Pasado Pamplonés

"Nuevos" cuarteles para dos regimientos de Infantería

  • Los antiguos cuarteles General Moriones y Marques de Duero, los últimos en ser construídos en suelo Pamplonés

Fachada del cuartel 'General Moriones', ocupaba el espacio de la plaza delante del Auditorio Baluarte.

Fachada del cuartel 'General Moriones', ocupaba el espacio de la plaza delante del Auditorio Baluarte.

Col. Arazuri
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Actualizada 29/07/2014 a las 09:41
  • Juan José Martinena Ruiz
Una de las dotaciones más modernas de las que podía enorgullecerse Pamplona hace un siglo eran los nuevos cuarteles, entonces recién construidos y considerados modélicos entre los de su clase que existían en España.

El carácter de plaza fuerte que por esas fechas seguía manteniendo nuestra ciudad condicionó durante mucho tiempo no solo su trayectoria histórica y la vida cotidiana de sus habitantes, sino también su desarrollo urbano. Esta realidad se pudo constatar cuando entre los años 1889 y 1900, según proyecto del arquitecto Julián Arteaga, se construyó el Primer Ensanche en los terrenos resultantes del derribo parcial de dos de los baluartes de la ciudadela y de la ocupación del glacis o explanada que hasta entonces existía entre la fortaleza y lo que hoy es la calle Navas de Tolosa y el final del paseo de Sarasate.


UBICADOS EN EL PRIMER ENSANCHE

Asunción Orbe, en su libro Arquitectura y urbanismo en Pamplona a finales del siglo XIX y comienzos del XX, anota que ya en 1885, antes de autorizarse el derribo de los baluartes de San Antón y de la Victoria y el revellín de Santa Teresa, el ministerio de la Guerra comunicó al capitán general de Navarra que se había decidido construir en los terrenos de los glacis interiores de la ciudadela “dos edificios bastantes a alojar una guarnición de ocho batallones de 500 plazas, con las dependencias necesarias y con solo dos pisos habitables”.

Llevar a cabo ese proyecto exigía ocupar una parte considerable de la superficie disponible para edificar, por lo que se le solicitaba que informase cuál sería la extensión que se debía destinar a cuarteles “y deducir en consecuencia el terreno que podría cederse luego para ensanche de la población civil”. Es decir, que al tratarse de una ciudad con carácter de plaza fuerte, a la hora de planificar su primer ensanche, y previamente a la redacción del proyecto de ley que debía autorizarlo, se establecía con toda claridad la prioridad del interés militar sobre cualquier otra consideración.

Hay que decir que en parte se procuró compensar esa notable reducción del espacio destinado a la construcción de viviendas con la cesión a la ciudad de los viejos cuarteles que hasta entonces venían ocupando los conventos desamortizados del Carmen y de la Merced y el antiguo colegio de los jesuitas en la calle Compañía.

En cualquier caso, lo que es evidente es que al final el Primer Ensanche, con solo seis manzanas de casas, no pudo solucionar las necesidades de vivienda y de expansión urbana que tenía Pamplona a finales del siglo XIX, debido a que más de la mitad de los terrenos destinados a su ejecución fueron ocupados por instalaciones para uso del Ejército: dos cuarteles de infantería y el parque de intendencia y factorías militares.


INSTALACIONES MODÉLICAS

La guarnición de Pamplona la integraban entonces los regimientos de infantería América Nº 14 y Constitución Nº 29, más el regimiento de caballería Almansa Nº 13. Aparte, la plaza contaba también con una comandancia de artillería, otra de ingenieros y un parque de intendencia. El cuartel de caballería ocupaba un viejo edificio del siglo XVIII, reformado en distintas ocasiones; la comandancia de ingenieros estaba situada en un edificio frente a San Ignacio que databa de 1882 y el parque de intendencia se construyó en 1888.

Los nuevos cuarteles objeto de este artículo, los que estaban recién construidos hace ahora un siglo eran los dos de infantería, que muchos pamploneses conocimos y recordamos. El que llevaba el nombre de Marqués del Duero estaba situado en el solar del actual auditorio y palacio de congresos, impropiamente llamado Baluarte. Tenía la entrada y la fachada principal a la calle General Chinchilla y la lateral a la calle del P. Moret; por la parte posterior lindaba con la ciudadela y con otras instalaciones militares.

