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PILAR GÓMARA GRANADA BELENISTA

La difusora del belenismo

  • Vinculada a la asociación de belenistas de Pamplona, madre de 16 hijos y abuela de 22 nietos, con su esposo Miguel Tabar dedica horas a construir belenes. En febrero impartirán el primer curso en el valle.

Imagen de la noticia
Pilar Gómara Granada, ayer en su domicilio con uno de sus belenes. JORGE NAGORE
  • C.A.M. . MUTILVA
Actualizada 10/11/2011 a las 01:05

Los belenes son una constante en la vida de Pilar Gómara Granada (Pamplona, 1939). Su habilidad y gusto por montar la representación del nacimiento de Jesús cada Navidad le viene de familia. La afición la ha cultivado con años de dedicación, casi constante en los últimos 27 años y más esporádica antes, cuando criaba a los 16 hijos que ha tenido con su esposo, Miguel Tabar Primicia. Ama de casa y miembro muy activa de la asociación de belenistas de Pamplona, continúa implicada en el grupo. Aunque va dejando los grandes montajes a belenistas más jóvenes, sigue impartiendo cursos. El año que viene, en febrero, impartirá el primero en el valle de Aranguren, su nuevo municipio desde que en 2000 se trasladaron a vivir a Mutilva Alta. En la casa de cultura de Mutilva son ya fijas las exposiciones con sus belenes durante Navidad.

Siempre en compañía de su esposo, han recorrido Navarra, parte de España y hasta Francia o Bélgica difundiendo el belenismo y enseñando técnicas de construcción, pero también su significado religioso. Por esta dedicación ha recibido premios nacionales y regionales y ha dado cursos en Bayona y adornado las catedrales de Vic, Pamplona o Bruselas. Ella diseña y da forma a las piezas. Él se ocupa de la iluminación y las estructuras.

Su casa es un reflejo de su dedicación, con trabajos en diferentes estancias, placas de poliespán, algunas ya trabajadas y el garaje «tomado» por los trabajos. ¿Cómo empezó?

Teníamos tradición familiar. En casa siempre se ponía el Belén y también en la de mi marido. Entré en la asociación hacia el año 1983, después de que en una visita para un concurso vieran lo que hacía. Ya entonces ocupaba el vestíbulo con el Belén y trabajaba con escayola, con agua. Nunca dejé de hacer belenes para casa .

¿Cómo aprendió?

He sido autodidacta. Además, he tenido habilidad natural y espíritu para investigar con los materiales, gozo en la naturaleza y tengo visión fotográfica para luego reproducir los paisajes. Mis nietos dicen que veo belenes en todo y eso es lo que trato de inculcar a los alumnos, para que se fijen en los detalles, en los colores. Igual que hacen los pintores...

Los belenistas suelen decir que dedican todo el año. ¿Exageran?

Es así. Cuando acaba la Navidad ya estás pensando en los siguientes. Incluso cuando acabas un belén ya estás pensando en el que vas a hacer luego y en febrero empiezan los cursillos. Este año vamos a hacer el primero en el valle. Nos invitaron otras veces, pero como había cerca, en Pamplona, no lo hacíamos. Ahora que se imparten más lejos, en San Jorge, para facilitar el desplazamiento, hemos aceptado.

En su caso además compagina la práctica con la enseñanza.

Así ha sido, hemos ido por los pueblos para difundir el Belén. Ese es nuestro objetivo.

¿Qué importancia tiene para ustedes?

Es una catequesis, la proclamación del nacimiento del niño Dios, que no se pierda ese sentido. Hemos enseñado y difundido y hemos formado equipos en diferentes sitios. Nuestro espíritu es difundir y dar a conocer lo que se celebra en la Navidad. Eso es lo que nos mantiene activos y lo que nos lleva, todavía, a seguir haciéndolo, aunque vamos dejándolo, sobre todo lo que son los grandes montajes. Montamos varias veces el Belén del zaguán del Ayuntamiento de Pamplona o belenes en gran formato. Ahora vamos dejando eso porque ya no tenemos edad...

¿Y qué aceptación tienen?

En años pasados fue pero se va recuperando. Hubo años en los que no encontrabas ni figuras. Se retiraron de algunas parroquias porque se vía como algo infantil. Ahora se ha recuperado y se nota. Resurge en muchos lugares. En Pamplona las exposiciones de belenes siempre fueron masivas y es impensable dejar de ponerlas.

¿Cuántos belenes ha podido preparar en su vida?

No se me ha ocurrido contarlos, pero pueden ser más de 300. El año pasado «toqué» 14 entre los que hice, completé y ayudé.



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