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transporte urbano

Vuelta a la normalidad en las villavesas tras tres semanas de huelga

  • Los usuarios han agradecido el fin de la huelga, aunque la mayoría ha asegurado que apoyaba a los trabajadores
  • El preacuerdo alcanzado el lunes con TCC fue ratificado este miércoles por 313 votos a favor

Las villavesas circulan con normalidad tras su huelga más larga

Vecinos de Pamplona y Comarca cuentan cómo han vivido la huelga de las villavesas.

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Actualizada 09/01/2014 a las 14:35
  • efe / alba úriz. pamplona
Los trabajadores de TCC, la empresa que gestiona el transporte público comarcal de Pamplona, respaldaron este miércoles por 313 votos a favor el preacuerdo alcanzado el lunes por el Comité con la compañía, con lo que se desconvocó la huelga indefinida que desde hace más de tres semanas ha mantenido la plantilla.

Según informaron fuentes del comité de empresa, de un censo de 446 trabajadores, 313 apoyaron el acuerdo, 79 votaron en contra, cinco lo hicieron en blanco y tres fueron declarados nulos.

Juan José Jaime, portavoz del comité de empresa, declaró que desde este jueves se prestará el servicio del transporte de autobuses "con total normalidad".

A su juicio, el balance del conflicto laboral "es muy positivo", aunque ha supuesto un importante desgaste para los trabajadores, pero lo conseguido "reúne todo lo que nos habíamos propuesto", como "protegernos de la reforma laboral", la retirada de los expedientes de despido, y el pase a fijos de entre 40 y 50 trabajadores eventuales.

El portavoz del comité lamentó que la huelga podría haber finalizado antes si los responsables políticos, los que tienen capacidad de decisión, en referencia a la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona (MCP), "hubiesen intervenido antes", aunque les agradeció el esfuerzo que han hecho.

Las votaciones del preacuerdo, alcanzado con la mediación de la Mancomunidad y apoyado por la dirección de TCC y los sindicatos del Comité, excepto LAB, tuvieron lugar este miércoles en diferentes horarios, después de que la jornada del martes se dedicara a explicar sus términos a los trabajadores, que se reunieron en asamblea general a última hora.

El texto finalmente aprobado contempla la finalización, "sin consecuencias de despidos", de los expedientes abiertos a una docena de trabajadores durante los últimos días, la mayoría de ellos por un supuesto sabotaje en los autobuses.

También se acuerda dejar "sin consecuencias" el pronunciamiento de los tribunales sobre la posible declaración de huelga ilegal a la que instó TCC.

En cuanto a los asuntos consensuados en el plano laboral, origen del desencuentro que llevó a los trabajadores a convocar la huelga, destaca la ultraactividad que se plantea a la finalización de este convenio, de vigencia entre 2014 y 2016, que se mantendrá mientras no se sustituya por uno nuevo.

Se reconoce la aplicación del laudo ya dictado para las condiciones salariales de 2014 (una bajada del 5,38%), mientras que en 2015 y 16 se prevé un 0,25% de subida salarial por cada medio millón de viajeros que supere la cifra prevista de 33,8 millones.

Pese a que se deja a la negociación la nueva clasificación profesional, se advierte que no afectará a la actual plantilla, además de recogerse el compromiso de TCC de hacer contratos indefinidos a los contratados antes de 2010.

Hasta llegar a este punto de acuerdo, el desencuentro entre ambas partes ha pasado por diversas fases que comenzaron con varias jornadas de paros parciales desde mediados de noviembre cuando; ante la negociación del convenio, la empresa planteó diversas medidas para reducir sus pérdidas y la aplicación de la reforma laboral.

Al no acercarse las posturas para un nuevo convenio, el Comité continuó adelante con su plan de movilizaciones e inició una huelga indefinida el 16 de diciembre, fecha desde la que se establecieron unos servicios mínimos que, según la empresa, han supuesto la pérdida de más de 800.000 viajeros.

Los trabajadores instaron a la implicación de la administración en la resolución del conflicto, que pasó por su momento más difícil cuando TCC abrió más de una docena de expedientes sancionadores a otros tantos trabajadores, la mayoría de ellos por un supuesto sabotaje en los autobuses, hechos de los que se autoinculpó un miembro del Comité.

La plantilla rechazó el pasado martes una propuesta trasladada por la empresa, buena parte de la cual se ha mantenido y mejorado en la finalmente aprobada este miércoles.

LOS USUARIOS OPINAN EN EL PRIMER DÍA DE NORMALIDAD

Aunque algunos ususarios todavía no sabían que la huelga se había acabado, este jueves por la mañana en las paradas de las villavesas se respiraba tranquilidad.

Dolores Medrano, de Peralta pero afincada en Pamplona, ha señalado que estos días lo ha pasado "un poquito mal, porque con las nietas, una de tres meses y otra de diez años, ha sido difícil subir a Pamplona". Ha hablado, también, de largas esperas: "Un día esperé tres cuartos de hora, pero, por suerte, un chófer me explicó cuánto solían tardaban las villavesas y eso me sirvió para calcular". A pesar de las molestias, ha asegurado que está con los trabajadores: "Yo lo que quiero es que estén bien, que estén contentos y que haya normalidad para todos".

También Violina Delvinska, de Bulgaria, se ha visto afectada por los retrasos en las villavesas de los últimos días. "Me ha fastidiado sobre todo al ir a trabajar y venir al Casco Viejo, pero creo que al final la gente se ha acostumbrado y ha llevado bien la huelga". Respecto a lo que contaba la peraltesa sobre el apoyo de los usuarios a los trabajadores, Delvinska ha añadido que una vez escuchó hablar en la villavesa a un chófer "que dijo que estaba orgulloso de la gente, de que todos les daban ánimos y les apoyaban".

La previsión ha sido la clave para no llegar tarde a los sitios durante los días de huelga. Bien lo sabe Jesús Fernando, de Pamplona, que "salía de casa con mucha antelación o si no me iba andando. Por una parte entiendes la huelga, por otra parte dices 'a ver si se arregla'. Al final son muchos días y se nota".

Maika Ruz, de Pamplona, ha apuntado que ella siempre viaja en la villavesa porque donde trabaja está muy mal para aparcar, pero debido a la huelga ha tenido que ir en coche. "Eso sí, cuando he tenido que usar el transporte público, además de las largas esperas, lo que pasaba es que se acumulaba tanta gente en las paradas que muchas veces no cabíamos todos", ha contado. Sin embargo, esta pamplonesa ha coincidido con muchos usuarios: "De todas formas a mí me parece bien que protesten; cada uno, cuando le toca, tiene que protestar por lo que cree que es justo".

El caso más dramático es el que ha relatado el joven Jon Rafel, de Nigeria. "La huelga ha afectado mucho. Un amigo perdió su trabajo por llegar tarde", ha asegurado.
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