El otro cuartel, llamado del General Moriones ocupaba el espacio de la plaza que hoy se abre delante del auditorio, frente al Corte Inglés. Tenía la puerta y la fachada principal a la calle Yanguas y Miranda, la lateral a la del P. Moret y por detrás comunicaba con el vecino cuartel del Marqués del Duero.

El erudito Julio Altadill, que llegó a intendente general del ejército, en el tomo 1º dedicado a Navarra en la Geografía general del país vasconavarro, publicada en 1915, describe en tono muy elogioso “los dos magníficos cuarteles de Infantería, titulados del Marqués del Duero y del General Moriones, capaces cada uno para un regimiento en pie de guerra, dotados de amplios patios interiores, cubicación sobrada de aire y ventilación, ambos de planta baja y principal solamente, con asignación anual de 15.500 metros cúbicos de agua cada uno, amplias y elegantes dependencias de toda especie, ocupando 29.000 metros cuadrados de superficie. Los dos cuentan en su interior con baños, duchas, aparatos higiénicos, lavaderos, cocinas modernas, comedores amplísimos, escuelas, salas de gimnasia, imprentas, peluquerías, pabellones, oficinas, etc. y se citan como modelos de su clase en España.


UN INGENIERO COMPETENTE

El proyecto de ambos cuarteles databa del año 1897. Su autor fue el teniente coronel del cuerpo de ingenieros militares Antonio Los Arcos y Miranda -que hizo también el antiguo picadero de la ciudadela, ya desaparecido- y el presupuesto para su construcción ascendía a 2.200.000 pesetas.

Las obras dieron comienzo en 1898 -el año de la pérdida de Cuba y Filipinas- y terminaron en julio de 1905, de manera que en agosto el regimiento de Constitución, que hasta entonces venía ocupando el llamado cuartel de la Compañía -antiguo colegio de los Jesuitas, hoy Escuela de Idiomas- se trasladó a los nuevos pabellones de la calle Yanguas y Miranda.

El otro regimiento, el de América, tuvo que esperar aún unos años, hasta 1912, para poder abandonar el cuartel de la Merced -otro antiguo convento del siglo XVI que estuvo donde hoy está el Retiro Sacerdotal, junto al Palacio Arzobispal- y pasar a ocupar las nuevas instalaciones de la calle General Chinchilla.

Hay un detalle anecdótico, que recoge Arazuri en su Pamplona, calles y barrios y que hoy podría servir de ejemplo frente a tanto despilfarro que hemos conocido aquí y fuera de aquí. Y es que el Sr. Los Arcos, que por lo visto unía a su pericia como ingeniero militar unas indudables dotes como administrador, logró terminar ambos edificios con un coste total de 1.626.765,35 pesetas, sin que ello hubiera supuesto rebajar la calidad de su construcción. Por este motivo, dado el notable ahorro que aquello representaba para el erario público, el ministro de la Guerra, en nombre del rey Alfonso XIII, le concedió la cruz del mérito militar de 2ª clase.

Suprimido hace muchos años el regimiento de la Constitución, el de infantería América 66, que este año ha cumplido dos siglos y medio, continuó utilizando los dos cuarteles del que nos venimos ocupando en este artículo hasta 1968. El 27 de noviembre de ese año, siendo su coronel don Luis Palacios Beltrán, tuvo lugar la despedida oficial, en la que se arrió la bandera y desfilaron las tropas. El acto fue presidido por el teniente general Díez Alegría, jefe del Estado Mayor del Ejército; por el entonces Gobernador Militar, general de división don Joaquín Bosch de la Barrera y por el citado coronel Palacios, que poco después fue ascendido a general de brigada.

Los viejos cuarteles fueron entregados al Ayuntamiento de Pamplona el 22 de diciembre del mismo año 1968, siendo alcalde don Ángel Goicoechea, y el día 6 del mismo mes el regimiento pasó a estrenar las nuevas instalaciones de Aizoáin, que continúa ocupando en la actualidad. Los viejos edificios, otrora modélicos, fueron derribados en 1972.
Selección DN+


  • RG
    (29/07/14 09:48)
    #1

    "que hizo también el antiguo picadero de la ciudadela, ya desaparecido". Picadero que quedó inmortalizado por el actor George Campel Scott, en la pelicula "Patton" en 1970 y con la que ganó un Oscar!.

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