrecieron al consistorio ideas para el aprovechamiento del inmueble, por ejemplo como albergue o como embarcadero para el club de remo..., pero ninguna prosperó. En definitiva, se ven "atados de pies y manos". "Parece ironía, pero es curioso que una fotografía de la casa esté en el calendario municipal de 2012", remarcan. El edificio tiene cédula de habitabilidad, actualmente retenida, para ocho viviendas; algunas estaban aseguradas y otras no, en algún caso porque la compañía rechazó dar la cobertura.

"El abuelo Román compró la casa en los años 20"

Construida en el s. XIX, la casa es la única que queda en pie del barrio de Curtidores, donde se trabajaban las pieles. Román Abaurrea Cía compró la casa a mediados de los años 20. Se instaló con su esposa, Brígida Aristu, y allí se criaron sus cuatro hijos, Francisca, Magdalena, María y Pedro. La familia vivió del ganado, tenían vacas, cerdos, gallinas, conejos.... Los nietos recuerdan que recorrían, cubo en mano, los bares del Casco Viejo en busca de los restos de comida para alimentar a los cerdos. Todos los hijos del matrimonio vivieron en algún momento en el inmueble con sus familias y conservan muy buenos recuerdos de su infancia a orillas del Arga. No llegaron a ver curtir pieles, pero sí elaborar barquillos en la casa de al lado, ya en ruina y derribada. "Nos dejaban untar la miel, ¡vaya bien que lo pasábamos!", cuenta Montse Abaurrea, de 47 años.

También recuerdan como una fiesta los días de riada, cuando el abuelo Román les despertaba en medio de la noche para ayudar a sacar el ganado de la cuadra.

El agua fue una constante en su niñez, y en ella la barca que el abuelo utilizaba para cruzar el Arga y el pequeño embarcadero al que llamaban Venecia y al que muchas parejas acudían para pasear un rato por el río.

La casa, dicen, siempre estuvo abierta a todo el mundo, y con un plato en la mesa. Francisca, de 90 años, es la única con vida de los hermanos Abaurrea Aristu. Su hija, Gema Liroz, que también crió a sus hijas en Curtidores, no le ha contado lo ocurrido. "No está bien y sufriría mucho con todo esto", dice. Tanto como el abuelo Román, o su hijo Pedro que nació y murió en esta casa.

El Ayuntamiento valorará los usos

El alcalde Enrique Maya se acercó el jueves hasta la casa de Curtidores. Emplazó a la familia a una reunión esta misma semana con el fin de estudiar posibles soluciones y usos para el edificio. Acudió acompañado de Ignacio Polo, concejal de Seguridad Ciudadana y el edil confirmó ayer que el consistorio estudiará todos los informes y expedientes. "No soy concejal de Urbanismo, pero personalmente y políticamente soy partidario de mantener y dar un uso al edificio, dotacional..., porque es representativo de la historia de Pamplona", precisó el edil y aportó, "sólo como conjetura": la opción de abrir en la zona un segundo paseo del Arga que enlace con la nueva zona de Trinitarios. Ayer a mediodía la familia esperaba la ansiada llamada del ayuntamiento.

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