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RECONOCIMIENTO

Pamplona, con nombre de mujer

El grupo que hizo ayer el recorrido por la historia de Pamplona y de sus mujeres, atiende las explicaciones de Silvia Fernández en Navarrería.

El grupo que hizo ayer el recorrido por la historia de Pamplona y de sus mujeres, atiende las explicaciones de Silvia Fernández en Navarrería.

CALLEJA
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Actualizada 12/11/2012 a las 08:28
  • A.O. PAMPLONA
''Siempre se ha dicho que fue la revolución industrial la que incorporó a las mujeres al mundo laboral, y no es cierto. Las mujeres han trabajado siempre y las de Pamplona no eran una excepción''. Con la misma claridad con la que habían transcurrido hasta ese momento las explicaciones del recorrido, la historiadora Silvia Fernández Viguera hacía esta afirmación este sábado, en la calle Mercaderes, rodeada de la treintena de personas que le acompañaban en la visita. "Aquí por ejemplo, en Chapitela, entre los siglos XII y XIV, se celebró el mercado del Chapitel en el que se compraba y vendía grano y cereal, y del que era guardesa una mujer, Ochanda. Y había decenas de puestos atendidos la mayoría por mujeres", recalcó.

El ejemplo era uno más de los muchos que este sábado la historiadora, coautora del libro Ellas. Las mujeres en la historia de Pamplona, aportó en una actividad pensada inicialmente para asociaciones vecinales y de mujeres, pero que en breve hay intención de abrir al público en general. Organizado desde el área de Bienestar Social e Igualdad del Ayuntamiento de Pamplona y del Consejo de la Mujer, estos recorridos tienen como principal objetivo el de "visibilizar a la mujer en la ciudad y fomentar un proceso de reflexión acerca de las mujeres que debían de figurar en el callejero, y también en otros espacios o edificios", explicó Laura Laquidáin Azpiroz, técnica municipal.  

El proceso implica también dar cumplimiento a una moción de I-E aprobada por unanimidad la pasada primavera para aportar precisamente mayor presencia femenina a un callejero en el que los nombres de mujeres se limitaban hasta hace pocos años a las vírgenes y a las santas.

MUJERES POR DOQUIER

El objetivo es recuperar para la historia de Pamplona muchas de aquellas mujeres que contribuyeron con su trabajo al desarrollo de la capital y aportaron como mínimo idéntico esfuerzo que los hombres que sí tienen calles y plazas dedicadas. Y el recorrido realizado este sábado, entre las 11 y la una de la tarde, sirve para entender que habría historias suficientes para renombrar buena parte del callejero de la capital.

La visita comenzó en la plaza San José, donde estuvo la Escuela Normal desde finales del siglo XIX. "Y no es casualidad que empiece aquí porque la escuela y la educación eran el inicio del itinerario de la liberación de la mujer", aseguró Silvia Fernández. En esa escuela estudió, y luego la dirigió María Ana Sanz, una precursora de su tiempo y "con ideas avanzadas sobre la incorporación de la mujer a la educación", añadió. También allí se formaron María Viscarret, Julia Fernández Zabaleta y Catalina Alastuey, también maestras que impulsaron la creación de la primera ikastola de Pamplona en 1932.

Conforme la visita avanzaba por las calles Navarrería y del Carmen (cuya denominación obedece a la existencia allí del convento del Carmen, tal y como se encargó de resaltar la guía), surgían nuevos nombres de la historia pamplonesa como el de Rita Aguinaga, primera solista del Orfeón Pamplonés, o Pancracia Ollo, viuda de Tomás Zumalacárregui. En ese momento Silvia Fernández propone visitar precisamente el que fuera domicilio del general carlista, en el número 25 de la calle, para que el grupo conozca la peculiar escalera de la vivienda, con una barandilla construida con cañones de fusiles. Pero resulta imposible porque el edificio está en obras. "Y se han llevado la barandilla porque lo van a vaciar totalmente", les informa el propietario de la tienda de antigüedades situada enfrente.

La ruta continuó por Mercaderes con un recuerdo, entre otras, a Paz de Ziganda, defensora del euskera. Por Zapatería, donde en el siglo XVIII Joaquina Echalecu hospedó a militares de la guarnición de Vitoria. La calle San Francisco, donde vivió la comerciante Flandina Cruzat. Y la plaza de Recoletas, donde gracias a las donaciones de Catalina de Alvarado se fundó el convento. 
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