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centenaria

María no falta a su cita con el Ángel y tiene 107 años

María Pascual y Jesús Sótil se saludan junto a la imagen del Ángel de Aralar, en la visita de abril de 2013
María Pascual y Jesús Sótil se saludan junto a la imagen del Ángel de Aralar, en la visita de abril de 2013
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  • pilar fdez. larrea Pamplona
Actualizada 04/05/2014 a las 06:00
"Bueno, María, ¡hasta el año que viene!". "Muy bien, aquí estaré". Es un retazo de una conversación que data del 10 de abril de 2013. Los protagonistas, el sacerdote Jesús Sótil y la pamplonesa María Pascual Barbadillo. Entre los dos, la imagen de San Miguel de Aralar, y el escenario, el domicilio de la mujer. La escena se repitió el miércoles en la calle Conde Oliveto de Pamplona. Ambos cumplieron su promesa y acudieron puntuales a la cita. Sonrieron, volvieron a charlar.... y se despidieron de un modo similar, hasta la Pascua de 2015. Entonces, María habrá cumplido 108 años.

El pasado 25 de marzo María alcanzó los 107 años. Lo celebró sigilosa, sin grandes alardes, como acostumbra. Acompañada por su familia, en su casa, con la sonrisa y los besos de sus hijos y nietos. Esas caricias que tanto le gustan. También ese día habría preguntado por todos, por amigos, por vecinos, hasta por los parientes más lejanos, que de todos se acuerda esta mujer nacida bien cerca del ayuntamiento de Pamplona, en la plaza de Santiago, y rochapeana desde que contaba 2 años. Allí vivía cuando se casó con Miguel Guelbenzu Nuin. Trabajaron las huertas y el campo y él llegó a ser remontista profesional. Tuvieron cinco hijos. María enviudó joven, con 44 años, y fue entonces cuando se trasladó al Ensanche. Corría 1951, la posguerra aún hacía mella. Tiempos duros en los que ella, alta y de porte elegante, nunca dejó de lado su cara más amable. Y siempre guardó en casa a San Miguel de Aralar. Ya en la Rochapea, tenían una imagen del arcángel en la puerta de entrada. "Me ha acompañado", suscribe ella. Y María era uno de los rostros casi incondicionales cuando la efigie entra en Pamplona por la Taconera, el segundo lunes de Pascua. Así fue hasta que con 105 años fue sometida a una intervención quirúrgica para colocarle una prótesis en la cadera. Desde entonces sale a la calle en silla de ruedas, acompañada por sus hijos, aunque aún camina por casa. Así que ahora, la visita es a la inversa. En lugar de acercarse ella a recibirlo y adorarlo, es el Ángel quien se desplaza hasta su domicilio, la efigie portada por Jesús Sótil. Este sacerdote de sonrisa espontánea es ya un amigo más en casa de los Guelbenzu Pascual. Natural de Betelu y responsable de varias parroquias en el arciprestazgo de Larraun, viaja con San Miguel desde hace 12 años, cuando Miguel Azpiroz, ya nonagenario, dejó la labor.

El recorrido del Ángel suma más de 300 pueblos en el periplo de mayor densidad, el que arranca el domingo de Pascua. Pero, sin duda, los días más intensos en tres meses largos son los que vive en Pamplona. Jornadas maratonianas, en una agenda al minuto. A pesar de todo, Jesús Sótil procura exprimir unos minutos para acudir a casa de personas mayores o enfermas. Son visitas de médico, apenas unos minutos. Tiempo suficiente para saludarse, adorar la imagen, rezar un Padrenuestro, e incluso cantar, como el miércoles en casa de María. "Hemos entonado Miguel Gurea en euskera", comentó Mari Carmen, su hija pequeña. Subrayaba también la emoción de la centenaria al recibir, un año más, al Ángel.

EMOCIONADA

Son emociones intensas con 107 años, pero el rostro de María, sus ojos expectantes, sus manos acariciando la imagen, aliviarán sin duda cualquier tensión. Certifican la devoción sin paliativos que tiene a San Miguel. Porque la suya, es la historia de una larga amistad, de cuando subía al santuario a pie, desde Madotz, recién casada. Han pasado muchos años de aquello. Más de 80. Tampoco falló cada primera domingo de septiembre, desde Uharte Arakil, con sus hijos que, como ella, son Cofrades de San Miguel.

Ahora, y en espera de la próxima Pascua, María seguirá en su casa, saldrá de paseo cuando la primavera se muestre contenta y disfrutará con sus once nietos y otros tantos biznietos. Se lleva bien con los niños. Tiene un punto pícaro. Lo delata su sonrisa. Y, a buen seguro, San Miguel lo sabe. Ella, como siempre, le pidió salud.


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