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GALARDÓN

Reconocimiento a un ciclista de ciudad

  • La Asociación de Medios de Transporte Saludables se ha decantado por Felipe Martínez como ejemplo de que se puede vivir sin coche

Felipe Martínez Salguero con su bicicleta paseando por Barañáin.

Felipe Martínez Salguero con su bicicleta paseando por Barañáin.

cordovilla
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13/12/2014 a las 06:00
  • M.M.Pamplona
Nació en unos años en los que, como dice Felipe Martínez Salguero, no tenían coche ni los ingenieros. Cuando en Puertollano (Ciudad Real) venía al mundo un 25 de noviembre de 1927, las bicicletas llevaban hasta matrícula y eran el medio utilizado por los trabajadores para ir a las minas de carbón. “Y a los 18 años me compré la mía propia. Hasta entonces me tenía que conformar con arrendar una”.

Ahora, a sus 87, no se ha bajado del sillín -en sus palabras- este ciclista de ciudad. Y precisamente su interés por fomentar el uso urbano de la bicicleta le convierte en el octavo galardano del premio anual que concede la Asociación Medios de Transporte Saludables de Pamplona, a la que pertenece desde hace dos décadas. La cita, a las siete de la tarde en el Fuerte del Príncipe de las instalaciones de Larrabide. El premio, un sillín de acero inoxidable sobre una peana de roble, obra de otro miembro del colectivo, Jesús Sucunza Labiano.

“Me hace ilusión, pero en especial a mi familia”, afirma Felipe Martínez, casado y padre de cuatro hijos y desde hace tres años residente en Barañáin. Antes vivió en Burlada. “Y ambos lugares son una maravilla para ir en bicicleta. Tienen sus propios carriles o paseos. En Pamplona también se ha hecho mucho pero queda tarea pendiente, como la cuesta de Beloso o la entrada a San Juan”.

SIN CARNÉ DE CONDUCIR

A los 38 años, la mina de carbón de Puertollano comenzó a flaquear por culpa del petróleo. “Y me ofrecieron una excendencia. Tenía dos opciones, Baleares o Navarra y preferí venir aquí para trabajar en Potasas ya que me parecía que socialmente estaba mejor”. La familia se desplazó en tren y la bicicleta en una empresa de transporte con el resto del mobiliario. “Y decidí quedarme. Al principio viví un año en Artajona y después en un piso en Burlada que nos proporcionaba Potasas”.

Demasiado trecho para ir y volver todos los días del trabajo, como sí hacía en Puertollano. Pero aún así no se planteó sacarse el carné de conducir. “Nos llevaban en autobús. Y también la empresa nos facilitaba los viajes en autocar para alojarnos en unos pisos en Comarruga (Tarragona). No sentí la necesidad, la verdad”, afirma.

Así que cuando tocaba hacer compras o desplazarse a Pamplona, cogía su bicicleta. “Y para los recados ponía dos alforjas atrás. ¡Pero si he llevado hasta postes de madera y ladrillos!”, recuerda riendo cuando se hizo una casa en Puertollano y acarreó con el material de obra. “Hasta me fui una vez de Pamplona hasta mi pueblo. Una etapa que duró cinco días”.

Pero lo suyo no ha sido el ciclismo en carretera como deporte, sino el ciclismo en ciudad para desplazarse. “Y respeto a los coches, por supuesto. Pero también como usuario de bicicleta en el casco urbano creo que tengo una serie de derechos, de la misma manera que yo cumplo con mis obligaciones”. Y estas son, cita, circular con cuidado por las aceras, marcar cuando se desvía en un cruce o echar el pie a tierra para cruzar un paso de cebra. “Y eso que ahora, como hay más ciclistas, los conductores se han concienciado y ya no nos pitan tanto”.

Su pericia sobre el sillín le ha librado de accidentes. “Solo hay uno, hace cuatro años, cuando bajaba por la estrecha carretera del Tenis hacia Mutilva. Me tuve que orillar pero había un gran socavón. Me desperté en el hospital”. Y en cuanto a las bicis, en esta larga historia han sucumbido por vejez. “Únicamente he tenido cuatro. Las cuido mucho, como alguien pudiera hacer con su coche. Siempre digo que aquí soy un poco como los cazadores que, cuando no pueden ir de batida, limpian la escopeta. Pues yo, cuando no pedaleo, me ocupo de ponerla a punto”. Y por cierto, una de las que tuvo que sustituir fue por robo. “Se la quitaron a mi hijo, que como yo, también le gusta pedalear por la ciudad”.

Y como despedida, una reinvindicación que reconoce impopular. “Yo soy partidario de matricular otra vez las bicicletas. Comprendo que haya gente que se niegue porque entienden que no deberíamos pagar cuando contribuimos a un ambiente menos contaminado.
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