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“Mi madre, con 101 años, y yo, al balcón”

Ana Arrieta Gutiérrez, de 65 años, salió junto a su madre, Leonor Gutiérrez García, de 101 y en silla de ruedas, al balcón. “Había mucho humo y hemos estado allí como una hora larga hasta que ha llegado un bombero con oxígeno. Estamos bien”

El grupo de amigos catalanes que habían venido a Pamplona para pasar el fin de semana y celebrar un cumpleaños.

El grupo de amigos catalanes que habían venido a Pamplona para pasar el fin de semana y celebrar un cumpleaños.

Actualizada 01/10/2016 a las 23:25
  • R.E.
  • C.R.
El aviso por el incendio llegó a Sos Navarra a las 6.10 horas. Menos de tres horas después, se daba por extinguido. Estos son varios testimonios de vecinos, propietarios de viviendas y un joven de 20 años que pasaba por la calle Zapatería a esa hora y no dudó en entrar al inmueble para alertar a los inquilinos.
 
“Hemos estado en el balcón y se veía mucho humo”


Ana Arrieta Gutiérrez (salió con su madre de 101 años al balcón). 

Al principio, pensó que los ruidos que la despertaban provenían de algún juerguista del piso de enfrente (apartamento de alquiler turístico) que regresaba de fiesta. De hecho, el ruido del timbre se debe a veces a una ‘confusión’ de algunos de estos huéspedes, confesaba. “Pero ayer me asomé al balcón y vi mucho humo. No se podía respirar bien. Cogí a mi madre, de 101 años y que va en silla de ruedas, y la saqué al balcón. Estuvimos allí con toallas húmedas hasta que vino un bombero con oxígeno”. Se encontraban bien, añadió. Momentáneamente, se habían trasladado al domicilio de un familiar en la avenida de Sancho el Fuerte, en Iturrama.
 
“Habíamos llegado de fiesta una hora antes”


Elías Latorre Camacho (inquilino del 2ºb).

Elias Latorre Camacho, barcelonés de 22 años, llegó junto con otros ocho amigos al piso a las 20 horas del viernes. Habían alquilado el piso a través de una plataforma para celebrar el cumpleaños de uno de sus amigos: “Sobre las 5.15 de la mañana llegamos de fiesta. Nos fuimos todos a dormir. De repente, empezamos a oler a humo. Pensábamos que alguien se había levantado y estaba cocinando algo. Pensamos que lo mejor sería ventilar. Justo cuando abrimos la ventana que da a la calle, nos entró una gran humareda. Empezamos a gritar ¡fuego, fuego! Salimos corriendo y pegando a todas las puertas. No sabemos muy bien qué ha podido pasar. Ha sido un gran susto. Gracias a Dios estamos todos bien”, relataba ayer desde un hotel de Pamplona donde fueron realojados.
 
“Intenté entrar en la casa de la fallecida, pero era imposible”
Daniel Gonzalez Gil (alertó a los vecinos).

Daniel Gonzalez Gil (Pamplona, 21 de octubre de 1995) sabe muy bien lo que es despertarse de repente sintiendo la falta de aire en sus pulmones, el humo, y el calor de las llamas en su cara. Ocurrió en su casa la pasada Nochebuena. Esa misma imagen es la que vino a la mente de este camarero del bar Gaucho de Pamplona cuando volvía a su casa de fiesta y vio cómo el primer piso del número 58 de la calle Zapatería de Pamplona ardía. Lo primero que hizo fue llamar al 112: “Justo entonces vi que salían unos chavales. Pregunté si faltaba alguien. No sabían nada, así que entré. No me lo pensé. Me acordé de lo que ocurrió en mi casa en Nochebuena y cómo casi acabamos ardiendo. Tenía que hacer algo”, explica. A través de las escalera, subió al primer piso: “Llamé al primero una y otra vez y no contestaba nadie. Tiré la puerta abajo. Fui a las habitaciones y vi que no había nadie. Salí al rellano. Entonces, ya bajaba una señora que decía que estaba su madre dentro. La puerta se abrió sola. Salió un gran calor. Intenté entrar en la casa pero era imposible”.
En ese mismo instante llegaron los agentes de la Policía Municipal de Pamplona y junto con el resto de inquilinos lo evacuaron. “Los vecinos, en la calle, me dieron las gracias. Fue todo rapidísimo. Espero haber ayudado”.
 
“Menos mal que puse una alarma anti-incendios”
Stephanie Mutsaerts (propietaria del segundo izda.)
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La canadiense Stephanie Mutsaerts observaba los trabajos de extinción y refresco con preocupación. Es la dueña del apartamento turístico del segundo izquierda, donde pasaban el fin de semana 9 amigos catalanes. “Menos mal que puse una alarma anti-incendios. Si no llegan a despertar, podría haber sido una tragedia aún mayor”.

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