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Villava / Atarrabia

Cien años de los dominicos en Villava

  • La orden acaba de iniciar el año jubilar para conmemorar los 800 años de su fundación

Imagen de los 16 miembros de la orden que forman la comunidad en la actualidad.

Imagen de los 16 miembros de la orden que forman la comunidad en la actualidad.

CEDIDA
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30/11/2015 a las 06:00
  • c.a.m. Villava.
Durante tres años, aproximadamente, monseñor Juan José Larrañeta Olleta, villavés nacido en 1941 y con 36 años de misionero en Perú (32 de ellos obispo de Puerto Maldonado), ha trabajado en su habitación de la casa 'Berrio Ochoa' de su Villava natal recopilando datos, nombres, anécdotas y vivencias de los dominicos en el que fuera, en sus inicios y durante un breve tiempo, casino 'Besta Jira'. Ese trabajo, en el que ha tenido que descifrar lo escrito a mano durante casi 100 años en el 'Lumen Domus', se ha recogido en un libro y se ha resumido en una exposición con los que la orden ha querido rendir homenaje y agradecer la labor de cuantos han intervenido durante un siglo en una historia que todavía continúa.

Porque la casa de Villava es una de las tres sedes que conserva en Navarra la orden de predicadores, que acaba de iniciar el año jubilar por el 800 aniversario de su instalación en España. Junto a ella se cuenta al piso en Pamplona, encima de la iglesia de Santo Domingo, y la parroquia de Gorraiz, que religiosos de la orden llevan desde 1997 tras un acuerdo con el arzobispado. Los tres forman ahora una única comunidad, con 16 miembros, en la que Jesús Galdeano ejerce de prior.

El libro, bajo el título “Dominicos de Villava, 100 años de historia”, editado por San Esteban, y la exposición verán hoy la luz en un acto en el que se ha invitado a las personas que han tenido relación con este espacio emblemático en Villava, situado en la hoy calle Serapio Huici, a pie del camino de Santiago, y que durante años también fue escuela para la localidad y hoy alberga a la comunidad y una enfermería para los ancianos y dependientes de la orden. Con este trabajo, tal y como recoge en la dedicatoria, quiere reconocer el “sueño misionero” y a los que intervinieron en él. Desde profesores, a maestros, directores, las misioneras dominicas del Rosario que ocupaban una casa que se llamó Betania, los seminaristas apostólicos que en su mayor parte fueron a Perú, los hermanos cooperadores o los obispos como Monseñor Sabas Sarasola.” Porque como el propio Larrañeta destaca, la “casa fue semillero para las misiones del Perú, en el Amazonas, con más de 49 promociones formadas aquí”.

LA HUERTA DE FR. JOSÉ Mª

El trabajo de Larrañeta se remota a los inicios, cuando la orden se hizo con el antiguo casino Besta Jira, construido en un edificio singular y rodeado de jardines, pista de patinaje y de chalets que ocupaban “familias ricas de Pamplona”. “Fracasó pronto, porque se abrió en 1911, porque estaba muy lejos de Pamplona para la época”.

Repasa también los años en los que fue colegio público para los más pequeños de Villava, escuela apostólica (hasta 1971), seminario de misiones (desde 1928), donde se formaban los religiosos que acudían a Puerto Maldonado (Perú), albergó una casa, Betania, que llevaron las monjas Dominicas Misioneras (de 1940 a 1973), noviciado para hermanos cooperadores (de 1952 a 1969), sede de Radio Popular, de 1959 a 1962 cuando pasa a Santo Domingo...

El giro en el centro se da en los años 70, cuando cierra la escuela apostólica, después del traslado del noviciado a Estella. En 1973 se abrió con do aulas de la ikastola Paz de Ciganda. Un año después se alquilaría todo el colegio para este centro, que estuvo allí hasta 1984 y que en 1995 se marchó definitivamente a las cercanas instalaciones entre Villava y Burlada. En los 80 fue prenoviciado de los frailes dominicos y en 1988 se vendió una parte de la finca al Ayuntamiento. En esos terrenos se construyó el polideportivo “Hermanos Induráin” y algo más tarde el instituto.

La muestra recopila los nombres e imágenes de superiores, priores, directores, maestros, misioneras... Y se detiene también en Fran José Mª Azua, alavés que durante 61 años estuvo al cuidado de la huerta y las granjas, donde criaba cerdos o gallinas que vendían a vecinos de los alrededores y que ayudaron a la supervivencia del convento. Su imagen en una mula mecánica, pero también junto a un burro, se repite en la exposición y seguirá viva en la retina de muchos villaveses y vecinos de la zona que llegaron a conocerle.

El arte también tiene un hueco en la historia de esta casa y se recoge en la exposición y en el libro a través de la figura de Domingo Iturgaiz, fraile dominico y villavés, fallecido este año, y que es autor de la vidriera de la iglesia del Rosario de Villava, ubicada en el recinto de los dominicos, pero también de vidrieras y mosaicos de León, Madrid, Miami, San Salvador, Texas, Roma o Santiago de Chile.
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