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La Pamplonesa lleva a Baluarte un concierto que sabe a San Fermín

  • Este domingo la agrupación estrenó en el auditorio pamplonés su espectáculo 'Sinfonía de sensaciones en rojo'

'Sinfonía de sensaciones en rojo'

La Pamplonesa lleva a Baluarte un concierto que sabe a San Fermín, 'Sinfonía de sensaciones en rojo, Opus 95'.

Los zaldikos se preparan para entrar al concierto de La Pamplonesa en Baluarte

Los zaldikos se preparan para entrar al concierto de La Pamplonesa en Baluarte

ALBA ÚRIZ MALÓN
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Actualizada 29/06/2014 a las 22:30
  • ALBA ÚRIZ. PAMPLONA
Pañuelicos rojos, chiribitas en los ojos, mucho humor y un delicioso ambiente 'sanferminero'. Eso y mucho más es lo que pudo verse este domingo en el auditorio Baluarte de Pamplona gracias a un nuevo concierto de La Pamplonesa que mezcló música, coreografías y proyecciones.

El espectáculo se tituló 'Sinfonía de sensaciones en rojo, Opus 95' y no paró de arrancar aplausos, exclamaciones y risas a los cientos de espectadores de todas las edades que no quisieron perderse la cita. Primero en la sesión mañanera y después en la vespertina.

95 CUMPLEAÑOS

'Sinfonía de sensaciones...' aterrizó en el escenario en el marco del 95 aniversario de La Pamplonesa. Nació, explica la agrupación, de la ilusión por producir un espectáculo propio inspirado en las fiestas más famosas de la capital navarra; un evento, añade la banda, repleto de "sensaciones, emociones y magia".

Los músicos de La Pamplonesa, dirigida por Vicent Egea y Jesús Garísoain, no estuvieron solos este domingo. En el escenario les acompañaron, entre otros grupos municipales, gaiteros, dantzaris, chistularis y la Comparsa de gigantes y cabezudos. Todos, juntos y revueltos, hicieron las delicias del público, que llenó la sala. Gran parte de él, por cierto, agitaba el programa del concierto como si fuera un abanico.

Eneko, de dos años y medio y vecino de Sarriguren, no paró de botar sobre las piernas de sus padres, Marta y Raúl, durante toda la actuación. Este pequeño rubiales no despegó la vista del escenario ni un instante, y es que le encanta la música. Hace unos días, de hecho, "aguantó feliz" durante la hora y media que "un grupo de mariachis estuvo cantando y tocando en el Paseo de Sarasate", explicaba su madre.

CON GAFAS DE SOL EN EL ESCENARIO

Los músicos de La Pamplonesa representaron las fiestas de San Fermín desde el momento del chupinazo hasta el Pobre de mí. Lo hicieron con un pequeño teatrillo que acompañó a cada tema.

En uno vestían de blanco y negro, en otro con el traje 'sanferminero', en otro con la seriedad del negro sobre negro... En las piezas en las que escenificaban un pasacalles en plena fiesta, los músicos, alguno con gafas de sol, saludaron a un público imaginario y se dieron codazos amistosos.

Y detrás de los instrumentistas, tras una pantalla blanca, se podían ver sombras humanas. Bailaron, se persiguieron, hicieron el símbolo del amor con las manos y, ante los 'oh' encantados de los espectadores, dieron forma a un San Fermín a escala humana

CUATRO CABALLOS Y UN JAPONÉS

Pero no sólo en el escenario pasaron cosas. Fuera de la sala, calentando motores mientras esperaban para entrar en escena, se encontraban los zaldicos y cabezudos.

Miguel, Andoni, Eusebio y Mikel, todos de Pamplona, aguardaban apostados junto a sus caballos de cartón piedra de casi 20 kilos. Estos cuatro jóvenes, acompañados por Gabriel, el pamplonés que este domingo dio vida al cabezudo Japonés, aguardaban el momento en el que les dijeran que había llegado el momento.

No había muchos nervios que calmar durante la espera, porque la sesión de la mañana había marchado "tan bien" que estaban seguros de que la de la tarde saldría igual, contaban. "El público es muy agradecido, La Pamplonesa y la Comparsa son dos instituciones muy queridas por los navarros", señalaban.

Para coordinar su actuación con la de la banda de música estuvieron ensayando "dos días", desvelaron; "el segundo, desde las seis de la tarde hasta las once de la noche".

CONFUSIÓN DE ASIENTOS

Hubo un único detalle que empañó el concierto. Al parecer, apuntaron algunos espectadores, había entradas duplicadas, lo que obligó a los azafatos del auditorio a reubicar asientos. 

Sin embargo, desde Baluarte aseguraron que el fallo no estuvo en el sistema de venta de entradas sino en la "confusión de algunos asistentes", que habrían intentado acudir a la sesión vespertina sin darse cuenta de que habían comprado entradas para la matutina.
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