Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa Boletines
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
ASENTAMIENTO ILEGAL

"No quiero problemas. Solo trabajar"

  • Asan, de 37 años, es un gitano rumano que vive con su mujer y su hijo en una de las chabolas en la trasera del Club de Tenis Pamplona

23/02/2016 a las 06:00
  • EDURNE NAVARRO. Pamplona
"No quiero problemas. En Rumanía, los gitanos rumanos tenemos problemas. Aquí, problemas. Yo solo quiero trabajo", repite insistente Asan, de 37 años, procedente de Bucarest. Mira con expresión seria y se frota las manos. Del frío, dice, y de la humedad que empapan estos días las casetas de madera donde vive con su mujer, su hijo y al menos otros cinco adultos más, junto al Club de Tenis Pamplona.

Asan viste un pantalón de pana negro, zamarra gris de cuadros y deportivas desgastadas. En un español muy rudimentario repite que quiere trabajar. "Yo limpio, recojo basura", afirma, y mira una escoba que descansa sobre una chabola de madera de unos dos metros de alto y tres de largo. Es una de las "paredes" de la habitación que comparte desde hace diez meses con su mujer Elena, de 40 años, su hijo Nicu, de 18, y dos familiares más. En el interior, frente a la puerta, una estufa devora la madera y se alcanzan a ver alfombras en el suelo y al menos dos camas.

¿De dónde han sacado los enseres? "De la basura", responde. "Todo de la basura". De eso trabaja, dice, y de la chatarra.

El asentamiento lo forman seis construcciones de madera dispuestas en forma de ele: dos de ellas utilizadas como cobertizos, una cocina y tres que se emplean como dormitorios. Allí duermen cuatro personas más, asegura Asan. No especifica más, solo aclara que también viven de la chatarra y no saben español.

Afuera, en la playa de cemento que delimitan las casetas de madera, Asan señala a su alrededor, donde se acumulan mantas y alfombras, restos de electrodomésticos, cartones, ladrillos, un cochecito y sillas de plástico, entre otros objetos.

Los vecinos han denunciado las condiciones de inseguridad e insalubridad de la zona y solicitan al Ayuntamiento que desaloje a estas personas y acondicione el espacio para que no vuelvan a repetirse asentamientos de este tipo. Incluso han publicado y compartido una petición en la plataforma de internet Change.org, que ayer habían suscrito 778 personas.

Asan muestra la cocina, a la derecha de su cuarto. Él mismo, recuerda, construyó ambos habitáculos, precariamente protegidos por los muros de un antiguo frontón junto al Club de Tenis.

"Mi mujer hizo arroz ayer", cuenta al divisarse una olla sobre la cocinilla que alimentan con bombonas de butano. Disponen además de una cajonera de madera y una mesa de plástico. En estas superficies hay platos, tazas, recipientes, botes, garrafones de agua y botellas de aceite.

¿Pasan hambre? "No, no, en Eroski compramos. Yo vendo basura y me dan 10 o 20 euros al día. Mi mujer pide en el Casco Viejo. Mi hijo trabaja, aunque quiere estudiar". Pero sí pasan frío, "mucho" frío. Se vuelve a frotar a las manos.

Prenden velas para alumbrarse y emplean garrafas de agua para beber y lavar. En ocasiones aprovechan el agua acumulada en un charco al inicio de la parcela para limpiarse.

A lo largo del camino que lleva al pequeño asentamiento tienden la ropa: pantalones, camisetas y una toalla de Winnie the Pooh, colgadas de cuerdas atadas a los árboles y sostenidas por una escalera.

¿Y cómo aprendió él español? Asan saca entonces dos pequeños altavoces conectados a un reproductor. Sostiene que escucha la radio y habla con otros compatriotas que llevan más tiempo en Pamplona. "Ellos viven en pisos, tienen papeles. Yo no", compara. "Quiero trabajar, pero me piden papeles, DNI. Mi hijo quiere estudiar, y lo mismo", lamenta.

Asan cuenta que su hija menor, Petruska, de diez años, permanece en Bucarest. La abuela de la pequeña se encarga de ella. Él afirma que envía dinero, si puede, mensualmente: "Para que estudie, coma, se vista…". Prefiere que no venga a Pamplona para vivir así. "En Bucarest está bien". Pero él no. "Por ser gitano rumano, muchos problemas con el Gobierno. Aquí, menos. Más educación". Así que vino directamente a Pamplona desde su ciudad natal, en camión.

El acceso a la parcela está flanqueado por matorrales, árboles, montículos de escombros y basura. Lo que se podría considerar el camino, definido por una sucesión intermitente de cartones y alfombras, a veces de cemento, a veces de tierra, casi todo el tiempo de barro, serpentea desde el aparcamiento ubicado junto a la puerta trasera del Club de Tenis.

El viernes pasado, a las seis de la tarde, una mujer cruzó el aparcamiento y se acercó a los matorrales que dan acceso al descampado. En el suelo dejó dos tuppers y un tercero en el que vertió agua de una botella. Treinta minutos después, ya oscureciendo, un gato se acercó a alimentarse.
Selección DN+

Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo para suscriptores DN+
Navega sin publicidad por www.diariodenavarra.es
Suscríbete a DN+
Desde solo 0,27€ al día
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra