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PATRIMONIO

Una 'casita' para ver la Catedral

Este edificio del siglo XVIII fue remodelado por Florencio Ansoleaga para permitir que se viera mejor la seo pamplonesa desde la calle Dormitalería

La conocida como 'La casita', en el número 1 de la calle Dormitalería, pegada a la Catedral de Pamplona.
La conocida como 'La casita', en el número 1 de la calle Dormitalería, pegada a la Catedral de Pamplona.
  • a.o.Pamplona
Publicado el 28/11/2014 a las 06:00
En el año 1887, un siglo después de su construcción, el propietario de esta casa situada en el número 1 de la calle Dormitalería, casi pegada a la Catedral, planteó al Ayuntamiento la posibilidad de modificar su estructura y preguntó si existía algún impedimento. Desde el consistorio no dudaron en sugerirle que era un buen momento para liberar así en cierta forma el lateral izquierdo de la seo y poner en valor precisamente el templo catedralicio y su nueva fachada, levantada con posterioridad al inmueble que había diseñado el arquitecto Santos Ángel de Ochandátegui en 1786.

La reforma la solicitó el propietario de la casa, Manuel Ripalda, en marzo de 1887, porque tenía intención de derribar “una de las dos fachadas”, pero quería saber antes si el Ayuntamiento le marcaría una nueva línea de fachada “por ser un dato necesario e indispensable”. La comisión de obras municipal, atendiendo a las “irregularidades” de la calle Dormitalería, propone derivar el problema al arquitecto municipal, quien habla de la posibilidad de marcar una línea imaginaria alrededor de la catedral para mejorar su visibilidad: “Convendría adoptar una línea que, dibujando los alrededores del edificio de más importancia que tiene Pamplona, le diese buena vista y le colocase en las condiciones que se merece”, dice exactamente. Una línea que arrancaría del frente de la bajada de San Agustín y terminaría en el ángulo izquierdo de la fachada de la catedral.

UNA SOLUCIÓN MENOS DRÁSTICA

Pero el arquitecto va más allá y señala que, si esa solución resultaba especialmente gravosa económicamente, habría que adoptar otra menos drástica, que, aunque “no hermosearía como se merece el edificio, pondría a la vista parte de la verja que indicaría, antes de llegar por esta calle, la importancia del edificio al cual sirve de entrada”. Las obras se ejecutaron ese mismo año a tenor del escrito que en noviembre envía al consistorio Martina Goicoechea, superiora del edificio, utilizado entonces como asilo de sirvientas, para pedir que le abonen la parte de terreno que se les había quitado de la fachada para ampliar la calle.

Tras la inicial negativa del consistorio a pagar cualquier indemnización, finalmente se valora el terreno en 304 pesetas y 67 céntimos. Aquella remodelación había sido obra del arquitecto Florencio Ansoleaga. La conocida popularmente como La casita tiene actualmente un grado 3 de protección en el Catálogo del Plan Municipal y está planteada con “dos fachadas con esquina achaflanada, y dos cuerpos y ático”. La fachada del atrio es de sillar y el resto de mampostería con zócalo de sillares. En el piso noble se abren balcones rectos, en el bajo la puerta y ventanas de arco rebajado, y en el ático pequeñas ventanas rectangulares. “La decoración se reduce a ménsulas avolutadas que sirven de apoyo a los balcones”. Posteriormente, albergó el asilo de la Sagrada Familia y el colegio de párvulos (1887-1970).
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