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PAMPLONA

Un metro de marisco

  • La familia Tejada Bados expone un bogavante de casi 5 kilos en el puesto que regenta en el Mercado del Ensanche, el 67

Yolanda posa con un bogavante de casi cinco kilos.
Yolanda posa con un bogavante de casi cinco kilos.
BUXENS
  • Noelia gorbea. Pamplona
Actualizada 17/01/2016 a las 12:04
Solamente una de sus pinzas alcanza un tamaño similar al de un bogavante corriente. El nuevo crustáceo que desde el pasado jueves descansa entre el hielo del mostrador de la pescadería Bados, situada en el mercado del Ensanche de Pamplona, entre las calles Amaya y Gorriti, despierta el interés de clientes, empleados y curiosos.

Los casi cinco kilos de peso de este bogavante (4.910 gramos exactamente) recién llegado de Calpe, Alicante, se mantienen desde el pasado jueves a la venta en el puesto número 67 a la espera de que algún cliente se decante por el ‘pequeño-gran antojo’. “No descartamos restaurantes o alguna persona que quiera darse un capricho”, aventuraban en el puesto de esta familia de pescaderos pamploneses desde hace más de medio siglo. Solamente con el contenido de cualquiera de sus patas daría para elaborar varios platos en un restaurante. O eso estimaban algunos.

De cualquier manera, el único handicap a la hora de adquirir el enorme bogavante, que supera el metro de longitud desde la cola a las pinzas, es el elevado precio que los compradores deberían pagar por llevárselo a la mesa. Acostumbrados a tener entre el género que se vende en la pescadería crustáceos de entre medio kilo y 800 gramos, el gran ejemplar marino exige el desembolso de 197 euros. “No lo podemos vender por partes porque al partir el caparazón por la mitad perdería todo el jugo y buena parte de su sabor”, explicaba Yolanda, empleada en este puesto de pescado, el número 67 del Mercado del Ensanche desde hace 15 años.

UN MARTILLO PARA REPARTIR

El animal, que llegó el jueves a las 8.30 horas de la mañana, había sido captado por los progenitores de este negocio familiar. “Al trabajar como mayoristas en el Mediterráneo, suelen enviarnos de vez en cuando ejemplares de pescados que capturan allí o morralla (conjunto de pescados sueltos a precio económico), muy utilizada para cocinar caldos o fondos de pescado y que aquí (por Pamplona) son más difíciles de conseguir”, indicaba Yolanda, quien no dudó en posar junto al bogavante.

Desde primera hora, los pescaderos aseguraban que habían sido “muchos” los interesados en el bogavante, pero siempre por curiosidad. “Ninguno para comprar”, lamentaban sin dejar de despachar. La envergadura del artrópodo es tal, que incluso los repartidores bromeaban con el tamaño. “En Bilbao sería una gamba”, le decían algunos entre risas.

En el supuesto de que el ejemplar no llegara a venderse (creen que si la captura hubiera sido en Navidad, lo hubieran vendido “casi sin problemas”), Ion Tejada Bados, hijo y también trabajador en la pescadería, se propone para comérselo. “Tendrá que compartirlo porque...”, se escuchaba.

Sea cual sea el fin del bogavante, Yolanda advertía entre risas sobre la necesidad de adquirir un martillo para partirlo. “Con pinzas es imposible”, decretaba.


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