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El relojero toca la armónica

  • Patxi Ruiz Huici aprendió el oficio con su padre, Pedro Ruiz Aizcorbe, fundador de la relojería Rex, una tienda taller con 55 años de historia en la calle Paulino Caballero

Patxi Ruiz en su relojería, junto a una pieza de sobremesa de 1800 que acaba de restaurar.
Patxi Ruiz en su relojería, junto a una pieza de sobremesa de 1800 que acaba de restaurar.
j.a. goñi
  • pilar fdez. larrea. Pamplona
Actualizada 07/12/2015 a las 06:00
Patxi anda estos días inquieto, un punto nervioso. Su aparato de música está estropeado y está habituado a escucharla en sus minuciosos paseos por la historias, esos a cámara lenta, cuando repara alguno de los relojes de época que los pamploneses le confían. Disfruta, confiesa delante de una pieza de 1800 en su relojería de la calle Paulino Caballero, un establecimiento con 55 años de servicio. Algo así como 500.000 horas.

Patxi Ruiz Huici nació en Pamplona. Su padre, Pedro Ruiz Aizcorbe, que aprendió el oficio en la relojería Onsalo, en la calle Chapitela, fundó la joyería Rex en 1965. Es fácil adivinar el porqué del nombre. Está justo frente al edificio que albergó el cine Rex. Pero sobrevivió a él y, de alguna manera, es referencia de una época. Había entonces en Pamplona muchos relojeros. Hoy se pueden contar con los dedos de una mano, en una tarea que pasó de padres a hijos; y uno de ellos es Patxi. Él se formó con Pedro, mano a mano, en la misma tienda, un local exiguo, como lo son los talleres de relojero, rincones cargados de encanto, con piezas diminutas que parece imposible encajar. El padre se jubiló cumplidos los 65. Hace 22, y desde entonces, Patxi continúa solo. Completó su formación con unos cursos en Suiza, en la casa Tissot, con la que trabajan desde el inicio. Fue cuando le mecánica de cuerda dejó pasó el cuarzo, a las pilas que ahora nos marcan la hora.

Pero él, aunque lo dice suave, se queda con la maquinaria de antaño. No hay duda. Reparar un reloj moderno no tiene misterio. Es algo así como un quita y pon de referencias y números, da a entender. Enfrascarse en uno antiguo es disfrutar del oficio, manejar una pieza irrepetible. Y devolverlo arreglado a una familia, como un sobresaliente en matemáticas, desenredar una madeja de fórmulas para volver a la hora exacta. Y estos días Patxi tiene mucho trabajo porque las familias quieren lucir sus relojes el 31 de diciembre, con las uvas.

Entiende que las nuevas generaciones vuelven a asumir el valor de estas piezas y las quieren recuperar. “Algunos las tenían en casa de sus padres y abuelos y hay quien las compra en anticuarios”, sostiene. Así que el tiempo en Paulino Caballero pasa especialmente rápido estas semanas. Pronto es Navidad y todas las agujas se aceleran un poquito. Patxi Ruiz, con nombre de pelotari y manos de relojero, subraya el cambio que ha experimentado la calle. “Había muchos talleres, una imprenta, un almacén de madera, chapistas, mecánicos... ya todos han salido fuera y ahora hay otro tipo de comercio, pero este sigue siendo un pequeño taller, una tienda de servicio, a pesar de la crisis, aquí seguimos, arreglando relojes y sirviendo”.

Patxi espera que llegue pronto el aparato de música. Porque él mismo es músico. Toca la armónica en ‘De 2 en Blues Band’, formación veterana en la ciudad. Con 25 años de andadura, suman conciertos y citas. El próximo, el día 19 en Burlada. También han cerrado trato para el Zentral.... y durante tiempo fueron habituales en locales como Subsuelo. “Aprendí solfeo y la profesora me enviaba como solista a cantar en bodas... también estuve en el Orfeón Pamplonés y en el coro que fundó mi hermano, Sinenomine”, relata su estrecha relación con las partituras.

Lleva 40 años tras el mostrador. Y aún le quedan algunos. Entretanto, se desplaza en bici a su tienda. O camina. Y canta. No sabe si tendrá relevo, pero no le preocupa. Prefiere que sus dos hijos caminen por la senda que les marque su vocación. Su reflexión refrenda de alguna manera que aquel oficio que pasaba de padres a hijos se acaba. Hay escuelas en Madrid y Barcelona y los catálogos de las grandes marcas aún guardan hueco para piezas mecánicas. Pero solo unos pocos podrán ponerles hora.


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